Que nuestra única gloria sea la cruz de nuestro Señor Jesucristo: en él está nuestra salvación, nuestra vida y resurrección; por él hemos sido redimidos y liberados.
Dios nuestro todopoderoso, que quisiste que tu Hijo muriera en la cruz para nuestra salvación; concédenos aceptar, por su amor, la cruz del sufrimiento aquí en la tierra para gozar en el cielo los frutos de su redención.
Los mordidos quedarán sanos al mirarla
Lectura del libro de los Números 21, 4-9
Por aquellos días, los israelitas partieron de la montaña de Hor camino del mar Rojo, rodeando el territorio de Edom. En el camino, el pueblo comenzó a impacientarse y a murmurar contra el Señor y contra Moisés, diciendo: —«¿Por qué nos han sacado de Egipto para hacernos morir en este desierto? No hay pan ni agua, y estamos ya hartos de este pan sin consistencia».
El Señor envió entonces contra el pueblo serpientes muy venenosas que los mordían. Murió mucha gente de Israel, y el pueblo fue a decir a Moisés: —«Hemos pecado al murmurar contra el Señor y contra ti. Pide al Señor que aleje de nosotros las serpientes».
Moisés intercedió por el pueblo, y el Señor le respondió: —«Fabrica una serpiente de bronce, ponla en un asta, y todos los que hayan sido mordidos y la miren quedarán curados».
Moisés hizo una serpiente de bronce y la puso en un asta. Cuando alguno era mordido por una serpiente, miraba a la serpiente de bronce y quedaba curado.
Del Salmo 77, 1-2.34-35.36-37.38
No olvidemos las hazañas del Señor.
Pueblo mío, escucha mi enseñanza, atiende a las palabras de mi boca; abriré mi boca para contar una historia, para evocar los sucesos del pasado.
No olvidemos las hazañas del Señor.
Cuando los castigaba, lo buscaban, se convertían, iban a él, y recordaban que Dios era su Roca y el Altísimo su redentor.
No olvidemos las hazañas del Señor.
Lo adulaban con su boca, le mentían con su lengua; su corazón no era sincero con él, ni eran fieles a su alianza.
No olvidemos las hazañas del Señor.
Pero él se compadecía, perdonaba sus culpas y no los destruía: contuvo su ira muchas veces y no daba rienda suelta a su furor.
No olvidemos las hazañas del Señor.
Aleluya. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, porque con tu santa cruz redimiste al mundo. Aleluya.
El Hijo del hombre tiene que ser elevado
† Lectura del santo Evangelio según san Juan 3, 13-17
En aquel tiempo dijo Jesús a Nicodemo: —«Nadie ha subido al cielo, a no ser el que vino de allí, es decir, el Hijo del hombre. Lo mismo que Moisés levantó la serpiente de bronce en el desierto, el Hijo del hombre tiene que ser levantado en alto, para que todo el que crea en él tenga vida eterna.
Tanto amó Dios al mundo que le dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna.
Dios no envió a su Hijo al mundo para condenarlo, sino para salvarlo por medio de él».
Celebrante:
Jesucristo es Señor para gloria de Dios Padre: El es nuestro único Mediador y Sacerdote al ofrecer una vez y para siempre su sacrificio en la cruz. Que el Resucitado interceda ante el Padre por la Iglesia orante en la tierra: —(Respondemos a cada petición: Señor, ten piedad).
Por la cruz de tu Hijo, concede, Señor, a tu Iglesia la firmeza en la fe, el valor de la esperanza, la entrega en el amor, roguemos al Señor.
Señor, ten piedad.
Por la cruz del Mesías, concédenos, Padre, la paz y la reconciliación entre los pueblos, entre la gente de buena voluntad y entre todos tus hijos, roguemos al Señor.
Señor, ten piedad.
Por la cruz salvadora, ayuda, Señor, a los enfermos, mantén el aliento de los oprimidos y conforta a cuantos comparten la pasión de Cristo, roguemos al Señor.
Señor, ten piedad.
Por la cruz redentora, robustece, Señor, a cuantos predican el Evangelio de tu Hijo en tierras lejanas y en los sectores más alejados de tu Iglesia, roguemos al Señor.
Señor, ten piedad.
Por la cruz del Señor, otorga a cuantos con ella hemos sido marcados el Espíritu de fortaleza y paciencia, de paz y de amor, roguemos al Señor.
Señor, ten piedad.
Celebrante:
Dios y Padre nuestro, que levantaste sobre todo a tu Hijo, obediente hasta la muerte, y muerte de cruz; escucha la oración de cuantos creemos en él y queremos seguir su camino de entrega, de sacrificio por amor a ti y a nuestros hermanos.
Dios nuestro, que este sacrificio que Cristo te ofreció en la cruz para borrar los pecados del mundo, nos purifique de todas nuestras culpas.
Cuando yo sea levantado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí, dice el Señor.
Señor nuestro Jesucristo, que nos has redimido por medio de tu cruz, y nos has hecho participar de tu Cuerpo y de tu Sangre, concédenos participar también de la gloria de tu resurrección.