El justo se alegra con el Señor, se refugia en él y se felicitan los rectos de corazón.
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Proclamamos, Señor, que sólo tú eres santo, sólo tú eres bueno y nadie puede serlo sin tu gracia; por eso te pedimos que, mediante la intercesión de san Esteban de Hungría, nos ayudes a vivir de tal forma en el mundo, que nunca nos veamos privados tu gloria.
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El Señor es su heredad
Lectura del libro del Deuteronomio 10, 8-9
Moisés habló al pueblo y dijo: –«El Señor apartó a la tribu de Leví para que llevara el arca de la alianza del Señor, estuviera en presencia del Señor, a su servicio, y bendijera en su nombre, y así hacen todavía hoy. Por eso el levita no recibe parte en la heredad de sus hermanos, sino que el Señor es su heredad, como le dijo el Señor tu Dios».
Del Salmo 111
Dichoso quien teme al Señor.
Dichoso quien teme al Señor y ama de corazón sus mandatos. Su linaje será poderoso en la tierra, la descendencia del justo será poderosa en la tierra, la descendencia del justo será bendita.
Dichoso quien teme al Señor.
En su casa habrá riquezas y abundancia; su caridad es constante, sin falta. En las tinieblas brilla como luz el que es justo, clemente y compasivo.
Dichoso quien teme al Señor.
Dichoso el que se apiada y presta y administra rectamente sus asuntos. El justo jamás vacilará; su recuerdo será perpetuo; no temerá las malas noticias.
Dichoso quien teme al Señor.
Su corazón está firme en el Señor. Su corazón está seguro, sin temor, hasta ver derrotados a sus enemigos.
Dichoso quien teme al Señor.
Reparte limosna a los pobres, sus caridad es constante, sin falta, y alzará la frente con dignidad.
Dichoso quien teme al Señor.
Aleluya. El que me ama guardará mi palabra y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él. Aleluya.
Has sido fiel en lo poco, pasa al banquete de tu señor
† Lectura del santo Evangelio según san Mateo 25, 14-30
En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: —Un hombre que iba al extranjero llamó a sus empleados y los dejó encargados de sus bienes: a uno le dejó cinco talentos de plata, a otro dos, a otro uno, a cada cual según su capacidad; luego se marchó.
El que recibió cinco talentos fue enseguida a negociar con ellos y ganó otros cinco. El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos. En cambio el que recibió uno hizo un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor.
Al cabo de mucho tiempo volvió el señor de aquellos empleados y se puso a ajustar las cuentas con ellos. Se acercó el que había recibido cinco talentos, y le presentó otros cinco diciendo: —Señor cinco talentos me dejaste; mira, he ganado otros cinco.
Su señor le dijo: —Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor.
Se acercó luego el que había recibido dos talentos, y dijo: –«Señor, dos talentos me dejaste; mira, he ganado otros dos».
Su señor le dijo: –«Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor: como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor».
Finalmente se acercó el que había recibido un talento y dijo: «Señor, sabía que eres exigente, que sigas donde no siembras y recoges donde no esparces; tuve miedo y fui a esconder tu talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo».
El Señor le respondió: —«Eres un empleado negligente y holgazán; ¿conque sabias que siego donde no siembre y recojo donde no esparzo. Pues debías hacer puesto mi dinero en el banco, para que, al volver yo, pudiera recoger lo mío con los intereses. Quítenle el talento y désenlo al que tiene diez. Porque al que tiene se le dará y le sobrará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Y a ese empleado inútil échenlo fuera, a las tinieblas: allí será el llanto y el rechinar de dientes.
Te suplicamos, Dios todopoderoso, que este sacrificio, ofrecido humildemente en honor de tus santos, sea grato a tus ojos y purifique nuestro cuerpo y nuestro espíritu.
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El que quiera servirme, que me siga dice el Señor; y donde esté yo, allí también estará mi servidor.
En el aniversario de la glorificación de tus santos, te suplicamos, Señor, que, robustecidos con los sacramentos, alcancemos plenamente en el cielo los bienes con que ahora nos ayudas por tu misericordia.