Ven, Señor, no tardes, ilumina los secretos de las tinieblas y manifiéstate a todas las naciones.
Véniet Dóminus et non tardábit, et illuminábit abscóndita tenebrárum, et manifestábit se ad omnes gentes.
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Oremos:
Que tu gracia, Señor, prepare nuestros corazones para que, cuando venga Jesucristo, tu Hijo, nos encuentre dignos de sentarnos a su mesa y de recibir de sus propias manos el pan del cielo.
Por nuestro Señor Jesucristo.
Amén.
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Invita el Señor a su banquete y enjuga las lágrimas de todos los rostros
Lectura del libro del profeta Isaías 25, 6-9
Aquel día, el Señor de los ejércitos preparará para todos los pueblos, en este monte, un festín de manjares suculentos, un festín de vinos de solera; manjares enjundiosos, vinos generosos. Y arrancará en este monte el velo que cubre a todos los pueblos, el paño que tapa a todas las naciones. Aniquilará la muerte para siempre. El Señor Dios enjugará las lágrimas de todos los rostros, y el oprobio de su pueblo lo alejará de todo el país. –Lo ha dicho el Señor–. Aquel día se dirá: «Aquí está nuestro Dios, de quien esperábamos que nos salvara; celebremos y gocemos con su salvación. La mano del Señor se posará sobre este monte».
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Sal 22, 1-3a.3b-4.5.6
Habitaré en la casa del Señor por años sin término.
Inhabitábo in domo Dómini in longitúdinem diérum.
El Señor es mi pastor, nada me falta. En prados de hierba fresca me hace descansar; me conduce junto a aguas tranquilas y renueva mis fuerzas.
Habitaré en la casa del Señor por años sin término.
Inhabitábo in domo Dómini in longitúdinem diérum.
Me guía por la senda del bien, haciendo honor a su nombre. Aunque pase por un valle tenebroso, ningún mal temeré, porque tú estas conmigo; tu vara y tu bastón me dan seguridad.
Habitaré en la casa del Señor por años sin término.
Inhabitábo in domo Dómini in longitúdinem diérum.
Me preparas un banquete para envidia de mis adversarios, perfumas con ungüento mi cabeza y mi copa está llena.
Habitaré en la casa del Señor por años sin término.
Inhabitábo in domo Dómini in longitúdinem diérum.
Tu amor y tu bondad me acompañan todos los días de mi vida; y habitaré por siempre en la casa del Señor.
Habitaré en la casa del Señor por años sin término.
Inhabitábo in domo Dómini in longitúdinem diérum.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Mirad que llega el Señor para salvar a su pueblo; dichosos los que están preparados para salir a su encuentro.
Ecce véniet Dóminus, ut salvet pópulum suum; beáti qui paráti sunt occúrrere illi.
Aleluya.
Jesús sana a muchos enfermos y multiplica los panes
† Lectura del santo Evangelio según san Mateo 15, 29-37
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, Jesús, bordeando el lago de Galilea, subió al monte y se sentó en él. Acudió a él mucha gente llevando tullidos, ciegos, lisiados, sordomudos y muchos otros; los echaban a sus pies, y él los curaba. La gente se admiraba al ver hablar a los mudos, sanos a los lisiados, andar a los tullidos y con vista a los ciegos, y dieron gloria al Dios de Israel.
Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: «Me da lástima de la gente, porque llevan ya tres días conmigo y no tienen qué comer. Y no quiero despedirlos en ayunas, no sea que se desmayen en el camino».
Los discípulos le preguntaron: «¿De dónde vamos a sacar en un despoblado panes suficientes para saciar a tanta gente?».
Jesús les preguntó: «¿Cuántos panes tenéis?».
Ellos contestaron: «Siete y unos pocos peces».
Él mandó que la gente se sentara en el suelo. Tomó los siete panes y los peces, dijo la acción de gracias, los partió y los fue dando a los discípulos, y los discípulos a la gente. Comieron todos hasta saciarse y recogieron las sobras: siete cestas llenas.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
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Te pedimos, Señor, que este sacrificio, signo de nuestra total entrega a ti, te sea ofrecido siempre, para que realice la intención que tuviste al instituir este sacramento y lleve a cabo plenamente en nosotros tu salvación.
Por Jesucristo nuestro Señor.
Amén.
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Las dos venidas de Cristo
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.
Quien al venir por vez primera en la humildad de nuestra carne, realizó el plan de redención trazado desde antiguo y nos abrió el camino de la salvación; para que cuando venga de nuevo en la majestad de su gloria, revelando así la plenitud de su obra, podamos recibir los bienes prometidos que ahora, en vigilante espera, confiamos alcanzar.
Por eso, con los ángeles y arcángeles y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria:
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He aquí que el Señor vendrá con gran poder e iluminará los ojos de sus siervos.
Ecce Dóminus noster cum virtúte véniet, et illuminábit óculos servórum suórum.
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Oremos:
Imploramos, Señor, tu misericordia, para que esta comunión que hemos recibido nos prepare a las fiestas que se acercan, purificándonos de todo pecado.
Por Jesucristo nuestro Señor.
Amén