Este santo luchó hasta la muerte en defensa de la ley de Dios, y no temió las palabras de los malvados; estaba afianzado sobre roca firme.
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Dios de poder y misericordia, que infundiste tu fuerza a san Hermenegildo para que pudiera soportar el dolor del martirio; concede a los que hoy celebramos su victoria vivir defendidos de los engaños del enemigo bajo tu protección amorosa.
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Señor Jesús, recibe mi espíritu
Lectura de los Hechos de los Apóstoles 7, 55-60
En aquellos días, Esteban, lleno de Espíritu Santo, fijó la mirada en el cielo, vio la gloria de Dios y a Jesús de pie a la derecha de Dios, y dijo: —Veo el cielo abierto y al Hijo del hombre de pie a la derecha de Dios.
Dando un grito estentóreo, se taparon los oídos; y como un solo hombre se abalanzaron sobre él, lo empujaron fuera de la ciudad y se pusieron a apedrearlo. Los presentes, dejando sus capas a los pies de un joven llamado Saulo, se pusieron también a apedrear a Esteban, que repetía esta invocación: —«Señor Jesús, recibe mi Espíritu».
Luego, cayendo de rodillas, lanzó un grito: —«Señor, no les tengas en cuenta este pecado».
Y con estas palabras expiró. Y Saulo aprobaba aquel asesinato.
Del Salmo 30
A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
Sé la roca de mi refugio, un baluarte donde me salve, tú que eres mi roca y mi baluarte; por tu nombre dirígeme y guíame.
A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
A tus manos encomiendo mi espíritu: tú el Dios leal, me librarás; yo confío en el Señor, tu misericordia sea mi gozo y mi alegría.
A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
Haz brillar tu rostro sobre tu siervo; en el asilo de tu presencia los escondes de las conjuras humanas.
A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
Aleluya. Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Aleluya.
No tengan miedo a los que matan el cuerpo
† Lectura del santo Evangelio según san Mateo 10, 28-33
En aquel tiempo dijo Jesús a sus apóstoles: —«No tengan miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No, teman al que puede destruir con el fuego alma y cuerpo. ¿No se venden un par de gorriones por unos cuartos? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga nuestro Padre. Pues ustedes hasta los cabellos de la cabeza tienen contados. Por eso, no tengan miedo: no hay comparación entre ustedes y los gorriones.
Si uno se pone de mi parte ante los hombres, yo también me pondré de su parte ante mi Padre del cielo. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre del cielo».
Señor, santifica con tu bendición estas ofrendas que te presentamos, y concédenos la gracia de vivir encendidos en el fuego de tu amor que dio fuerza al mártir san Hermenegildo para soportar los tormentos.
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El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga, dice el Señor.
Señor, que el sacramento que hemos recibido nos dé la fortaleza con que el mártir san Hermenegildo se mostró siempre fiel a tu servicio y vencedor en el tormento.