El justo se alegra con el Señor, se refugia en él y se felicitan los rectos de corazón.
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Señor, tú que infundiste en san Juan de Dios espíritu de misericordia, haz que nosotros, practicando las obras de caridad, merezcamos encontrarnos un día entre los elegidos de tu reino.
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También nosotros debemos dar la vida por nuestros hermanos
Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 3, 14-18
Queridos hermanos: Nosotros estamos seguros de haber pasado de la muerte a la vida, porque amamos a nuestros hermanos. El que no ama permanece en la muerte. El que odia a su hermano es un homicida y bien saben ustedes que ningún homicida tiene la vida eterna.
Conocemos lo que es el amor, en que Cristo dio su vida por nosotros. Así también debemos nosotros dar la vida por nuestros hermanos. Si alguno, teniendo con qué vivir, ve a su hermano pasar necesidad, y sin embargo, no lo ayuda, ¿cómo habitará el amor de Dios en él?
Hijos míos, no amemos solamente de palabra; amemos de verdad y con las obras.
Del salmo 111
Dichosos los que temen al Señor.
Dichosos los que temen al Señor y aman de corazón sus mandamientos; poderosos serán sus descendientes, Dios bendice a los hijos de los buenos.
Dichosos los que temen al Señor.
Fortuna y bienestar habrá en su casa, siempre actuarán conforme a la justicia. Quien es justo, clemente y compasivo, como una luz en las tinieblas brilla.
Dichosos los que temen al Señor.
Quienes, compadecidos, prestan y llevan sus negocios rectamente, jamás se desviarán, vivirá su recuerdo para siempre.
Dichosos los que temen al Señor.
Aleluya. Os doy un mandamiento nuevo, dice el Señor, que os améis los unos a los otros, como yo os he amado. Aleluya.
Cuando lo hicieron con el más insignificante de mis hermanos, conmigo lo hicieron
† Lectura del santo Evangelio según san Mateo 25, 31-40
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: —“Cuando venga el Hijo del hombre rodeado de su gloria, acompañado de todos sus ángeles, se sentará en su trono de gloria. Entonces serán congregadas ante él todas las naciones y él apartará a los unos de los otros, como aparta el pastor a las ovejas de los cabritos, y pondrá a las ovejas a su derecha y a los cabritos a su izquierda. Entonces dirá el rey a los de su derecha: «Venid, benditos de mi Padre; tomad posesión del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo; porque estuve hambriento, y me disteis de comer; sediento, y me disteis de beber; era forastero, y me hospedasteis; estuve desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; encarcelado, y fuisteis a verme».
Los justos le contestarán entonces: «Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; sediento, y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos de forastero, y te hospedamos; o desnudo, y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o encarcelado, y te fuimos a ver?»
Y el rey les dirá: —«Yo os aseguro que, cuando lo hicisteis con el más insignificante de mis hermanos, conmigo lo hicisteis»”.
Te suplicamos, Dios todopoderoso, que este sacrificio ofrecido humildemente en honor de tus santos, sea grato a tus ojos y purifique nuestro cuerpo y nuestro espíritu.
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El que quiera servirme que me siga, dice el Señor; y donde esté yo, allí también estará mi servidor.
Te rogamos, Señor, que fortalecidos por este sacramento, aprendamos a buscarte sobre todas las cosas, a ejemplo de san Juan de Dios, y a ser nosotros, mientras vivamos en el mundo, la imagen del humano nuevo.