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Santo eres, en verdad, Padre, y con razón te alaban todas tus criaturas, ya que por Jesucristo, tu Hijo, Señor nuestro, con la fuerza del Espíritu Santo, das vida y santificas todo, y congregas a tu pueblo sin cesar, para que ofrezca en tu honor un sacrificio sin mancha desde donde sale el sol hasta el ocaso. (de rodillas) |
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Por eso, Padre, te suplicamos que santifiques por el mismo Espíritu estos dones que hemos separado para ti |
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de manera que sean Cuerpo y † Sangre de Jesucristo, Hijo tuyo y Señor nuestro, |
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Porque Él mismo, la noche en que iba a ser entregado, |
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Así, pues, Padre, al celebrar ahora el memorial de la pasión salvadora de tu Hijo, de su admirable resurrección y ascensión al cielo, mientras esperamos su venida gloriosa, te ofrecemos en esta acción de gracias, el sacrificio vivo y santo. |
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Dirige tu mirada sobre la ofrenda de tu Iglesia, y reconoce en ella la víctima por cuya inmolación quisiste devolvernos tu amistad, para que, fortalecidos con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo y llenos de tu Espíritu Santo, formemos en Cristo un solo cuerpo y un solo espíritu. |
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Que Él nos transforme en ofrenda permanente, para que gocemos de tu heredad junto con tus elegidos: con María, la Virgen Madre de Dios, su esposo San José, los apóstoles y los mártires, San N y todos los santos, por cuya intercesión confiamos obtener tu ayuda. |
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Confirma [pascua] |
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Atiende los deseos y súplicas de esta familia que has congregado en tu presencia. |
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Reúne en torno a ti, Padre misericordioso, a todos tus hijos dispersos por el mundo. |
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†A nuestros hermanos difuntos y a cuantos murieron en tu amistad recíbelos en tu reino, donde esperamos gozar todos juntos de la plenitud eterna de tu gloria, |
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[seguir] |
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Cuando esta plegaria eucarística se utiliza en las misas de difuntos, puede decirse: |
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† Recuerda a tu hijo (hija) N. a quien llamaste [hoy] de este mundo a tu presencia: concédele que así como ha compartido ya la muerte de Jesucristo comparta, también, con él la gloria de la resurrección, cuando Cristo haga surgir de la tierra a los muertos, y transforme nuestro cuerpo frágil en cuerpo glorioso como el suyo. Y a nuestros hermanos difuntos y a cuantos murieron en tu amistad recíbelos en tu reino, donde esperamos gozar todos juntos de la plenitud eterna de tu gloria; allí enjugarás las lágrimas de nuestros ojos, porque, al contemplarte como tú eres, Dios nuestro, seremos para siempre semejantes a ti y cantaremos eternamente tus alabanzas |
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Por Cristo, Señor nuestro, por quien concedes al mundo todos los bienes. |
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