Martes 30ª Tiempo ordinario Año par (Id=714)

Primera Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 5, 21-33

Hermanos: Sed sumisos unos á otros con respeto cristiano. Las mujeres, que se sometan a sus maridos como al Señor, porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la Iglesia; él, que es el salvador del cuerpo. Pues como la Iglesia se somete a Cristo, así también las mujeres a sus maridos en todo. Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a su Iglesia: El se entregó a sí mismo por ella, para consagrarla, purificándola con el baño del agua y la palabra, y para colocarla ante sí gloriosa, la Iglesia, sin mancha ni arruga ni nada semejante, sino santa e inmaculada. Así deben también los maridos amar a sus mujeres, como cuerpos suyos que son. Amar a su mujer es amarse a sí mismo. Pues nadie jamás ha odiado su propia carne, sino que le da alimento y calor, como Cristo hace con la Iglesia, porque somos miembros de su cuerpo. «Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne.» Es éste un gran misterio: y yo lo refiero a Cristo y a la Iglesia. En una palabra, que cada uno de vosotros ame a su mujer como a sí mismo, y que la mujer respete al marido.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial

Sal 127, 1-2.3

Dichosos los que temen al Señor.
Beáti omnes qui timent Dóminum

Dichoso el que respeta al Señor y sigue sus caminos. Comerás del trabajo de tus manos, serás afortunado y feliz.
Dichosos los que temen al Señor.
Beáti omnes qui timent Dóminum

Tu mujer será como una vid fecunda dentro de tu casa; tus hijos, como brotes de olivo en torno a tu mesa.
Dichosos los que temen al Señor.
Beáti omnes qui timent Dóminum


Como flechas en la mano del héroe, así los hijos de
la juventud. Dichoso el hombre que ha llenado de ellas su aljaba; no quedarán confusos cuando tengan pleito con sus enemigos en la puerta.
Dichosos los que temen al Señor.
Beáti omnes qui timent Dóminum

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has revelado los misterios del Reino a la gente sencilla.
Benedíctus es, Pater, Dómine caeli et terræ, quia mystéria regni párvulis revelásti.
Aleluya.

Evangelio

† Lectura del santo Evangelio según san Lucas 13, 18-21

Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, Jesús decía:

–¿A qué se parece el reino de Dios? ¿A qué lo compararé? Se parece a un grano de mostaza que un hombre toma y siembra en su huerto; crece, se hace un arbusto y los pájaros anidan en sus ramas.

Y añadió:

–¿A qué compararé el Reino de Dios? Se parece a la levadura que una mujer toma y mete en tres medidas de harina, hasta que todo fermenta.

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

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