Martes 29ª Tiempo ordinario Año impar (Id=699)

Primera Lectura

Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Romanos5, 12. 15b. 17-19. 20b-21

Hermanos: Lo mismo que por un solo hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, y la muerte se propagó a todos los hombres, porque todos pecaron... Si por la culpa de uno murieron todos, mucho más, gracias a un solo hombre, Jesucristo, la benevolencia y el don de Dios desbordaron sobre todos. Por el pecado de un solo hombre comenzó el reinado de la muerte. ¡Cuánto más ahora, por un solo hombre, Jesucristo, vivirán y reinarán todos los que han recibido un derroche de gracia y el don de la salvación! Por tanto, si el pecado de uno trajo la condena a todos, también la justicia de uno traerá la salvación y la vida. Si por la desobediencia de uno todos se convirtieron en pecadores, así por la obediencia de uno todos se convertirán en justos. Si creció el pecado, más desbordante fue la gracia. Y así como reinó el pecado causando la muerte, así también, por Jesucristo nuestro Señor, reinará la gracia causando la salvación y la vida eterna.

Palabra del Señor.
Te alabamos, Señor.

Salmo responsorial Sal 39, 7-8a.8b-9. 10. 17

Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
Ecce Venio, Dómine, ut faciam voluntatem tuam

Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, y, en cambio, me abriste el oído, no pides sacrificio expiatorio, entonces yo digo: «Aquí estoy».
R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
Ecce Venio, Dómine, ut faciam voluntatem tuam

Como está escrito en mi libro «para hacer tu voluntad». Dios mío, lo quiero, y lo llevo en mis entrañas.
R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
Ecce Venio, Dómine, ut faciam voluntatem tuam

He proclamado tu salvación ante la gran asamblea; no he cerrado los labios: Señor, tú lo sabes. R. Alégrense y gocen contigo, todos los que te buscan; digan siempre: «Grande es el Señor», los que desean tu salvación.
R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
Ecce Venio, Dómine, ut faciam voluntatem tuam

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Velad y orad, para que podáis presentaros sin temor ante el Hijo del hombre.
Vigiláte, omni témpore orántes, ut digni habeámini stare ante Fílium hóminis.
Aleluya.

Evangelio

† Lectura del santo Evangelio según san Lucas 12, 35-38

Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas: Vosotros estad como los que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle, apenas venga y llame. Dichosos los criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela: os aseguro que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo. Y si llega entrada la noche o de madrugada, y los encuentra así, dichosos ellos».

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

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