Este santo luchó hasta la muerte en defensa de la ley de Dios, y no temió las palabras de los malvados; estaba afianzado sobre roca firme.
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Dios de poder y misericordia, que infundiste tu fuerza a san Clemente para que pudiera soportar el dolor del martirio; concede a los que hoy celebramos su victoria vivir defendidos de los engaños del enemigo bajo tu protección amorosa.
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Apacienten el rebaño de Dios que él les ha confiado
Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro 5, 1-4
Hermanos: Me dirijo ahora a los pastores de las comunidades de ustedes, yo, que también soy pastor como ellos y además he sido testigo de los sufrimientos de Cristo y participante de la gloria que se va a manifestar.
Apacienten el rebaño que Dios les ha confiado y cuiden de él no como obligados por la fuerza, sino de buena gana, como Dios quiere; no por ambición de dinero, sino con entrega generosa; no como si ustedes fueran los dueños de las comunidades que se les han confiado, sino dando buen ejemplo. Y cuando aparezca el Pastor supremo, recibirán el premio inmortal de la gloria.
Del Salmo 88
Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor.
Cantaré eternamente del Señor las bondades y anunciará mi boca tu lealtad por todas las edades. Pues el Señor ha dicho: «Mi amor es un amor eterno y mi fidelidad, más firme que los cielos».
Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor.
Una alianza pacté con mi elegido, a mi siervo David, yo le he jurado: «Perpetuaré tu descendencia y afirmaré para siempre tu reinado».
Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor.
Hallé a David, mi siervo, y lo he ungido con óleo sagrado a fin de que mi mano lo sostenga y lo revista de valor, mi brazo.
Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor.
Su poder en mi nombre crecerá, mi amor y mi lealtad serán su escolta. El me podrá decir: «Tú eres mi Padre, mi Dios, mi roca salvadora».
Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor.
Aleluya. Síganme, dice el Señor, y haré de ustedes pescadores de hombres. Aleluya.
Tú eres Pedro y a ti te daré las llaves del Reino de los cielos
† Lectura del santo Evangelio según san Mateo 16, 13-19
En aquel tiempo, cuando llegó Jesús a la región de Cesárea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: —¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?
Ellos le respondieron: —«Unos dicen que eres Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que Jeremías o alguno de los profetas».
Luego les preguntó: —Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?
Simón Pedro tomó la palabra y le dijo: –«Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo».
Jesús le dijo entonces: —«¡Dichoso tú, Simón, hijo de Juan, porque esto no te lo ha revelado ningún hombre, sino mi Padre que está en los cielos! Y yo te digo a ti que tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Los poderes del infierno no prevalecerán sobre ella. Yo te daré las llaves del Reino de los cielos; todo lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo».
Señor, santifica con tu bendición estas ofrendas que te presentamos, y concédenos la gracia de vivir encendidos en el fuego de tu amor que dio fuerza al mártir san Clemente para soportar los tormentos.
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El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga, dice el Señor.
Señor, que el sacramento que hemos recibido nos dé la fortaleza con el mártir Clemente se mostró siempre fiel a tu servicio y vencedor en el tormento.