Yo me suscitaré un sacerdote fiel que obre según mi corazón y mis deseos, dice el Señor.
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Señor, tú que has querido contar en el número de los santos pastores a tu siervo san Roberto Belarmino, y los has hecho brillar por el fuego de la caridad y el poder de una fe que vence al mundo; haz que, por su intercesión, perseveremos en la fe y en el amor merezcamos así participar de la gloria con que lo coronaste.
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Preferí la sabiduría a la salud y a la belleza
Lectura del libro de la Sabiduría 7, 7-10. 15-16
Supliqué y se me concedió la prudencia, invoqué y vino a mí un espíritu de sabiduría. La preferí a los cetros y tronos, y en su comparación tuve en nada la riqueza. No la equiparé a la piedra más preciosa, porque todo el oro a su lado es un poco de arena, y junto a ella la plata vale lo que el barro. La preferí a la salud y a la belleza, me propuse tenerla por luz, porque su resplandor no tiene ocaso. Todos los bienes juntos me vinieron con ella, había en sus manos riquezas incontables.
Concédenos, Dios, hablar juiciosamente y pensar dignamente de los dones recibidos, porque él es quien guía a la sabiduría y quien dirige a los sabios. Porque en sus manos estamos nosotros y nuestras palabras y toda la prudencia y destreza de nuestra obras.
Del Salmo 18
Los mandamientos del Señor son verdaderos y eternamente justos.
La ley del Señor es perfecta y es descanso del alma; el precepto del Señor es fiel e instruye al ignorante.
Los mandamientos del Señor son verdaderos y eternamente justos.
Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón; la norma del Señor es límpida y da la luz a los ojos.
Los mandamientos del Señor son verdaderos y eternamente justos.
La voluntad del Señor es pura y eternamente estable;
los mandamientos del Señor son verdaderos y eternamente justos.
Los mandamientos del Señor son verdaderos y eternamente justos.
Más preciosos que el oro, más que el oro fino; más dulces que la miel de un panal que destila.
Los mandamientos del Señor son verdaderos y eternamente justos.
Aleluya. Enseñamos una sabiduría divina, misteriosa, predestinada por Dios antes de los siglos para nuestra gloria. Aleluya.
La casa edificada sobre roca y la casa edificó ada sobre arena
† Lectura del santo Evangelio según san Mateo 7, 21-29
En aquel tiempo dijo Jesús a su discípulos: —«No todo el que me dice «Señor, Señor» entrará en el Reino de los cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre que está en el cielo. Aquel día muchos dirán: «Señor, Señor, ¿no hemos profetizado en tu nombre, y en tu nombre echado demonios, y no hemos hecho en tu nombre milagros?» Yo entonces les declararé: Nunca los he conocido. Aléjense de mí, malvados.
El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y descargaron contra la casa; pero no se hundió, porque estaba cimentada sobre roca. El que escucha estas palabra mías y no las pone en práctica, se parece a aquel hombre necio que edificó su casa sobre arena. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y rompieron contra la casa, y se hundió totalmente».
Al terminar Jesús este discurso, la gente estaba admirada de su enseñanza, porque les enseñaba con autoridad y no como los letrados.
Sea agradable a tus ojos, Señor, el sacrificio que te ofrecemos con gozo en la fiesta de san Roberto Belarmino, cuya vida y doctrina nos impulsan a alabarte con todo nuestro ser.
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Este es el criado fiel y solícito a quién el Señor ha puesto al frente de su familia, para que les reparta la ración a sus horas.
Señor, que cuantos hemos sido fortalecidos con Cristo, verdadero pan de vida y único maestro de los hombres, aprendamos en la fiesta de san Roberto Belarmino a conocer tu verdad y a vivirla con amor.