Jueves 1ª Tiempo ordinario Año par (Id=73)

Primera Lectura

Derrota de Israel y captura del arca

Lectura del primer libro de Samuel 4, 1-11

Por entonces se reunieron los filisteos para atacar a Israel. Los israelitas salieron a enfrentarse con ellos y acamparon junto a Piedrayuda, mientras que los filisteos acampaban en El Cerco. Los filisteos formaron en orden de batalla frente a Israel. Entablada la lucha, Israel fue derrotado por los filisteos; de sus filas murieron en el campo unos cuatro mil hombres. La tropa volvió al campamento, y los ancianos de Israel deliberaron: «¿Por qué el Señor nos ha hecho sufrir hoy una derrota a manos de los filisteos? Vamos a Siló, a traer el Arca de la Alianza del Señor, para que esté entre nosotros y nos salve del poder enemigo». Mandaron gente a Siló, a por el Arca de la Alianza del Señor de los Ejércitos entronizado sobre Querubines. Los dos hijos de Elí, Jofhí y Fineés, fueron con el Arca de la Alianza de Dios. Cuando el Arca de la Alianza del Señor llegó al campamento, todo Israel lanzó a pleno pulmón el alarido de guerra, y la tierra retembló. Al oír los filisteos el estruendo del alarido, se preguntaron: «¿Qué significa ese alarido que retumba en el campamento hebreo?» Entonces se enteraron de que el Arca del Señor había llegado al campamento, y, muertos de miedo, decían: «¡Ha llegado su dios al campamento! ¡Ay de nosotros! Es la primera vez que nos pasa esto. ¡Ay de nosotros! ¿Quién nos librará de la mano de esos dioses poderosos, los dioses que hirieron a Egipto con toda clase de calamidades y epidemias? ¡Valor, filisteos! Sed hombres, y no seréis esclavos de los hebreos como lo han sido ellos de nosotros. ¡Sed hombres, y al ataque!» Los filisteos se lanzaron a la lucha y derrotaron a los israelitas, que huyeron a la desbandada. Fue una derrota tremenda: cayeron treinta mil de la infantería israelita. El Arca de Dios fue capturada, y los dos hijos de Elí, Jofní y Fineés, murieron.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial

Del Salmo 43

Redímenos, Señor, por tu misericordia.
Rédime nos, Dómine, propter misericórdiam tuam.

Ahora nos rechazas y avergüenzas; ya no sales, Señor, con nuestras tropas, nos haces dar la espalda al enemigo y nos saquean aquellos que nos odian.
Redímenos, Señor, por tu misericordia.
Rédime nos, Dómine, propter misericórdiam tuam.

Nos has hecho el objeto del escarnio y la burla de pueblos fronterizos. Las naciones se mofan de nosotros y los pueblos nos ponen en ridículo.
Redímenos, Señor, por tu misericordia.
Rédime nos, Dómine, propter misericórdiam tuam.

Despierta ya. ¿Por qué sigues durmiendo? No nos rechaces más; Señor, despierta. ¿Por qué te nos escondes? ¿Por qué olvidas nuestras tribulaciones y miserias?
Redímenos, Señor, por tu misericordia.
Rédime nos, Dómine, propter misericórdiam tuam.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Jesús predicaba el Evangelio del Reino y curaba toda clase de enfermedades en el pueblo.
Prædicábat Iesus Evangélium regni, et sanábat omnem infirmitátem in pópulo.
Aleluya.

Evangelio

Se le quitó la lepra y quedó limpio

† Lectura del santo evangelio según san Marcos 1, 40-45

Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: «Si quieres, puedes limpiarme». Sintiendo lástima, extendió la mano y lo tocó diciendo: «Quiero: queda limpio». La lepra se le quitó inmediatamente y quedó limpio. El lo despidió, encargándole severamente: «No se lo digas a nadie; pero para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés». Pero cuando se fue, empezó a divulgar el hecho con grandes ponderaciones, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en descampado; y aun así acudían a él de todas partes.

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

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