Martes 18ª Tiempo ordinario Año impar (Id=527)

Primera Lectura

Lectura del libro de los Números 12, 1-13

En aquellos días, María y Aarón hablaron contra Moisés a causa de la mujer cusita que había tomado por esposa. Dijeron:

–¿Ha hablado el Señor sólo a Moisés? ¿No nos ha hablado también a nosotros?

El Señor lo oyó. Moisés era el hombre de más aguante del mundo. El Señor habló de repente a Moisés, Aarón y María:

–Salid los tres hacia la tienda del encuentro.

Y los tres salieron. El Señor bajó en la columna de nube y se colocó a la entrada de la tienda, y llamó a Aarón y María. Ellos se adelantaron y el Señor les dijo:

–Escuchad mis palabras: Cuando hay entre vosotros un profeta del Señor, me doy a conocer a él en visión y le hablo en sueños; no así a mi siervo Moisés, el más fiel de todos mis siervos. A él le hablo cara a cara; en presencia y no por enigmas contempla la figura del Señor. ¿Cómo os habéis atrevido a hablar contra mi siervo Moisés?

La ira del Señor se encendió contra ellos, y el Señor se marchó. Al apartarse la nube de la tienda, María tenía toda la piel descolorida, como nieve. Aarón se volvió y la vio con toda la piel descolorida. Entonces Aarón dijo a Moisés:

–Perdón, Señor. No nos exijas cuentas del pecado que hemos cometido insensatamente. No la dejes a María como un aborto que sale del vientre con la mitad de la carne comida.

Moisés suplicó al Señor:

–Por favor, cúrala.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial

Del salmo 50

Misericordia, Señor, hemos pecado.
Miserére, Dómine, quia peccávimus

Por tu inmensa compasión y misericordia, Señor, apiádate de mí y olvida mis ofensas. Lávame bien de todos mis delitos y purifícame de mis pecados.
Misericordia, Señor, hemos pecado.
Miserére, Dómine, quia peccávimus

Puesto que reconozco mis culpas, tengo siempre presentes mis pecados. Contra ti solo pequé, Señor, haciendo lo que a tus ojos era malo.
Misericordia, Señor, hemos pecado.
Miserére, Dómine, quia peccávimus

Es justa tu sentencia y eres justo, Señor, al castigarme. Nací en la iniquidad, y pecador me concibió mi madre.
Misericordia, Señor, hemos pecado.
Miserére, Dómine, quia peccávimus

Crea en mí, Señor, un corazón puro, un espíritu nuevo para cumplir tus mandamientos. No me arrojes, Señor, lejos de ti, ni retires de mí tu santo espíritu.
Misericordia, Señor, hemos pecado.
Miserére, Dómine, quia peccávimus

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Maestro, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el rey de Israel.
Rabbi, tu es Filius Dei, tu es Rex Israel.

Aleluya.

Evangelio [cuando es ciclo A]

† Lectura del santo Evangelio según san Mateo 14, 22-36

Gloria a ti, Señor.

Después que se sació la gente, Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. Y, después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba allí solo. Mientras tanto la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario. De madrugada se les acercó Jesús andando sobre el agua. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, pensando que era un fantasma. Jesús les dijo en seguida:

–¡Animo, soy yo, no tengáis miedo!

Pedro le contestó:

–Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua.

El le dijo:

–Ven.

Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó:

–Señor, sálvame.

En seguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo:

–¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?

En cuanto subieron a la barca, amainó el viento. Los de la barca se postraron ante él diciendo:

–Realmente eres Hijo de Dios.

Terminada la travesía, llegaron a tierra en Genesaret. Y los hombres de aquel lugar, apenas le reconocieron, pregonaron la noticia por toda aquella comarca y trajeron donde él a todos los enfermos. Le pedían tocar siquiera la orla de su manto; y cuantos la tocaron quedaron curados.

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

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† Lectura del santo Evangelio según San Mateo 15, 1-2. 10-14

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos fariseos y letrados de Jerusalén y le preguntaron:

–¿Por qué tus discípulos desprecian la tradición de nuestros mayores y no se lavan las manos antes de comer?

Y, llamando a la gente, les dijo:

–Escuchad y entended: No mancha al hombre lo que entra por la boca, sino lo que sale de la boca, eso es lo que mancha al hombre.

Se acercaron los discípulos y le dijeron:

–¿Sabes que los fariseos se han escandalizado al oírte?

Respondió él:

–La planta que no haya plantado mi Padre del cielo, será arrancada de raíz. Dejadlos, son ciegos, guías de ciegos. Y si un ciego guía a otro ciego, los dos caerán en el hoyo.

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

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