Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 1, 29-36
Hermanos: Los dones y la llamada de Dios son irrevocables. Vosotros, en otro tiempo, desobedecisteis a Dios; pero ahora, al desobedecer ellos, habéis obtenido misericordia. Así también ellos que ahora no obedecen, con ocasión de la misericordia obtenida por vosotros, alcanzarán misericordia. Pues Dios nos encerró a todos en desobediencia, para tener misericordia de todos. ¡Qué abismo de generosidad, de sabiduría y de conocimiento, el de Dios! ¡Qué insondables sus decisiones y qué irrastreables sus caminos! ¿Quién conoció la mente del Señor? ¿Quién fue su consejero? ¿Quién le ha dado primero para que él le devuelva? El es el origen, guía y meta del universo. A él la gloria por los siglos. Amén.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Del salmo 68
Que me escuche, Señor, tu gran bondad.
In multitúdine misericórdiæ tuæ exáudi me, Dómine.
Mírame, Señor, enfermo y afligido; defiéndeme y ayúdame, Dios mío. En mi cantar exaltaré tu nombre, proclamaré tu gloria, agradecido.
Que me escuche, Señor, tu gran bondad.
In multitúdine misericórdiæ tuæ exáudi me, Dómine.
Se alegrarán al verlo los que sufren; quienes buscan a Dios tendrán más ánimo; porque el Señor jamás desoye al pobre ni olvida al que se encuentra encadenado.
Que me escuche, Señor, tu gran bondad.
In multitúdine misericórdiæ tuæ exáudi me, Dómine.
Ciertamente el Señor salvará a Sión, reconstruirá a Judá; la heredarán los hijos de sus siervos, quienes aman a Dios la habitarán. A ti, Señor, elevo mi plegaria.
Que me escuche, Señor, tu gran bondad.
In multitúdine misericórdiæ tuæ exáudi me, Dómine.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Si os mantenéis fieles a mi palabra, dice el Señor, seréis verdaderamente discípulos míos y conoceréis la verdad.
Si manséritis in sermone meo, vere discípuli mei éritis, et cognoscétis veritátem, dicit Dóminus
Aleluya.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 14, 12-14
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, decía Jesús a uno de los principales fariseos que le había invitado: «Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos ni a tus hermanos ni a tus parientes ni a los vecinos ricos: porque corresponderán invitándote y quedarás pagado. Cuando des un banquete, invita a pobres, lisiados, cojos y ciegos; dichoso tú, porque no pueden pagarte; te pagarán cuando resuciten los justos».
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.