Sábado 23ª Tiempo ordinario Año impar (Id=614)

Primera Lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a Timoteo 1, 15-17

Querido hermano: Podéis fiaros y aceptar sin reserva lo que os digo: Que Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, y yo soy el primero. Y por eso se compadeció de mí: para que en mí, el primero, mostrara Cristo toda su paciencia, y pudiera ser modelo de todos los que creerán en él y tendrán vida eterna. Al rey de los siglos, inmortal, invisible, único Dios, honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial

Del salmo 112

Bendito sea el Señor ahora y para siempre.
Sit nomen Dómini benedíctum in sæcula.

Bendito sea el Señor, alábenlo sus siervos. Bendito sea el Señor desde ahora y para siempre.
Bendito sea el Señor ahora y para siempre.
Sit nomen Dómini benedíctum in sæcula.

Desde que sale el sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor. Dios está sobre todas las naciones, su gloria por encima de los cielos.
Bendito sea el Señor ahora y para siempre.
Sit nomen Dómini benedíctum in sæcula.

¿Quién hay como el Señor? ¿Quién iguala al Dios nuestro que tiene en las alturas su morada, y sin embargo de esto bajar se digna su mirada para ver tierra y cielo?
Bendito sea el Señor ahora y para siempre.
Sit nomen Dómini benedíctum in sæcula.

El levanta del polvo al desvalido y saca al indigente del estiércol, para hacerlo sentar entre los grandes jefes de su pueblo.
Bendito sea el Señor ahora y para siempre.
Sit nomen Dómini benedíctum in sæcula.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
El que me ama cumplirá mi palabra y mi Padre lo amará y haremos en él nuestra morada, dice el Señor.
Si quis díligit me, sermónem meum servábit, et Pater meus díliget eum; et ad eum veniémus, et mansiónem apud eum faciémus.
Aleluya.

Evangelio

† Lectura del santo Evangelio según san Lucas 6, 43-49

Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, decía Jesús a sus discípulos: «No hay árbol sano que dé fruto dañado, ni árbol dañado que dé fruto sano. Cada árbol se conoce por su fruto: porque no se cosechan higos de las zarzas, ni se vendimian racimos de los espinos. El que es bueno, de la bondad que atesora en su corazón saca el bien, y el que es malo, de la maldad saca el mal porque lo que rebosa del corazón, lo habla la boca. ¿Por qué me llamáis “Señor, Señor”, y no hacéis lo que digo? El que se acerca a mí, escucha mis palabras y las pone por obra, os voy a decir a quién se parece: se parece a uno que edificaba una casa: cavó, ahondó y puso los cimientos sobre roca; vino una crecida, arremetió el río contra aquella casa, y no pudo tambalearla, porque estaba sólidamente construida. El que escucha y no pone por obra se parece a uno que edificó una casa sobre tierra, sin cimiento; arremetió contra ella el río, y enseguida se derrumbó desplomándose».

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

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