Lunes 33ª Tiempo ordinario Año par (Id=759)

Primera Lectura

Lectura del libro del Apocalipsis del apóstol san Juan 1, 1-4; 2, 1-5a

Esta es la revelación que Dios ha entregado a Jesucristo, para que muestre a sus siervos lo que tiene que suceder pronto. Dio la señal enviando su ángel a su siervo Juan. Este, narrando lo que ha visto, se hace testigo de la palabra de Dios y del testimonio de Jesucristo. Dichoso el que lee y dichosos los que escuchan las palabras de esta profecía y tienen presente lo que en ella está escrito, porque el plazo está cerca. Juan a las siete iglesias de Asia: Gracia y paz a vosotros de parte del que es y era y viene y de parte de los siete espíritus que están ante su trono. Oí una voz que decía desde el cielo: Al ángel de la Iglesia de Éfeso escribe así: Esto dice el que tiene las siete estrellas en su mano derecha y anda entre los siete candelabros de oro: Conozco tu manera de obrar, tu fatiga y tu aguante; sé que no puedes soportar a los malvados, que pusiste a prueba a los que se llamaban apóstoles sin serlo y descubriste que eran unos embusteros. Eres tenaz, has sufrido por mí y no te has rendido a la fatiga; pero tengo en contra tuya que has abandonado el amor primero. Recuerda de dónde has caído, conviértete y vuelve a proceder como antes.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial

Sal 1, 1-2.3.4 y 6

Al que venciere le daré a comer del árbol de la vida.
Vincénti dabo édere de ligno vitæ.

Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los malvados, ni se entretiene en el camino de los pecadores, ni se sienta con los arrogantes, sino que pone su alegría en la ley del Señor, meditándola día y noche.
Al que venciere le daré a comer del árbol de la vida.
Vincénti dabo édere de ligno vitæ.

Es como un árbol plantado junto al río: da fruto a su tiempo y sus hojas no se marchitan; todo lo que hace le sale bien.
Al que venciere le daré a comer del árbol de la vida.
Vincénti dabo édere de ligno vitæ.

No sucede lo mismo con los malvados, pues son como paja que se lleva el viento; porque el Señor protege el camino de los justos; pero el camino de los malvados lleva a la perdición.
Al que venciere le daré a comer del árbol de la vida.
Vincénti dabo édere de ligno vitæ.

Aclamación antes del evangelio

Aleluya, aleluya.
Yo soy la luz del mundo, dice el Señor; el que me sigue tendrá la luz de la vida.
Ego sum lux mundi, dicit Dóminus; qui séquitur me habébit lumen vitæ.
Aleluya.

Evangelio

† Lectura del santo Evangelio según san Lucas 18, 35-43

Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, cuando se acercaba Jesús a Jericó, había un ciego sentado al borde del camino, pidiendo limosna. Al oír que pasaba gente, preguntaba qué era aquello; y le explicaron:

–Pasa Jesús Nazareno.

Entonces gritó:

–¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí!

Los que iban delante le regañaban para que se callara, pero él gritaba más fuerte:

–¡Hijo de David, ten compasión de mí!

Jesús se paró y mandó que se lo trajeran. Cuando estuvo cerca, le preguntó:

–¿Qué quieres que haga por ti?

El dijo:

–Señor, que vea otra vez.

Jesús le contestó:

–Recobra la vista, tu fe te ha curado.

Enseguida recobró la vista y lo siguió glorificando a Dios. Y todo el pueblo, al ver esto, alababa a Dios.

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

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