Dejen que los niños se acerquen a mí, dice el Señor, y no se lo impidan, porque de ellos es el Reino de los cielos.
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Señor y Dios nuestro, que quisiste confiar en san Jerónimo Emiliani la misión de enseñar a los jóvenes, con la palabra y el ejemplo, el camino de la salvación; concédenos imitar de tal manera a Cristo Maestro, que podamos enseñar a nuestros hermanos, con la forma en que vivimos, el camino del cielo.
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Es buena la oración con el ayuno y la limosna con la justicia
Lectura del libro de Tobías 12,6-13
En aquellos días, el ángel Rafael les dijo a Tobit y a su hijo: —«Bendecid a Dios y glorificadlo delante de todos los vivientes por los beneficios que les ha hecho y cantad himnos de alabanza a su nombre. Proclamad dignamente las obras del Señor y no sean negligentes en reconocerlas. Es bueno guardar el secreto del rey, pero es todavía mejor proclamar y celebrar las obras del Señor.
Haced el bien, y el mal no os alcanzará. Es buena la oración con el ayuno y la limosna con la justicia. Es mejor tener poco viviendo con rectitud, que tener mucho haciendo el mal. Es mejor dar limosnas que acumular tesoros. La limosna libra de la muerte y purifica de todo pecado. Quienes dan limosna tendrán larga vida; los pecadores y los malvados son enemigos de sí mismos. Voy a deciros toda la verdad, sin ocultaros nada. Os acabo de decir que es bueno guardar el secreto del rey y que es mejor todavía proclamar y celebrar las obras del Señor.
sabed, pues, que cuando vosotros dos, Tobías y Sara, orabais, yo ofrecía sus oraciones al Señor de la gloria, como un memorial; y lo mismo hacía cuando tú, Tobit, enterrabas a los muertos. Y cuando te levantaste sin dudar y dejaste tu comida y fuiste a sepultar a aquel muerto, precisamente entonces yo fui enviado para ponerte a prueba».
Del salmo 33
Bendigamos al Señor a todas horas.
Bendeciré al Señor a todas horas, no cesará mi boca de alabarlo. Yo me siento orgulloso del Señor; que se alegre su pueblo al escucharlo.
Bendigamos al Señor a todas horas.
Proclamemos qué grande es el Señor y alabemos su nombre. Cuando acudí al Señor, me hizo caso y me libró de todos mis temores.
Bendigamos al Señor a todas horas.
Vuélvanse a él y quedarán radiantes, jamás se sentirán decepcionados. El Señor siempre escucha al afligido, de su tribulación lo pone a salvo.
Bendigamos al Señor a todas horas.
A quien teme al Señor, el ángel del Señor lo salva y cuida. ¡Prueben! Verán qué bueno es el Señor; dichoso quien en él confía.
Bendigamos al Señor a todas horas.
Que amen al Señor todos sus fieles, pues nada faltará a quienes lo aman. El rico empobrece y pasa hambre; a quien busca al Señor nada le falta.
Bendigamos al Señor a todas horas.
Aleluya. Dichosos los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos. Aleluya.
Vende todo lo que tienes y sígueme
† Lectura del santo Evangelio según san Marcos 10, 17-30
En aquel tiempo, cuando salía Jesús al camino, se le acercó corriendo un hombre, se arrodilló ante él y le preguntó: —Maestro bueno, ¿qué debo hacer para alcanzar la vida eterna?
Jesús le contestó: –«¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino sólo Dios. Ya sabes los mandamientos: No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no levantarás falso testimonio, no cometerás fraudes, honrarás a tu padre y a tu madre».
Entonces él le contestó: —Maestro, todo eso lo he cumplido desde muy joven.
Jesús lo miró con amor y le dijo: –«Sólo una cosa te falta: Ve y vende lo que tienes, da el dinero a los pobres y así tendrás un tesoro en los cielos. Después, ven y sígueme». Pero al oír estas palabras, el hombre se entristeció y se fue apesadumbrado, porque tenía muchos bienes.
Jesús, mirando a su alrededor, dijo entonces a sus discípulos: —¡Que difícil les va a ser a los ricos entrar en el Reino de Dios!
Los discípulos quedaron sorprendidos ante estas palabras; pero Jesús insistió: —«Hijitos, ¡qué difícil es para los que confían en las riquezas, entrar, en el Reino de Dios! Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el Reino de Dios».
Ellos se asombraron todavía más y comentaban entre sí: —«Entonces, ¿quién puede salvarse?» Jesús, mirándolos fijamente, les dijo: –«Es imposible para los hombres, mas no para Dios. Para Dios todo es posible».
Entonces Pedro le dijo a Jesús: —«Señor, ya ves que nosotros lo hemos dejado todo para seguirte».
Jesús le respondió: —«Yo les aseguro: Nadie que haya dejado casa, o hermanos o hermanas, o padre o madre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, dejará de recibir, en esta vida, el ciento por uno en casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y tierras, junto con persecuciones, y en el otro mundo, la vida eterna».
Acepta, Señor, los dones que la Iglesia te ofrece en memoria de tus santos y haz que este sacrificio impregne de tu amor todas nuestras actividades.
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A menos que cambien y se hagan tan sencillos como niños, no entrarán al Reino de los cielos, dice el Señor.
Oración después de la Comunión
Que el Cuerpo y la Sangre de Cristo que hemos recibido en este sacramento, nos den fuerza, Señor, para que, a ejemplo de san Jerónimo Emiliani, podamos comunicar a los demás la luz de la verdad y el fuego de tu amor.