Jueves 13ª Tiempo ordinario Año impar (Id=451)

Primera Lectura

Lectura del libro del Génesis 22, 1-19

En aquellos días, Dios puso a prueba a Abrahán llamándole:

–¡Abrahán!

El respondió:

–Aquí me tienes.

Dios le dijo:

–Toma a tu hijo único, al que quieres, a Isaac, y vete al país de Moria y ofrécemelo allí en sacrificio en uno de los montes que yo te indicaré.

Abrahán madrugó, aparejó el asno y se llevó consigo a dos criados y a su hijo Isaac; cortó leña para el sacrificio y se encaminó al lugar que le había indicado Dios.

El tercer día levantó Abrahán los ojos y descubrió el sitio de lejos. Y Abrahán dijo a sus criados:

–Quedaos aquí con el asno; yo con el muchacho iré hasta allá para adorar y después volveremos con vosotros.

Abrahán tomó la leña para el sacrificio, se la cargó a su hijo Isaac, y él llevaba el fuego y el cuchillo. Los dos caminaban juntos.

Isaac dijo a Abrahán, su padre:

–Padre.

El respondió:

–Aquí estoy, hijo mío.

El muchacho dijo:

–Tenemos fuego y leña, pero, ¿dónde está el cordero para el sacrificio ?

Abrahán contestó:

–Dios proveerá el cordero para el sacrificio, hijo mío.

Y siguieron caminando juntos.

Cuando llegaron al sitio que le había dicho Dios, Abrahán levantó allí el altar y apiló la leña, luego ató a su hijo Isaac y lo puso sobre el altar, encima de la leña. Entonces Abrahán tomó el cuchillo para degollar a su hijo; pero el ángel del Señor le gritó desde el cielo:

–¡Abrahán, Abrahán!

El contestó:

–Aquí me tienes.

El ángel le ordenó:

–No alargues la mano contra tu hijo ni le hagas nada. Ahora sé que temes a Dios, porque no te has reservado a tu hijo, tu único hijo.

Abrahán levantó los ojos y vio un carnero enredado por los cuernos en la maleza. Se acercó, tomó el carnero y lo ofreció en sacrificio en lugar de su hijo.

Abrahán llamó aquel sitio «El Señor ve», por lo que se dice aún hoy «El monte del Señor ve».

El ángel del Señor volvió a gritar a Abrahán desde el cielo:

–«Juro por mí mismo –oráculo del Señor–: por haber hecho esto, por no haberte reservado tu hijo, tu hijo único, te bendeciré, multiplicaré a tus descendientes como las estrellas del cielo y como la arena de la playa. Tus descendientes conquistarán las puertas de las ciudades enemigas. Todos los pueblos del mundo se bendecirán con tu descendencia, porque me has obedecido.»

Abrahán volvió a sus criados, y juntos se pusieron en camino hacia Berseba, y Abrahán se quedó a vivir en Berseba.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial

Del salmo 114

Caminaré en presencia del Señor, en el país de la vida.
Ambulabo coram Domino in regione vivorum.

Amo al Señor porque escucha el clamor de mi plegaria, porque me prestó atención cuando mi voz lo llamaba.
Caminaré en presencia del Señor, en el país de la vida
Ambulabo
coram Domino in regione vivorum.

Redes de angustia y de muerte me alcanzaron y me ahogaban. Entonces rogué al Señor que la vida me salvara.
Caminaré en presencia del Señor, en el país de la vida.
Ambulabo coram Domino in regione vivorum.

El Señor es bueno y justo, nuestro Dios es compasivo. A mí, débil, me salvó y protege a los sencillos.
Caminaré en presencia del Señor, en el país de la vida.
Ambulabo coram Domino in regione vivorum.

Mi alma libró de la muerte, del llanto los ojos míos, y ha evitado que mis pies tropiecen por el camino. Caminaré ante al Señor por la tierra de los vivos.
Caminaré en presencia del Señor, en el país de la vida.
Ambulabo coram Domino in regione vivorum.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Dios ha reconciliado consigo al mundo, por medio de Cristo, y nos ha encomendado a nosotros el mensaje de la reconciliación.
Deus erat in Christo mundum reconcilians sibi, et posuit in nobis verbum reconciliationis.
Aleluya.


Evangelio

† Lectura del santo Evangelio según san Mateo 9, 1-8

Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, subió Jesús a una barca, cruzó a la otra orilla y fue a su ciudad. Le presentaron un paralítico, acostado en una camilla. Viendo la fe que tenían, dijo al paralítico:

–¡Animo, hijo!, tus pecados están perdonados.

Algunos de los letrados se dijeron:

–Este blasfema.

Jesús, sabiendo lo que pensaban, les dijo:

–¿Por qué pensáis mal? ¿Qué es más fácil decir: «tus pecados están perdonados», o decir «levántate y anda»? Pues para que veáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados –dijo dirigiéndose al paralítico–:

–Ponte en pie, coge tu camilla y vete a tu casa.

Se puso en pie, y se fue a su casa.

Al ver esto, la gente quedó sobrecogida y alababa a Dios, que da a los hombres tal potestad.

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.


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