Martes 1ª Tiempo ordinario año par (Id=69)
El Señor se acordó de Ana y de su oración
Lectura del primer libro de Samuel 1, 9-20
En aquellos días, después de la comida en Siló, mientras el sacerdote Elí estaba sentado en su silla junto a la puerta del templo del Señor, Ana se levantó y, desconsolada, rezó al Señor deshaciéndose en lágrimas e hizo este voto: «Señor de los Ejércitos, si te dignas mirar la aflicción de tu esclava, si te acuerdas de mí y no me olvidas, si concedes a tu esclava un hijo varón, se lo ofreceré al Señor para toda la vida y la navaja no pasará por su cabeza».
Mientras repetía su oración al Señor, Elí la observaba. Ana hablaba para sus adentros: movía los labios, sin que se oyera su voz. Elí, creyendo que estaba borracha, le dijo: «¿Hasta cuándo vas a seguir borracha? Devuelve el vino que has bebido».
Ana respondió: «No es eso, señor; no he bebido vino ni licores; lo que pasa es que estoy afligida y me desahogo con el Señor. No me tengas por una mujer perdida, que hasta ahora he hablado movida por mi gran desazón y pesadumbre».
Entonces dijo Elí: «Vete en paz. Que el Señor de Israel te conceda lo que le has pedido».
Y ella respondió: «Que tu sierva halle gracia ante ti».
La mujer se marchó, comió, y se transformó su semblante. A la mañana siguiente madrugaron, adoraron al Señor y se volvieron. Llegados a su casa de Ramá, Elcaná se unió a su mujer Ana, y el Señor se acordó de ella. Ana concibió, dio a luz un hijo y le puso de nombre Samuel, diciendo: «¡Al Señor se lo pedí!»
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
1 Samuel 2
Mi corazón se regocija por el Señor, mi salvador.
Exsultávit cor meum in Dómino salvatóre meo.
Mi corazón se alegra en el Señor, en Dios me siento yo fuerte y seguro. Ya puedo responder a mis contrarios, pues eres tú, Señor, el que me ayuda.
Mi corazón se regocija por el Señor, mi salvador.
Exsultávit cor meum in Dómino salvatóre meo.
El arco de los fuertes se ha quebrado, los débiles se ven de fuerza llenos. Se ponen a servir por un mendrugo los antes satisfechos; y sin tener que trabajar, pueden saciar su hambre los hambrientos. Siete veces da a luz la que era estéril y la fecunda ya dejó de serlo.
Mi corazón se regocija por el Señor, mi salvador.
Exsultávit cor meum in Dómino salvatóre meo.
Da el Señor muerte y vida, deja morir y salva de la tumba; él es quien empobrece y enriquece, quien abate y encumbra.
Mi corazón se regocija por el Señor, mi salvador.
Exsultávit cor meum in Dómino salvatóre meo.
El levanta del polvo al humillado, al oprimido saca de su oprobio, para hacerlo sentar entre los príncipes en un trono glorioso.
Mi corazón se regocija por el Señor, mi salvador.
Exsultávit cor meum in Dómino salvatóre meo.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Recibid la palabra de Dios, no como palabra humana, sino como palabra divina, tal como es en realidad.
Accípite verbum Dei, non verbum hóminum, sed, sicut est vere, verbum Dei.
Aleluya.
No enseñaba como los escribas, sino como quien tiene autoridad
† Lectura del santo Evangelio según san Marcos 1, 21-28
Gloria a ti, Señor.
Llegó Jesús a Cafarnaún, y cuando el sábado siguiente fue a la sinagoga a enseñar, se quedaron asombrados de su enseñanza, porque no enseñaba como los letrados, sino con autoridad. Estaba precisamente en la sinagoga un hombre que tenía un espíritu inmundo, y se puso a gritar: «¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: El Santo de Dios». Jesús lo increpó: «Cállate y sal de él». El espíritu inmundo lo retorció y, dando un grito muy fuerte, salió. Todos se preguntaron estupefactos: «¿Qué es esto? Este enseñar con autoridad es nuevo. Hasta a los espíritus inmundos les manda y le obedecen». Su fama se extendió en seguida por todas partes, alcanzando la comarca entera de Galilea.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.