Yo me suscitaré un sacerdote fiel que obre según mi corazón y mis deseos, dice el Señor.
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Señor, tú que has querido contar en el número de los santos pastores a tu siervo san Eusebio y lo has hecho brillar por el fuego de la caridad y el poder de una fe que vence al mundo; haz que, por su intercesión, perseveremos en la fe y en el amor y merezcamos sí participar de la gloria con que le coronaste.
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La victoria que derrotó al mundo es precisamente nuestra fe
Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 5,1-5
Queridos hermanos: Todo el que cree que Jesús es el Cristo ha nacido de Dios; y todo el que ama a Aquél que da el ser, ama también al que ha nacido de él. En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios: si amamos a Dios y cumplimos sus mandamientos. Todo el que ha nacido de Dios vence al mundo. Y ésta es la victoria que vence al mundo: nuestra fe; porque ¿quién es el que vence al mundo sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?
Del Salmo 88
Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor.
Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor, y daré a conocer que su fidelidad es eterna, pues el Señor ha dicho: «Mi amor es para siempre, y mi lealtad, más firme que los cielos».
Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor.
Señor, feliz el pueblo que te alaba y que a tu luz camina, que en tu nombre se alegra a todas horas y al que llena de orgullo tu justicia.
Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor.
Feliz, porque eres tú su honor y fuerza y exalta tu favor nuestro poder. Feliz, porque el Señor es nuestro escudo y el Santo de Israel es nuestro rey.
Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor.
Aleluya. Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos. Aleluya.
Estén alegres y contentos, porque su recompensa será grande en el cielo
† Lectura del santo Evangelio según san Mateo 5, 1-12a.
En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió a la montaña, se sentó, y se acercaron sus discípulos; y él se puso a hablar enseñándolos: —«Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos.
Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra.
Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos quedarán saciados.
Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.
Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán los hijos de Dios».
Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos.
Dichosos ustedes cuando los insulten, y los persigan, y los calumnien de cualquier modo por mi causa. Estén alegres y contentos, porque su recompensa será grande en el cielo».
Recibe, Señor, las ofrendas que tu pueblo te presenta en la fiesta de san Eusebio; que ellas nos merezcan, como lo esperamos, el auxilio de tu misericordia.
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Yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante, dice el Señor.
Señor, Dios nuestro, que estos sacramentos encienden en nosotros el fuego de amor que abrasó el corazón de san Eusebio y le impulsó a entregarse sin reserva al servicio de la Iglesia.