Jueves 24ª Tiempo ordinario Año impar (Id=626)

Primera Lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a Timoteo 4, 12-16

Querido hermano: Nadie te desprecie por ser joven; sé tú un modelo para los fieles, en el hablar y en la conducta, en el amor., la fe y la honradez. Mientras llego preocúpate de la lectura pública, de animar y enseñar. No descuides el don que posees, que se te concedió por indicación de una profecía con la imposición de manos de los presbíteros. Preocúpate de esas cosas y dedícate a ellas, para que todos vean cómo adelantas. Cuídate tú y cuida la enseñanza; sé constante; si lo haces, te salvarás a ti y a los que te escuchan. Cuida de tu conducta y de tu enseñanza y sé perseverante, pues obrando así te salvarás a ti mismo y a los que te escuchen.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial

Del salmo 110

Grandes son las obras del Señor.
Magna sunt ópera Dómini.

Justas y verdaderas son las obras del Señor; son dignos de confianza sus mandatos, pues nunca pierden su valor y exigen ser fielmente ejecutados.
Grandes son las obras del Señor
.
Magna sunt ópera Dómini.

El redimió a su pueblo y estableció su alianza para siempre. Dios es santo y terrible.
Grandes son las obras del Señor
.
Magna sunt ópera Dómini.

El temor del Señor es el principio de la sabiduría, y los que viven de acuerdo con él son sensatos. La gloria del Señor perdura eternamente.
Grandes son las obras del Señor
.
Magna sunt ópera Dómini.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Venid a mí todos los que estáis fatigados y agobiados por la carga, y Yo os aliviaré, dice el Señor.
Veníte ad me, omnes qui laborátis et oneráti estis, et ego refíciam vos, dicit Dóminus.
Aleluya.

Evangelio

† Lectura del santo Evangelio según san Lucas 7, 36-50

Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, un fariseo rogaba a Jesús que fuera a comer con él. Jesús, entrando en casa del fariseo, se recostó a la mesa. Y una mujer de la ciudad, una pecadora, al enterarse de que estaba comiendo en casa del fariseo, vino con un frasco de perfume, y, colocándose detrás junto a sus pies, llorando, se puso a regarle los pies con sus lágrimas, se los enjugaba con sus cabellos, los cubría de besos y se los ungía con el perfume. Al ver esto, el fariseo que lo había invitado, se dijo:

–Si éste fuera profeta, sabría quién es esta mujer que lo está tocando y lo que es: una pecadora.

Jesús tomó la palabra y le dijo:

–Simón, tengo algo que decirte.

El respondió:

–Dímelo, maestro.

Jesús le dijo:

–Un prestamista tenía dos deudores: uno le debía quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían con qué pagar, los perdonó a los dos. ¿Cuál de los dos lo amará más?

Simón contestó:

–Supongo que aquel a quien le perdonó más.

Jesús le dijo:

–Has juzgado rectamente.

Y, volviéndose a la mujer, dijo a Simón:

–¿Ves a esta mujer? Cuando yo entré en tu casa, no me pusiste agua para los pies; ella en cambio me ha lavado los pies con sus lágrimas y me los ha enjugado con su pelo. Tú no me besaste; ella en cambio, desde que entró, no ha dejado de besarme los pies. Tú no me ungiste la cabeza con ungüento; ella en cambio me ha ungido los pies con perfume. Por eso te digo, sus muchos pecados están perdonados, porque tiene mucho amor: pero al que poco se le perdona, poco ama.

Y a ella le dijo:

–Tus pecados están perdonados.

Los demás convidados empezaron a decir entre sí:

–¿Quién es éste, que hasta perdona pecados?

Pero Jesús dijo a la mujer:

–Tu fe te ha salvado, vete en paz.

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

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