COMENTARIO
La propuesta del rey fue aprobada de buen grado por «toda la asamblea», es decir, por el pueblo considerado como comunidad cultual (v. 4). De esta manera se pone de relieve que el traslado del Arca no es un acto social o político, sino estrictamente religioso. El Arca, el objeto más sagrado del culto premonárquico, era un cofre rectangular, de madera de acacia y recubierto de oro por dentro y por fuera (cfr nota a Ex 25,10-22). Entre otras denominaciones recibía la de «Arca de Dios», pues representaba la presencia de Dios entre su pueblo. Aunque el Cronista no oculta que el trato irrespetuoso del Arca puede acarrear incluso la muerte, como le sucedió a Uzá (v. 10; cfr nota a 2 S 6,1-23), sin embargo, en este libro termina el relato de forma positiva, con la bendición divina sobre Obededom y sus posesiones (v. 14).