Viernes 27ª Tiempo ordinario Año par (Id=673)

Primera Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas 3, 7-14

Hermanos: Entended de una vez que hijos de Abrahán son los hombres de fe. Además, la Escritura, previendo que Dios aceptaría a los gentiles por la fe, le adelantó a Abrahán la buena noticia: «Por ti serán benditas todas las naciones.» Así que son los hombres de fe los que reciben la bendición con Abrahán el fiel. En cambio, los que se apoyan en la observancia de la ley tienen encima una maldición, porque dice la Escritura: «Maldito el que no cumple todo lo escrito en el libro de la ley». Que en base a la ley nadie consigue salvarse es evidente, porque lo que está dicho es que «el que se justifica con la fe no es reo de muerte», y la ley no arranca de la fe, sino que «el que la cumple no será reo de muerte, gracias a sus obras». Cristo nos rescató de la maldición de la ley, haciéndose por nosotros un maldito, porque dice la Escritura: «Maldito todo el que cuelga de un árbol». Esto sucedió para que por medio de Jesucristo la bendición de Abrahán alcanzase a los gentiles, y por la fe recibiéramos el Espíritu prometido.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial

Sal 110, 1-2.3-4.5-6

El Señor recuerda siempre su alianza.
Memor erit Dóminus in sæculum testaménti sui

Doy gracias al Señor de todo corazón, en la reunión de los buenos y en la asamblea. Grandes son las obras del Señor, dignas de estudio para los que la aman.
El Señor recuerda siempre su alianza.
Memor erit Dóminus in sæculum testaménti sui

Su acción es espléndida y majestuosa, su salvación permanece para siempre; ha hecho maravillas memorables, el Señor es compasivo y misericordioso.
El Señor recuerda siempre su alianza.
Memor erit Dóminus in sæculum testaménti sui

Da alimento a los que lo respetan, acordándose siempre de su alianza. Mostró a su pueblo el poder de sus obras, dándole la heredad de los paganos.
El Señor recuerda siempre su alianza.
Memor erit Dóminus in sæculum testaménti sui

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Ahora es el juicio de este mundo, ahora el príncipe de este mundo va a ser arrojado fuera. Y yo, cuando sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí.
Nunc princeps huius mundi eiciétur foras, dicit Dóminus; et ego, si exaltátus fúero a terra, ómnia traham ad meípsum.
Aleluya.

Evangelio

† Lectura del santo Evangelio según san Lucas 11, 15-26

Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, habiendo echado Jesús un demonio, algunos de entre la multitud dijeron:

–Si echa los demonios, es por arte de Belzebú, el príncipe de los demonios.

Otros, para ponerlo a prueba, le pedían un signo en el cielo. Él, leyendo sus pensamientos, les dijo:

–Todo reino en guerra civil va a la ruina y se derrumba casa tras casa. Si también Satanás está en guerra civil, ¿cómo mantendrá su reino? Vosotros decís que yo echo los demonios con el poder de Belzebú; y si yo echo los demonios con el poder de Belzebú, vuestros hijos, ¿por arte de quién los echan? Por eso, ellos mismos serán vuestros jueces. Pero si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el Reino de Dios ha llegado a vosotros. Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros. Pero si otro más fuerte lo asalta y lo vence, le quita las armas de que se fiaba y reparte el botín. El que no está conmigo, está contra mí; el que no recoge conmigo, desparrama. Cuando un espíritu inmundo sale de un hombre, da vueltas por el desierto, buscando un sitio para descansar; pero como no lo encuentra, dice: “Volveré a la casa de donde salí”. Al volver se la encuentra barrida y arreglada. Entonces va a coger otros siete espíritus peores que él, y se mete a vivir allí. Y el final de aquel hombre resulta peor que el principio.

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

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