Sábado 28ª Tiempo ordinario Año impar (Id=691)

Primera Lectura

Lectura de la carta del apóstol según Pablo a los Romanos 4, 13.16-18

Hermanos: No fue la observancia de la ley, sino la fe, la que obtuvo para Abrahán y su descendencia la promesa de heredar el mundo. Por eso, como todo depende de la fe, todo es gracia: así la promesa está asegurada para toda la descendencia, no solamente para la descendencia legal, sino también para la que nace de la fe de Abrahán, que es padre de todos nosotros. Así lo dice la Escritura: «Te hago padre de muchos pueblos». Al encontrarse con el Dios, que da vida a los muertos y llama a la existencia lo que no existe, Abrahán creyó. Apoyado en la esperanza creyó, contra toda esperanza, que llegaría a ser padre de muchas naciones, según lo que se le había dicho: «Así será tu descendencia».

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial

Del salmo 104

El Señor se acuerda de su alianza eternamente.
Memor fuit Dóminus in sæculum testaménti sui.

Descendientes de Abrahán, su servidor, estirpe de Jacob, su predilecto, escuchad: el Señor es nuestro Dios y gobiernan la tierra sus decretos.
El Señor se acuerda de su alianza eternamente.
Memor fuit Dóminus in sæculum testaménti sui.

Ni aunque transcurran mil generaciones, se olvidará el Señor de sus promesas, de la alianza pactada con Abrahán, del juramento a Isaac, que un día le hiciera.
El Señor se acuerda de su alianza eternamente.
Memor fuit Dóminus in sæculum testaménti sui.

Se acordó de la palabra sagrada que había dado a su siervo, Abrahán, y sacó a su pueblo con alegría, a sus escogidos con gritos de triunfo.
El Señor se acuerda de su alianza eternamente.
Memor fuit Dóminus in sæculum testaménti sui.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.

El Espíritu de verdad dará testimonio de mí, dice el Señor, y también vosotros seréis mis testigos.
Spíritus veritátis testimónium perhibébit de me, dicit Dóminus; et vos testimónium perhibébitis.
Aleluya.

Evangelio

† Lectura del santo Evangelio según san Lucas 12, 8-12

Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Si uno se pone de mi parte ante los hombres, también el Hijo del Hombre se pondrá de su parte ante los ángeles de Dios. Y si uno me reniega ante los hombres, lo renegarán a él ante los ángeles de Dios. Al que hable contra el Hijo del Hombre se le podrá perdonar, pero al que blasfeme contra el Espíritu Santo, no se le perdonará. Cuando os conduzcan a la sinagoga, ante los magistrados y las autoridades, no os preocupéis de lo que vais a decir, o de cómo os vais a defender. Porque el Espíritu Santo os enseñará en aquel momento lo que tenéis que decir».

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

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