COMENTARIO
La circuncisión se practicaba en los pueblos semitas como rito de iniciación a la madurez. Entre los israelitas se realiza al octavo día del nacimiento y tiene un sentido eminentemente religioso, como signo distintivo de la pertenencia al pueblo de Dios (cfr nota a Gn 17,10-14 y Lv 12,1-4). Estar circuncidado es una de las condiciones que se imponen explícitamente para poder celebrar la Pascua (Ex 12,43-49).
La explicación que se da en el texto sagrado sobre la circuncisión del pueblo en Guilgal —el retraso que se había producido en la circuncisión de los varones nacidos en el desierto— es plausible. Sin embargo, el hecho de que la circuncisión tenga lugar en este momento adquiere un profundo significado: es un modo de hacer notar que ese pueblo que llega a las puertas de la tierra prometida ha alcanzado su madurez después de su larga peregrinación por el desierto. Israel es realmente, después de la Alianza del Sinaí, un pueblo que pertenece a Dios.