MISA ANIVERSARIO DE LA DEDICACIÓN DE SANTA MARÍA DE LA PAZ

Antífona de Entrada

Vidi civitatem sanctam, Ierusalem novam, descendentem de caelo a deo, parátam sicut sponsam ornátam viro suo

Vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo, enviada por Dios, arreglada como una novia que se adorna para su esposo.

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Oración Colecta

Señor, tú que edificas el templo de tu gloria con piedras vivas y elegidas, multiplica en tu Iglesia los dones del Espíritu Santo a fin de que tu pueblo crezca siempre para edificación de la Jerusalén celeste.

Por nuestro Señor Jesucristo…

Amén.


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Primera Lectura

Lectura del libro del Apocalipsis 21,9b-14

El Ángel me habló así: «Ven acá, voy a mostrarte a la novia, a la esposa del Cordero.»

Me transportó en éxtasis a un monte altísimo, y me enseño la Ciudad santa, Jerusalén, que bajaba del cielo, enviada por Dios, trayendo la gloria de Dios. Brillaba como una piedra preciosa, como jaspe traslúcido. Tenía una muralla grande y alta, y doce puertas custodiadas por doce ángeles, en las que estaban escritos los nombres de las doce tribus de Israel. Tres puertas daban al este, tres al norte, tres al sur y tres al oeste. La muralla tenía doce basamentos que llevaban doce nombres: los nombres de los apóstoles del Cordero.

Palabra de Dios.

Salmo Responsorial Sal 121, 1-2.3-4.8.9



In domum Dómini laetantes íbimus

Vamos alegres a la casa del Señor

Qué alegría cuando me dijeron:

vamos a la casa del Señor.

Ya están pisando nuestros pies

tus umbrales, Jerusalén.

In domum Dómini laetantes íbimus
Vamos alegres a la casa del Señor

Jerusalén está fundada

como ciudad bien compacta.

Allá suben las tribus,

las tribus del Señor.

In domum Dómini laetantes íbimus
Vamos alegres a la casa del Señor

Por mis hermanos y compañeros

voy a decir: "La paz contigo".

Por la casa del Señor, nuestro Dios,

te deseo todo bien.

In domum Dómini laetantes íbimus

Vamos alegres a la casa del Señor

Segunda lectura

Lectura de la primera carta del Apóstol San Pablo a los Corintios

1 Corintios 3,9c-11.16-17

Vosotros sois campo de Dios, edificación de Dios.

Conforme a la gracia de Dios que me fue dada, yo, como buen arquitecto, puse el cimiento, y otro construye encima. ¡Mire cada cual cómo construye!

Pues nadie puede poner otro cimiento que el ya puesto, Jesucristo.

¿No sabéis que sois santuario de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros?

Si alguno destruye el santuario de Dios, Dios le destruirá a él; porque el santuario de Dios es sagrado, y vosotros sois ese santuario.

Lectura del Santo Evangelio según San Juan

(Juan 2,13-22)

Se acercaba la Pascua de los judíos y Jesús subió a Jerusalén.

Y encontró en el Templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas en sus puestos. Haciendo un látigo con cuerdas, echó a todos fuera del Templo, con las ovejas y los bueyes; desparramó el dinero de los cambistas y les volcó las mesas; y dijo a los que vendían palomas: «Quitad esto de aquí. No hagáis de la Casa de mi Padre una casa de mercado.»

Sus discípulos se acordaron de que estaba escrito: El celo por tu Casa me devorará.

Los judíos entonces le replicaron diciéndole: «Qué señal nos muestras para obrar así?»

Jesús les respondió: «Destruid este Santuario y en tres días lo levantaré.»

Los judíos le contestaron: «Cuarenta y seis años se han tardado en construir este Santuario, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?»

Pero él hablaba del Santuario de su cuerpo. Cuando resucitó, pues, de entre los muertos, se acordaron sus discípulos de que había dicho eso, y creyeron en la Escritura y en las palabras que había dicho Jesús.

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Oración sobre las Ofrendas

Acepta, Señor, nuestras ofrendas y concede a tu pueblo, unido en la plegaria, recibir la gracia de estos sacramentos y el fruto de sus ruegos y deseos.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Amén.

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Prefacio

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.

Porque te has dignado habitar en toda casa consagrada a la oración, para hacer de nosotros, con la ayuda constante de tu gracia, templos del Espíritu Santo, resplandecientes por la santidad de vida.

Con tu acción constante, Señor, santificas a la Iglesia, esposa de Cristo, simbolizada en edificios visibles, para que así, como madre gozosa por la multitud de sus hijos, pueda ser representada en la gloria de tu reino.

Por eso, con todos los ángeles y santos, te alabamos proclamando sin cesar:

Santo, Santo, Santo…

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Antífona de la Comunión

Tanquam lápides vivi superaedificámini, domus spiritális, sacerdotium sanctum.
Vosotros, como piedras vivas, entráis en la construcción del templo del Espíritu formando un sacerdocio sagrado.


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Oración después de la Comunión

Señor y Dios nuestro, que has querido hacer de la Iglesia signo temporal de la Jerusalén del cielo; concede a tus siervos, por la participación en este sacramento, ser transformados en templos del Espíritu y entrar en el reino de tu gloria.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Amén.


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