Martes 19ª Tiempo ordinario Año par (Id=543)

Primera Lectura

Lectura del libro del profeta Ezequiel 2, 8-3 ,4

Así dice el Señor:

–Tú, hijo de Adán, oye lo que te digo: ¡No seas rebelde, como la Casa Rebelde! Abre la boca y come lo que te doy.

Vi entonces una mano extendida hacia mí, con un documento enrollado. Lo desenrolló ante mí: estaba escrito en el anverso y en el reverso; tenía escritas elegías, lamentos y ayes.

Y me dijo:

–Hijo de Adán, come lo que tienes ahí, cómete este volumen y vete a hablar a la Casa de Israel.

Abrí la boca y me dio a comer el volumen, diciéndome:

–Hijo de Adán, alimenta tu vientre y sacia tus entrañas con este volumen que te doy.

Lo comí y me supo en la boca dulce como la miel. Y me dijo:

–Hijo de Adán, anda, vete a la Casa de Israel y diles mis palabras.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial

Del salmo 118

¡Qué dulce, Señor, es al paladar tu promesa!.
Quam dúlcia fáucibus meis elóquia tua, Dómine!

Me gozo más cumpliendo tus preceptos que teniendo riquezas. Tus mandamientos, Señor, son mi alegría; ellos son también mis consejeros.
¡Qué dulce, Señor, es al paladar tu promesa!
.
Quam dúlcia fáucibus meis elóquia tua, Dómine!

Para mí valen más tus enseñanzas que miles de monedas de oro y plata. ¡Qué dulce al paladar son tus promesas, más que miel en la boca!
¡Qué dulce, Señor, es al paladar tu promesa!
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Quam dúlcia fáucibus meis elóquia tua, Dómine!

Tus preceptos son mi herencia perpetua, la alegría en mi corazón. Hondamente suspiro, Señor, por guardar tus mandamientos.
¡Qué dulce, Señor, es al paladar tu promesa!
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Quam dúlcia fáucibus meis elóquia tua, Dómine!

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Tomad mi yugo sobre vosotros dice el Señor, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón.
Tóllite iugum meum super vos, dicit Dóminus, et díscite a me, quia mitis sum et húmilis corde.
Aleluya.

Evangelio

† Lectura del santo Evangelio según san Mateo 18, 1-5. 10. 12-14

Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron:

–¿Quién es el más importante en el Reino de los Cielos?

El llamó a un niño, lo puso en medio, y dijo:

–Os digo que, si no volvéis a ser como niños, no entraréis en el Reino de los Cielos. Por lo tanto, el que se haga pequeño como este niño, ése es el más grande en el Reino de los Cielos. El que acoge a un niño como éste en mi nombre, me acoge a mí. Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños, porque os digo que sus ángeles están viendo siempre en el cielo el rostro de mi Padre celestial. ¿Qué os parece? Suponed que un hombre tiene cien ovejas: si una se le pierde, ¿no deja las noventa y nueve y va en busca de la perdida? Y si la encuentra, os aseguro que se alegra más por ella que por las noventa y nueve que no se habían extraviado. Lo mismo vuestro Padre del cielo: no quiere que se pierda ni uno de estos pequeños.

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

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