Alegrémonos, llenémonos de gozo, porque el Señor ha amado a esta virgen santa y gloriosa.
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Señor, Dios nuestro, que has derramado sobre la virgen santa María Goretti, abundancia de dones celestiales; concédenos imitar en la tierra sus virtudes, para que también podamos gozar en su compañía de las alegrías de la gloria.
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Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 6, 13c-15a. 17-20
Hermanos: El cuerpo no es para fornicar, sino para servir al Señor; y el Señor, para santificar el cuerpo. Dios resucitó al Señor y nos resucitará también a nosotros con su poder.
¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? Y el que se une al Señor, se hace un solo espíritu con él. Huid, por lo tanto, de la fornicación. Cualquier otro pecado que cometa una persona, queda fuera de su cuerpo; pero el que fornica, peca contra su propio cuerpo.
¿O es que no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, que habéis recibido de Dios y habita en vosotros? No sois vosotros vuestros propios dueños, porque Dios os ha comprado a un precio muy caro. Glorificad, pues, a Dios con el cuerpo.
Del Salmo 30
Padre, en tus manos encomiendo mí espíritu.
Sé tú mi fortaleza y mi refugio, mi muro de resguardo. Pues eres mi refugio y fortaleza, por tu nombre, Señor, guía mis pasos.
Padre, en tus manos encomiendo mí espíritu.
En tus manos encomiendo mi espíritu y tu lealtad me librará, Dios mío. Tu amor, Señor, me llenará de gozo cuando te hayas de mí compadecido.
Padre, en tus manos encomiendo mí espíritu.
Líbrame del poder de mi enemigo que viene tras mis pasos. Vuelve, Señor, tus ojos a tu siervo y por tu amor tan grande, ponme a salvo.
Padre, en tus manos encomiendo mí espíritu.
Aleluya. Dichoso el hombre que sufre la tentación porque, después de haberla superado, recibirá en premio la corona de la vida. Aleluya.
Si el grano de trigo muere, producirá mucho fruto
† Lectura del santo Evangelio según san Juan 12, 24-26
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: —«Yo les aseguro que si el grano de trigo sembrado en la tierra, no muere, queda infecundo; pero si muere, producirá mucho fruto. El que se ama a sí mismo, se pierde; el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se asegura para la vida eterna.
El que quiera servirme, que me siga, para que donde yo esté, también esté mi servidor. El que me sirve será honrado por mi Padre».
Concédenos, Señor, hacer nuestro el fruto de esta ofrenda para, a ejemplo de santa María Goretti, libres de la decrepitud del hombre viejo, recomencemos una nueva vida en continuo progreso espiritual.
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Las cinco vírgenes sensatas se llevaron vasijas de aceite con las lámparas. A medianoche se oyó una voz: «¡Que llega el esposo, salgan a recibir a Cristo, el Señor!»
Señor: que la comunión del Cuerpo y de la Sangre de tu Hijo nos aparte de las cosas caducas, para que, a ejemplo de santa María Goretti, crezcamos, a lo largo de la vida en caridad sincera y podamos gozar en el cielo de la visión eterna.