Miércoles 16ª Tiempo ordinario Año par (Id=494)

Primera Lectura

Lectura del libro del profeta Jeremías 1, 1.4-10

Palabras de Jeremías, hijo de Helcías, de los sacerdotes residentes en Anatot, territorio de Benjamín. Recibí esta palabra del Señor:

–Antes de formarte en el vientre, te escogí, antes de que salieras del seno materno, te consagré: te nombré profeta de los gentiles.

Yo repuse:

–¡Ay, Señor mío! Mira que no sé hablar, que soy un muchacho.

El Señor me contestó:

–No digas “soy un muchacho”, que adonde yo te envíe, irás, y lo que yo te mande, lo dirás. No les tengas miedo, que yo estoy contigo para librarte –oráculo del Señor–.

El Señor extendió la mano y me tocó la boca; y me dijo:

–Mira: yo pongo mis palabras en tu boca; hoy te establezco sobre pueblos y reyes para arrancar y arrasar, para destruir y demoler, para edificar y plantar.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial

Sal 70, 1-2.3-4a.5-6ab.15ab y 17

Mi boca contará tu auxilio, Señor.
Os meum annuntiábit salutáre tuum, Dómine

En ti Señor, me refugio; que yo no quede avergonzado para siempre. Líbrame, rescátame tú, que eres salvador; hazme caso y libérame.
Mi boca contará tu auxilio, Señor
.
Os meum annuntiábit salutáre tuum, Dómine

Sé para mí una roca de refugio, una fortaleza donde me salve, pues tú eres mi roca y mi fortaleza. Dios mío, rescátame de las manos del malvado.
Mi boca contará tu auxilio, Señor
.
Os meum annuntiábit salutáre tuum, Dómine

Porque tú eres mi esperanza, Señor, en ti confío, Señor, desde mi juventud. En ti me apoyaba antes de nacer, tú eres mi protector desde las entrañas de mi madre.
Mi boca contará tu auxilio, Señor
.
Os meum annuntiábit salutáre tuum, Dómine

Mi boca proclamará todo el día tu salvación, y tus actos liberadores, que son innumerables. Desde mi juventud, Señor, me has instruido, y yo he proclamado tus maravillas hasta hoy.
Mi boca contará tu auxilio, Señor
.
Os meum annuntiábit salutáre tuum, Dómine

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
La semilla es la palabra de Dios y el sembrador es Cristo; todo aquél que lo encuentra vivirá para siempre.
Semen est verbum Dei, sator autem Crhistus; omnis qui ínvenit eum, manébit in ætérnum
Aleluya.

Evangelio

† Lectura del santo Evangelio según san Mateo 13, 1-9

Gloria a ti, Señor.

Aquel día, salió Jesús de casa y se sentó junto al lago. Acudió tanta gente, que tuvo que subirse a una barca; se sentó y la gente se quedó de pie en la orilla. Les habló mucho rato en parábolas:

–Salió el sembrador a sembrar. Al sembrar, un poco cayó al borde del camino; vinieron los pájaros y se lo comieron. Otro poco cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra; como la tierra no era profunda, brotó enseguida; pero en cuanto salió el sol, se abrasó, y por falta de raíz se secó. Otro poco cayó entre zarzas, que crecieron y lo ahogaron. El resto cayó en tierra buena y dio grano: unos, ciento; otros, sesenta; otros, treinta. El que tenga oídos, que oiga.

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

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