Miércoles 22ª Tiempo ordinario Año par (Id=591)

Primera Lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 3, 1-9

Hermanos: No pude hablaros como a hombres de espíritu, sino como a gente débil, como a cristianos todavía en la infancia. Por eso os alimenté con leche, no con comida, porque no estabais para más. Por supuesto, tampoco ahora, que seguís los bajos instintos. Mientras haya entre vosotros envidias y contiendas, es que os guían los bajos instintos y que procedéis como gente cualquiera. Cuando uno dice «yo estoy por Pablo» y otro, «yo por Apolo», ¿no sois como cualquiera? En fin de cuentas, ¿qué es Apolo y qué es Pablo? Agentes de Dios que os llevaron a la fe, cada uno como le encargó el Señor. Yo planté, Apolo regó, pero fue Dios quien hizo crecer; por tanto, el que planta no significa nada ni el que riega tampoco; cuenta el que hace crecer, o sea, Dios. El que planta y el que riega son una misma cosa; si bien cada uno recibirá el salario según lo que haya trabajado. Nosotros somos colaboradores de Dios y vosotros, campo de Dios. Sois también edificio de Dios.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial

Sal 32, 12-13.14-15.20.21

Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad.
Beátus pópulus, quem elégit Deus in hereditátem sibi

Feliz la nación cuyo Dios es el Señor, dichoso el pueblo que escogió por suyo. Desde el cielo el Señor, atentamente, mira a todos los seres humanos.
Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad
.
Beátus pópulus, quem elégit Deus in hereditátem sibi

Desde el lugar de su morada observa a todos los que habitan en el orbe; él formó el corazón de cada uno y entiende sus acciones.
Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad
.
Beátus pópulus, quem elégit Deus in hereditátem sibi

En el Señor está nuestra esperanza, pues él es nuestra ayuda y nuestro amparo; en el Señor se alegra el corazón y en él hemos confiado.
Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad
.
Beátus pópulus, quem elégit Deus in hereditátem sibi

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
El Señor me ha enviado para anunciar a los pobres la buena noticia y proclamar la liberación a los cautivos.
Evangelizáre paupéribus misit me Dóminus, predicare captivis remissiónem
Aleluya.

Evangelio

† Lectura del santo Evangelio según san Lucas 4, 38-44

Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, entró en casa de Simón. La suegra de Simón estaba con fiebre muy alta y le pidieron que hiciera algo por ella. El, de pie a su lado, increpó a la fiebre, y se le pasó; ella, levantándose enseguida, se puso a servirles. Al ponerse el sol, los que tenían enfermos con el mal que fuera, se los llevaban; y él, poniendo las manos sobre cada uno, los iba curando. De muchos de ellos salían también demonios, que gritaban:

–Tú eres el Hijo de Dios.

Los increpaba y no les dejaba hablar, porque sabían que él era el Mesías. Al hacerse de día, salió a un lugar solitario. La gente lo andaba buscando; dieron con él e intentaban retenerlo para que no se les fuese. Pero él les dijo:

–También a los otros pueblos tengo que anunciarles el reino de Dios, para eso me han enviado.

Y predicaba en las sinagogas de Judea.

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

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