14 de enero
San Juan de Ribera, obispo
Fiesta
Abre nuestro calendario propio la fiesta de San Juan de Ribera (t 6 de enero de 161l), Arzobispo de Valencia y Patriarca de Antioquía. Aplicó las reformas instituidas por el Concilio de Trento, fundó el Real Colegio de Corpus Christi y se esforzó por la evangelización de los infieles y la moralización de la sociedad. Destacaron en él las cualidades pastorales, caritativas y sacerdotales en toda la amplitud de la palabra.
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Hoy Juan de Ribera recibió el premio de su trabajo.
Hoy se sienta glorioso con todos los santos en el banquete del cielo.
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Oh Dios,
que hiciste admirable al obispo Juan de Ribera
en el celo pastoral
y en el amor al divino sacramento
del cuerpo y sangre de tu Hijo;
te suplicamos
que, por su intercesión,
nos hagas perennemente participantes
del fruto de la redención.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Amén.
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Como un pastor sigue el rastro de su rebaño, así seguiré yo el rastro de mis ovejas
Lectura del profeta Ezequiel 34, 11-16
Así dice el Señor Dios:
Yo mismo en persona buscaré a mis ovejas,
siguiendo su rastro.
Como un pastor sigue el rastro de su rebaño
cuando se encuentra las ovejas dispersas,
así seguiré yo el rastro de mis ovejas;
y las libraré,
sacándolas de todos los lugares por donde se desperdigaron
el día de los nubarrones y de la oscuridad.
Las sacaré de entre los pueblos,
las congregaré de los países,
las traeré a la tierra,
las apacentaré por los montes de Israel,
por las cañadas y por los poblados del país.
Las apacentaré en pastizales escogidos,
tendrán sus dehesas en lo alto de los montes de Israel,
se recostarán en fértiles dehesas,
y pastarán pastos jugosos en la montaña de Israel.
Yo mismo apacentaré mis ovejas,
yo mismo las haré sestear —oráculo del Señor Dios—.
Buscaré las ovejas perdidas,
haré volver a las descarriadas,
vendaré a las heridas,
curaré a las enfermas;
a las gordas y fuertes las guardaré,
Palabra de Dios.
Salmo responsorial Sal 22, 1-3a. 3b-4. 5. 6
V. El Señor es mi pastor, nada me falta.
R. El Señor es mi pastor, nada me falta.
El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar;
me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas.
R. El Señor es mi pastor, nada me falta.
Me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan.
R. El Señor es mi pastor, nada me falta.
Preparas una mesa ante mí
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa.
R. El Señor es mi pastor, nada me falta.
Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término.
R. El Señor es mi pastor, nada me falta.
Aleluya
(Si no se canta, puede omitirse.)
Aleluya, aleluya.
A vosotros os llamo amigos, dice el Señor,
porque todo lo que he oído a mi Padre
Aleluya.
EVANGELIO
Os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto dure
X Lectura del santo Evangelio según san Juan 15, 9-17
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
—Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor.
Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.
Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud.
Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado.
Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos.
Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando.
Yo no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer.
No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido; y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto dure.
De modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre, os lo dé.
Esto os mando: que os améis unos a otros.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
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Encienda, Señor,
a los que asistimos a tu altar,
aquel fuego en que se abrasaba
tu santo obispo Juan de Ribera,
cuando ofrecía este sacrificio.
Por Jesucristo nuestro Señor.
Amén.
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V. El Señor esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu.
V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.
En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias
siempre y en todo lugar,
Señor, Padre Santo,
por Cristo Señor nuestro.
El cual,
Sumo y Eterno Sacerdote,
en este memorial de su sacrificio
nos legó
el más alto testimonio de su amor.
A ejemplo suyo, san Juan de Ribera
nos enseña en este día
a entregamos al servicio
de Dios y de los hombres,
ofreciéndote así una liturgia pura.
Por eso,
los ángeles te cantan con júbilo eterno
y nosotros nos unimos a sus voces,
cantando humildemente tu alabanza:
Santo, Santo, Santo...
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Después de esto, hijo mío, ¿qué más puedo hacer por ti?
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Oremos:
Recibido, Señor,
te suplicamos
que, a ejemplo del obispo Juan de Ribera,
hagamos perpetua memoria
de tan gran dignación.
Por Jesucristo nuestro Señor.
Amén
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