Miércoles 2ª Tiempo ordinario Año par (Id=86)

Primera Lectura

David venció a Goliat con una honda y una piedra

Lectura del primer libro de Samuel 17, 32-33. 37. 40-51

En aquellos días, Saúl mandó llamar a David, y éste le dijo:

–Majestad, no os desaniméis. Este servidor tuyo irá a luchar con ese filisteo.

Pero Saúl le contestó:

–No podrás acercarte a ese filisteo para luchar con él, porque eres un muchacho, y él es un guerrero desde mozo.

David replicó:

–El Señor, que me ha librado de las garras del león y de las garras del oso, me librará de las manos de ese filisteo.

Entonces. Saúl le dijo:

–Anda con Dios.

Agarró la cavada, escogió cinco cantos de arroyo, se los echó al zurrón, empuñó la honda y se acercó al filisteo.

Este, precedido de su escudero, iba avanzando, acercándose a David lo miró de arriba abajo y lo despreció, porque era un muchacho de buen color y guapo, y le gritó:

–¿Soy yo un perro, para que vengas a mí con un palo?

Luego maldijo a David, invocando a sus dioses, y le dijo:

–Ven acá, y echaré tu carne a las aves del cielo y a las fieras del campo.

Pero David le contestó:

–Tú vienes hacia mí armado de espada, lanza y jabalina,– yo voy hacia ti en nombre del Señor de los Ejércitos, Dios de las huestes de Israel, a las que has desafiado. Hoy te entregará el Señor en mis manos, te venceré, te arrancaré la cabeza de los hombros y echaré tu cadáver y los cadáveres del campamento filisteo a las aves del cielo y las fieras de la tierra; y todo el mundo reconocerá que hay un Dios en Israel; y todos los aquí reunidos reconocerán que el Señor da la victoria sin necesidad de espadas ni lanzas, porque ésta es una guerra del Señor y él os entregará en nuestro poder.

Cuando el filisteo se puso en marcha y se acercaba en dirección a David, éste salió de la formación y corrió velozmente en dirección al filisteo; echó mano al zurrón, sacó una piedra, disparó la honda y le pegó al filisteo en la frente: la piedra se le clavó en la frente, y cayó de bruces en tierra.

Así venció David al filisteo, con la honda y una piedra; lo mató de un golpe, sin empuñar espada. David corrió y se paró junto al filisteo, le agarró la espada, la desenvainó y lo remató, cortándole la cabeza.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial

Del salmo 143

Bendito el Señor, mí Roca.
Benedictus Dominus, præsidium meum

Bendito sea el Señor, mi roca firme; él adiestró mis manos y mis dedos para luchar en lides.
Bendito el Señor, mí Roca.
Benedictus Dominus, præsidium meum

El es mi amigo fiel, mi fortaleza, mi seguro escondite, escudo en que me amparo, el que los pueblos a mis plantas rinde.
Bendito el Señor, mí Roca.
Benedictus Dominus, præsidium meum

Al compás de mi cítara nuevos cantos, Señor, he de decirte, pues tú das a los reyes la victoria y salvas a David, tu siervo humilde.
Bendito el Señor, mí Roca.
Benedictus Dominus, præsidium meum

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Jesús predicaba el Evangelio del Reino y curaba las enfermedades y dolencias del pueblo.
Prædicabat Iesus Evangelium regni, et sanabat omnem infirmitatem in populo
Aleluya.

Evangelio

¿Se le puede salvar la vida a un hombre en sábado o hay que dejarlo morir?

† Lectura del santo Evangelio según san Marcos 3, 1-6

Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, entró Jesús otra vez en la sinagoga y había allí un hombre con parálisis en un brazo.

Estaban al acecho, para ver si curaba en sábado y acusarlo. Jesús le dijo al que tenía la parálisis:

–Levántate y ponte ahí en medio.

Y a ellos les preguntó:

–¿Qué está permitido en sábado?, ¿hacer lo bueno o lo malo?, ¿salvarle la vida a un hombre o dejarlo morir?

Se quedaron callados. Echando en torno una mirada de ira y dolido de su obstinación, le dijo al hombre:

–Extiende el brazo.

Lo extendió y quedó restablecido. En cuanto salieron de la sinagoga, los fariseos se pusieron a planear con los herodianos el modo de acabar con él.

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

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