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El Señor probó a sus elegidos como oro en el crisol y los aceptó como sacrificio de holocausto; y en el tiempo de la prueba les mirará, porque los elegidos de Dios recibirán el don de la paz.
Tamquam aurum in fornace probavit electos Dóminus, et quasi holocausto hostiam accepit illos; et in témpore erit respectus illorum: quoniam donum et pax erit electis Dei
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Oremos:
Señor, Dios nuestro, que has dado abundancia de gracia a tus santos Carlos Luanga y compañeros para hacerles llegar a la gloria del martirio; concédenos, por intercesión de su mérito, el perdón de nuestros pecados y tu ayuda en todas las adversidades.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
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Estamos dispuestos a morir, antes que quebrantar las leyes de nuestros padres
Lectura del segundo libro de los Macabeos
7, 1-2.9-14
En aquellos días, arrestaron a siete hermanos junto con su madre. El rey, Antíoco Epifanes, los hizo azotar para obligarlos a comer carne de cerdo, prohibida por la ley. Uno de ellos, hablando en nombre de todos, dijo: "¿Qué quieres saber de nosotros? Estamos dispuestos a morir antes que quebrantar la ley de nuestros padres". (El rey se enfureció y lo mandó matar). Cuando el segundo de ellos estaba para morir, le dijo al rey: "Asesino, tú nos arrancas la vida Presente, pero el rey del universo nos resucitará a una vida eterna, puesto que morimos por fidelidad a sus leyes" Después comenzaron a burlarse del tercero. Presentó la lengua como se lo exigieron, extendió las manos con firmeza y declaró confiadamente: "De Dios recibí estos miembros y por amor a su ley los desprecio, y de él espero recobrarlos". El rey y sus acompañantes quedaron impresionados por el valor con que aquel muchacho depreciaba los tormentos. Una vez muerto éste, sometieron al cuarto a torturas semejantes. Estando ya para espirar, dijo: "Vale la pena morir a manos de los hombres, cuando se tiene la firme esperanza de que Dios nos resucitará tú, en cambio, no resucitarás para la vida".
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Del salmo 123
Nuestra alma se salvó como un ave de la trampa del cazador.
Anima nostra sicut passer erepta est de laqueo venantium
De no estar el Señor de nuestra parte cuando nos perseguían nos habrían ahí tragado vivos; contra nosotros tanto ardía su ira.
Nuestra alma se salvó como un ave de la trampa del cazador.
Anima nostra sicut passer erepta est de laqueo venantium
Las aguas nos habrían arrollado, nos habría el torrente sumergido; tragado nos habría el turbulento río.
Nuestra alma se salvó como un ave de la trampa del cazador.
Anima nostra sicut passer erepta est de laqueo venantium
Las redes se rompieron y escapamos de ellas. Nuestra ayuda nos viene del Señor que hizo el cielo y la tierra.
Nuestra alma se salvó como un ave de la trampa del cazador.
Anima nostra sicut passer erepta est de laqueo venantium
Aleluya, aleluya.
Dichosos los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos.
Beati pauperes spiritu, quoniam ipsorum est regnum caelorum
Aleluya.
Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo
† Lectura del santo Evangelio según san Mateo 5, 1-12
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, al ver Jesús a las multitudes, subió al monte; se sentó y se le acercaron sus discípulos; y abriendo su boca les enseñaba diciendo: Bienaventurados los pobres de espíritu, porque suyo es el Reino de los Cielos. Bienaventurados los que lloran, porque serán consolados. Bienaventurados los mansos, porque heredarán la tierra. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque quedarán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque alcanzarán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque verán a Dios. Bienaventurados los pacíficos, porque serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque suyo es el Reino de los Cielos. Bienaventurados cuando os injurien, os persigan y, mintiendo, digan contra vosotros todo tipo de maldad por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
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Te presentamos, Señor, nuestras ofrendas y te suplicamos humildemente que, así como tus mártires prefirieron morir antes que pecar, nosotros vivamos consagrados a ti sobre todas las cosas y entregados a servirte en el altar.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
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Ejemplaridad del martirio
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
Porque la sangre de los gloriosos mártires Carlos Luanga y compañeros, derramada, como la de Cristo, para confesar tu nombre, manifiesta las maravillas de tu poder; pues en su martirio, Señor, has sacado fuerza de lo débil, haciendo de la fragilidad tu propio testimonio, por Cristo, Señor nuestro.
Por eso, como los ángeles te cantan en el cielo, así nosotros en la tierra te aclamamos diciendo sin cesar:
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La muerte de los santos es ofrenda delante del Señor
Pretiosa in conspectu Dómini; mors sanctorum eius
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Oremos:
Recordando la victoria de san Carlos Luanga y de sus compañeros hemos recibido, Señor, los sacramentos que nos salvan; concédenos ahora que, así como tus mártires encontraron fortaleza en la Eucaristía para soportar los tormentos, encontremos nosotros en ella la fuerza necesaria para vivir en fe y en caridad en medio de las pruebas de este mundo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén