Dia 2/02 Presentación del Señor
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iOh Dios!, hemos recibido tu misericordia en medio de tu templo. Como tu renombre, ioh Dios! , tu alabanza llega al confín de la tierra; tu diestra esta llena de justicia.
Suscepimus, Deus, misericordiam tuam in medio templi tui. Secundum nomen tuum, Deus, ita et laus tua in fines terræ iustitia plena est dextera tua
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Oración Colecta
Oremos: Dios todopoderoso y eterno, mira a tus fieles reunidos hoy para celebrar la Presentación en el templo de tu Hijo Jesucristo, y concédenos que podamos presentarnos ante ti plenamente renovados en el espíritu.
Por nuestro Señor Jesucristo.
Amén.
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Primera Lectura
Lectura del libro del profeta Malaquías 3, 1-4
Así dice el Señor: «Mirad, yo envío a mi mensajero, para que prepare el camino ante mí. De pronto entrará en el santuario el Señor a quien vosotros buscáis, el mensajero de la alianza que vosotros deseáis. Miradlo entrar –dice el Señor de los ejércitos–. ¿Quién podrá resistir el día de su venida?, ¿quién quedará en pie cuando aparezca? Será un fuego de fundidor, una lejía de lavandero: se sentará como un fundidor que refina la plata, como a plata y a oro refinará a los hijos de Leví, y presentarán al Señor la ofrenda como es debido. Entonces agradará al Señor la ofrenda de Judá y de Jerusalén, como en los días pasados, como en los años antiguos.»
Palabra de Dios.
Salmo Responsorial
El Señor, Dios de los ejércitos, es el Rey de la gloria.
Dominus Virtutum ipse est rex gloriæ
¡Puertas, abriros de par en par; agrandaos, portones eternos: porque va a entrar el rey de la gloria!
El Señor, Dios de los ejércitos, es el Rey de la gloria.
Dominus Virtutum ipse est rex gloriæ
Y ¿quién es el rey de la gloria? Es el Señor, fuerte y poderoso, el Señor, poderoso en la batalla.
El Señor, Dios de los ejércitos, es el Rey de la gloria.
Dominus Virtutum ipse est rex gloriæ
Y ¿quién es el rey de la gloria? El Señor, Dios de los ejércitos, es el rey de la gloria.
El Señor, Dios de los ejércitos, es el Rey de la gloria.
Dominus Virtutum ipse est rex gloriæ
Segunda Lectura
Lectura de la carta a los Hebreos 2, 14-18
Los hijos de una familia son todos de la misma carne y sangre, y de nuestra carne y sangre participó también Jesús; así, muriendo, aniquiló al que tenía el poder de la muerte, es decir, al diablo, y liberó a todos los que por miedo a la muerte pasaban la vida entera como esclavos. Notad que tiende una mano a los hijos de Abrahán, no a los ángeles. Por eso tenía que parecerse en todo a sus hermanos, para ser sumo sacerdote compasivo y fiel en lo que a Dios se refiere, y expiar así los pecados del pueblo. Como él ha pasado por la prueba del dolor, puede auxiliar a los que ahora pasan por ella.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.
Lumen ad revelationem gentium, et gloriam plebis tuæ Israel
Aleluya.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 2, 22-40 (o bien, forma breve)
Gloria a ti, Señor.
Cuando llegó el tiempo de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén, para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo primogénito varón será consagrado al Señor», y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones». Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo moraba en él. Había recibido un oráculo del Espíritu Santo: que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo. Cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo previsto por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo:
–Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.
Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño. Simeón los bendijo, diciendo a María, su madre:
–Mira, éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada te traspasará el alma.
Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana; de jovencita había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo día y noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Acercándose en aquel momento, daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén. Y, cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
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† Lectura del santo evangelio según san Lucas 2, 22-32
Cuando llegó el tiempo de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén, para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo primogénito varón será consagrado al Señor», y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones».
Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo moraba en él. Había recibido un oráculo del Espíritu Santo: que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo.
Cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo previsto por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo:
–Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Se dice "Credo".
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Que te sea agradable, Señor, el sacrificio de tu Hijo único, el Cordero sin mancha que tú quieres que la Iglesia te ofrezca por la salvación del mundo.
Por Jesucristo nuestro Señor.
Amén.
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Prex Eucharistica |
Plegaria Eucarística |
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Dominus vobiscum. |
El Señor esté con vosotros |
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Et cum spiritu tuo. |
Y con tu espíritu |
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Sursum corda. |
Levantemos el corazón |
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Habemus ad Dominum |
Lo tenemos levantado hacia el Señor |
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Gratias agamus Domino Deo nostro. |
Demos gracias al Señor, nuestro Dios |
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Dignum et iustum est. |
Es justo y necesario |
Prefacio
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno.
Porque hoy, tu Hijo es presentado en el templo y es proclamado por el Espíritu: Gloria de Israel y luz de las naciones.
Por eso nosotros, al venir hoy llenos de júbilo al encuentro del Salvador, te alabamos con los ángeles y los santos cantando sin cesar:
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Mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos.
Viderunt oculi mei salutare tuum, quod parasti ante faciem ómnium populorum
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Oración Después de la Comunión
Oremos: Señor, tú que colmaste las esperanzas del anciano Simeón de no morir antes de ver al Mesías; completa en nosotros la obra de tu gracia por medio de esta comunión, para que sepamos buscar siempre a Cristo en esta vida y podamos llegar a contemplarlo en la eternidad. El, que vive y reina por los siglos de los siglos.
Amén.