Venid, benditos de mi Padre, dice el Señor, porque estuve enfermo y me visitasteis. Yo os aseguro que cuanto hicisteis con el más insignificante de mis hermanos, conmigo lo hicisteis.
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Señor y Dios nuestro, que en el amor a ti y al prójimo has querido resumir tus mandamientos, concédenos que, a ejemplo de san Antonio de Padua, no neguemos a nadie nuestra ayuda y merezcamos ser llamados con él a compartir el Reino de tu Hijo.
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El Señor me ha ungido y me ha enviado a anunciar la buena nueva a los pobres
Lectura del libro del profeta Isaías 61,1-3
El espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido y me ha enviado para anunciar la buena nueva a los pobres, curar a los de corazón quebrantado, proclamar el perdón a los cautivos, y la libertad a los prisioneros, a pregonar el año de gracia del Señor, el día de la venganza de nuestro Dios.
El Señor me ha enviado a consolar a los afligidos, los afligidos de Sión, a cambiar su ceniza en diadema, sus lágrimas en aceite perfumado de alegría y su abatimiento, en cánticos.
Del Salmo 88
Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor.
Cantaré eternamente del Señor las bondades y anunciará mi boca tu lealtad por todas las edades. Pues el Señor ha dicho: «Mi amor es un amor eterno y mi fidelidad, más firme que los cielos».
Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor.
Una alianza pacté con mi elegido, mi siervo David, yo le he jurado: «Perpetuaré tu descendencia y afirmaré para siempre tu reinado».
Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor.
Hallé a David, mi siervo, y lo he ungido con óleo sagrado a fin de que mi mano lo sostenga y lo revista de valor, mi brazo.
Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor.
Aleluya. El Señor me ha enviado para anunciar a los pobres la buena nueva y proclamar la liberación a los cautivos. Aleluya.
La cosecha es mucha y los trabajadores, pocos
† Lectura del santo Evangelio según san Lucas 10, 1-9
En aquel tiempo, Jesús designó a otros setenta y dos discípulos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares a donde pensaba ir, y les dijo: —La cosecha es mucha y los trabajadores pocos. Rueguen, por lo tanto, al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos. Pónganse en camino; yo los envío como corderos en medio de lobos. No lleven ni dinero ni morral ni sandalias y no se detengan a saludar a nadie por el camino. Cuando entren en una casa digan: «Que la paz reine en esta casa». Y si allí hay gente amante de la paz, el deseo de paz de ustedes se cumplirá; si no, no se cumplirá. Quédense en esa casa. Coman y beban de lo que tengan, porque el trabajador tiene derecho a su salario. No anden de casa en casa. En cualquier ciudad donde entren y los reciban, coman lo que les den. Curen a los enfermos que haya y díganles: «Ya se acerca a ustedes el Reino de Dios».
Acepta, Señor, los dones que te presentamos y haz que el memorial del amor infinito de tu Hijo, que estamos celebrando, aumente en nosotros, a ejemplo de tus santos, nuestra generosidad contigo y con el prójimo.
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Nadie tiene mayor amor por sus amigos que el que da la vida por ellos.
Señor, que este sacramento de tu amor que hemos recibido, nos dé fuerza para imitar el ejemplo de san Antonio de Padua, que se consagró a ti de todo corazón y se prodigó sin descanso por el bien de tu pueblo.