Lectura del libro del profeta Ageo 2, 1b-10
El año segundo del reinado de Darío, el día veintiuno del séptimo mes vino la palabra del Señor por medio del profeta Ageo: –Di a Zorobabel Ben–Salatiel, gobernador de Judea, y a Josué Ben–Josadak, Sumo Sacerdote, y al resto del pueblo: ¿Quién entre vosotros vive todavía, de los que vieron este templo en su esplendor primitivo? ¿Y qué veis vosotros ahora? ¿No es como si no existiese ante vuestros ojos? ¡Animo! Zorobabel –oráculo del Señor–; ¡Animo! Josué Ben–Josadak, Sumo Sacerdote; ¡Animo! pueblo entero –oráculo del Señor–, a la obra: que yo estoy con vosotros, –oráculo del Señor de los Ejércitos–. La palabra pactada con vosotros, cuando salíais de Egipto, y mi espíritu habitan con vosotros: no temáis. Así dice el Señor de los Ejércitos: –Todavía un poco más y agitaré cielo y tierra, mar y continentes. Pondré en movimiento los pueblos; vendrán las riquezas de todo el mundo, y llenaré de gloria este Templo –dice el Señor de los Ejércitos–. Mía es la plata y mío es el oro, –dice el Señor de los Ejércitos– La gloria de este segundo Templo será mayor que la del primero –dice el Señor de los Ejércitos– y en este sitio daré la paz –oráculo del Señor de los Ejércitos–.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Del salmo 42
Espera en Dios, que volverás a alabarlo: «Salud de mi rostro, Dios mío».
Spera in Deo; confitébor illi, salutáre vultus mei et Deus meus.
Defiéndeme, Señor, hazme justicia contra un pueblo malvado; del hombre tramposo y traicionero ponme a salvo.
Espera en Dios, que volverás a alabarlo: «Salud de mi rostro, Dios mío».
Spera in Deo; confitébor illi, salutáre vultus mei et Deus meus.
Si tú eres de verdad mi Dios y refugio, ¿por qué me has rechazado? ¿Por qué tengo que andar tan afligido, viendo cómo me oprime el adversario?
Espera en Dios, que volverás a alabarlo: «Salud de mi rostro, Dios mío».
Spera in Deo; confitébor illi, salutáre vultus mei et Deus meus.
Envíame, Señor, tu luz y tu verdad; que ellas se conviertan en mi guía y hasta tu montaña santa me conduzcan, allí donde tú habitas.
Espera en Dios, que volverás a alabarlo: «Salud de mi rostro, Dios mío».
Spera in Deo; confitébor illi, salutáre vultus mei et Deus meus.
Al altar del Señor me acercaré, al Dios que es mi alegría, y al Señor, mi Dios, le daré gracias al compás de la cítara.
Espera en Dios, que volverás a alabarlo: «Salud de mi rostro, Dios mío».
Spera in Deo; confitébor illi, salutáre vultus mei et Deus meus.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Jesucristo vino a servir y a dar su vida por la salvación de todos.
Fílius hóminis venit ut ministráret, et daret ánimam suam redemptiónem pro multis.
Aleluya.
† Lectura del santo Evangelio según san Lucas 9, 18-22
Gloria a ti, Señor.
Una vez que Jesús estaba orando solo, en presencia de sus discípulos, les preguntó:
–¿Quién dice la gente que soy yo?
Ellos contestaron:
–Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros dicen que ha vuelto a la vida uno de los antiguos profetas.
El les preguntó:
–Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?
Pedro tomó la palabra y dijo:
–El Mesías de Dios.
El les prohibió terminantemente decírselo a nadie. Y añadió:
–El Hijo del Hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y letrados, ser ejecutado y resucitar al tercer día.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.