Miércoles 22ª Tiempo ordinario Año impar (Id=592)

Primera Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 1, 1-8

Pablo, apóstol de Cristo Jesús por designio de Dios, y el hermano Timoteo al pueblo santo que vive en Colosas, de hermanos fieles a Cristo. Os deseamos la gracia y la paz de Dios nuestro Padre. En nuestras oraciones damos siempre gracias por vosotros a Dios Padre de nuestro Señor Jesucristo, desde que nos enteramos de vuestra fe en Cristo Jesús y del amor que tenéis a todo el pueblo santo. Os anima a esto la esperanza de lo que Dios os tiene reservado en los cielos, que ya conocisteis cuando llegó hasta vosotros por primera vez la Buena Noticia, el mensaje de la verdad. Esta se sigue propagando y dando fruto en el mundo entero, como ha ocurrido entre vosotros desde el día en que lo escuchasteis y comprendisteis de verdad lo generoso que es Dios. Fue Epafra quien os lo enseñó, nuestro querido compañero de servicio, auxiliar fiel que Cristo nos ha dado. El ahora nos ha hecho ver el profundo amor que sentís por nosotros.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial

Del salmo 51

Confío en tu misericordia, Señor, por siempre jamás.
Sperávit in misericordia tua, Dómine, in ætérnum.

Pero yo, como verde olivo, en la casa de Dios, confío en la misericordia de Dios, por siempre jamás
Confío en tu misericordia, Señor, por siempre jamás
.
Sperávit in misericordia tua, Dómine, in ætérnum.

Siempre te daré gracias, Señor, por lo que has hecho conmigo. Delante de tus fieles proclamaré todo lo bueno que eres.
Confío en tu misericordia, Señor, por siempre jamás
.
Sperávit in misericordia tua, Dómine, in ætérnum.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
El Señor me ha enviado para anunciar a los pobres la buena noticia y proclamar la liberación a los cautivos.
Evangelizáre paupéribus misit me Dóminus, predicare captivis remissiónem
Aleluya.

Evangelio

† Lectura del santo Evangelio según san Lucas 4, 38-44

Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, entró en casa de Simón. La suegra de Simón estaba con fiebre muy alta y le pidieron que hiciera algo por ella. El, de pie a su lado, increpó a la fiebre, y se le pasó; ella, levantándose enseguida, se puso a servirles. Al ponerse el sol, los que tenían enfermos con el mal que fuera, se los llevaban; y él, poniendo las manos sobre cada uno, los iba curando. De muchos de ellos salían también demonios, que gritaban:

–Tú eres el Hijo de Dios.

Los increpaba y no les dejaba hablar, porque sabían que él era el Mesías. Al hacerse de día, salió a un lugar solitario. La gente lo andaba buscando; dieron con él e intentaban retenerlo para que no se les fuese. Pero él les dijo:

–También a los otros pueblos tengo que anunciarles el reino de Dios, para eso me han enviado.

Y predicaba en las sinagogas de Judea.

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

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