Este hombre es un verdadero mártir, ya que derramó su sangre por Cristo; no temió las amenazas de quienes lo juzgaron y mereció así el Reino de los cielos.
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Dios todopoderoso y eterno, que otorgaste a san Mario la gracia de luchar por la fe hasta el martirio; concédenos, por su intercesión, soportar por tu amor todas las adversidades y caminar incansablemente hacia ti, que eres nuestra vida.
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Sufro con gusto por temor del Señor
Lectura del segundo libro de los Macabeos 6, 18-21. 24-31
En aquellos días, Eleazar era uno de los principales maestros de la ley, hombre de edad avanzada y semblante muy digno. Le abrían la boca a la fuerza, para que comiera carne de cerdo.
Algunos de los encargados, viejos amigos de Eleazar, movidos por una compasión ilegítima, lo llevaron aparte y le propusieron que hiciera traer carne permitida, preparada por él mismo, y que la comiera haciendo como que comía la carne del sacrificio ordenado por el rey.
El contestó: –«No es digno de mi edad ese engaño. Van a creer los jóvenes que Eleazar a los noventa años ha apostatado, y si miento por un poco de vida que me queda se van a extraviar con mi mal ejemplo. Eso sería manchar e infamar mi vejez. Y aunque de momento me librase del castigo de los hombres, no me libraría de la mano del Omnipotente, ni vivo ni muerto. Si muero ahora como un valiente, me mostraré digno de mis años y legaré a los jóvenes un noble ejemplo, para que aprendan a arrostrar una muerte noble y voluntaria por amor a nuestra santa y venerable ley».
Dicho esto se fue enseguida al suplicio. Los que te llevaban, considerando insensatas las palabras que acababa de pronunciar, cambiaron en dureza su actitud benévola de poco antes. Pero él a punto de morir a causa de los golpes, dijo entre suspiros: —«Bien sabe el Señor dueño de la ciencia santa, que, pudiendo librarme de la muerte, aguanto en mi cuerpo los crueles dolores de la flagelación, y que en mi alma los sufro con gusto por temor de él».
De esta manera terminó su vida, dejando no sólo a los jóvenes, sino también a toda la nación, un ejemplo memorable de heroísmo y de virtud.
Del salmo 123
Hemos salvado la vida como un pájaro de la trampa del cazador.
Si el Señor no hubiera estado de nuestra parte, cuando nos asaltaban los hombres, nos habrían tragado vivos, tanto ardía su ira contra nosotros.
Hemos salvado la vida como un pájaro de la trampa del cazador.
Nos habrían arrollado las aguas, llegándonos el torrente hasta el cuello; nos habrían llegado hasta el cuello las aguas espumantes.
Hemos salvado la vida como un pájaro de la trampa del cazador.
La trampa se rompió y escapamos. Nuestro auxilio es el nombre del Señor, que hizo el cielo y la tierra.
Hemos salvado la vida como un pájaro de la trampa del cazador.
Aleluya. Dichoso el hombre que soporta la prueba, porque una vez aquilatado recibirá la corona de la vida. Aleluya.
No he venido a sembrar paz, sino espadas
† Lectura del santo Evangelio según san Mateo 10, 34-39
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus apóstoles: «No penséis que he venido a traer la paz a la tierra; no he venido a traer la paz, sino la guerra. He venido a enfrentar al hijo con su padre, a la hija con su madre, a la nuera con su suegra, y los enemigos de cada uno serán los de su propia familia.
El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí. El que salve su vida, la perderá y el que la pierda por mí, la salvará».
Padre misericordioso, bendice nuestros dones y fortalécenos en la fe que tu santo mártir Mario, atestiguó con su propia sangre.
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Yo soy la vid y ustedes los sarmientos, dice el Señor; el que permanece en mí y en el cual yo permanezco, ése dará fruto abundante.
Concédenos, Señor, imitar, confortados con este sacramento, la admirable entereza de san Mario, a fin de obtener así el premio eterno, prometido a los que sufren por causa de tu nombre.