Durante el Sábado Santo la Iglesia permanece junto al sepulcro del Señor, meditando su pasión y su muerte, y se abstiene del sacrificio de la misa, quedando el altar desnudo por ello hasta que, después de la vigilia solemne o espera nocturna de la Resurrección, se desborde la alegría pascual, cuya exuberancia inunda los cincuenta días siguientes. Hoy no puede darse la sagrada comunión más que como viático.
1. Según una tradición muy antigua, ésta es noche de vigilia ante el Señor (Ex 12,42), de tal modo que, teniendo presente la exhortación evangélica (Lc 12, 35 ss), las velas estén encendidas en las manos de los fieles, para que se asemejen a quienes esperan el regreso del Señor, y así, cuando venga, los encuentre vigilantes y los haga sentar a su mesa.
2. La Vigilia se desarrolla de la siguiente manera: después del breve lucernario (primera parte de la Vigilia), la santa Iglesia medita los portentos que obró desde el principio el Señor Dios con su pueblo, que confiaba en su Palabra y en su promesa (segunda parte o liturgia de la palabra); luego, al acercarse el día de la resurrección, junto con los nuevos hijos nacidos por el bautismo (tercera parte), es invitada a la mesa que el Señor ha preparado para su pueblo por medio de su muerte y resurrección (cuarta parte).
3. Toda la celebración de la Vigilia Pascual se desarrolla durante la noche, de modo que no debe comenzar antes del principio de la noche, ni terminar antes del alba del domingo.
4. La misa de la noche, aunque se celebre antes de la media noche, es la misa pascual del Domingo de Resurrección. Los fieles que participan en la misa de Vigilia, pueden comulgar también en la misa diurna de Pascua.
5. El que celebra o concelebra la misa de Vigilia, puede también celebrar o concelebrar la misa diurna de Pascua.
6. El celebrante y los ministros se revisten con los ornamentos blancos de la misa.
Prepárense velas para todos los que participan en la Vigilia.
7. Se apagan las luces de la iglesia. En un lugar adecuado fuera de la iglesia, se enciende el fuego. Allí se congrega el pueblo y allí va el celebrante con los ministros, uno de los cuales lleva el cirio. Cuando no se puede encender el fuego fuera de la iglesia, el rito se acomoda a las circunstancias.
8. El celebrante saluda, como de costumbre, al pueblo congregado y le hace una breve exhortación, con estas palabras u otras semejantes:
Hermanos: en esta noche santa, en que nuestro Señor Jesucristo pasó de la muerte a la vida, la Iglesia invita a todos sus hijos, diseminados por el mundo, a que se reúnan para velar en oración. Si conmemoramos así la Pascua del Señor, escuchando su palabra y participando en sus sacramentos, podremos esperar tener parte en su triunfo sobre la muerte y vivir con él siempre en Dios.
9. Seguidamente se bendice el fuego.
Oremos:
Dios nuestro, que por medio de tu Hijo has comunicado el fuego de tu luz: bendice † este fuego, y concédenos que la celebración de estas fiestas pascuales encienda en nosotros el deseo del cielo, para que podamos llegar con el espíritu renovado a la fiesta de la eterna luz.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Del fuego nuevo se enciende el cirio pascual.
10. Bendecido el nuevo fuego, un acólito o uno de los ministros lleva el cirio pascual ante el celebrante, que con un punzón graba la cruz en el mismo cirio. Después hace sobre él la letra griega alfa, y debajo la letra omega, y entre los brazos de la cruz los números que expresan el año en curso, mientras dice:
1. Cristo ayer y hoy. (Traza la línea vertical.)
2. Principio y fin. (Traza la línea horizontal.)
3. Alfa. (Traza la letra alfa arriba de la línea vertical.)
4. Y omega. (Traza la letra omega debajo de la línea vertical.)
5. Suyo es el tiempo. (Traza el primer número del año en curso en el ángulo superior izquierdo de la cruz.)
6. Y la eternidad. (Traza el segundo número del año en el ángulo superior derecho.)
7. A Él la gloria y el poder. (Traza el tercer número del año en el ángulo inferior izquierdo.)
8. Por los siglos de los siglos.
Amén.
(Traza el cuarto número del año en el ángulo inferior derecho.)
11. Después de haber trazado la cruz y los otros signos, el celebrante incrusta en el cirio cinco granos de incienso, en forma de cruz, mientras dice:
1. Por sus llagas
2. Santas y gloriosas
3. Nos proteja
4. Y nos guarde
5. Jesucristo nuestro Señor.
Amén.
12. El celebrante enciende el cirio pascual con el fuego nuevo, diciendo:
La luz de Cristo, que resucita glorioso, disipe las tinieblas del corazón y del espíritu.
13. Cuando por dificultades no puede encenderse una hoguera, la bendición del fuego se acomoda a las circunstancias.
14. Seguidamente el diácono o -en su defecto- el celebrante toma el cirio pascual y, teniéndolo elevado, canta él solo:
Luz de Cristo.
Y todos responden:
Demos gracias a Dios.
Deo Gratias
15. Después todos entran en la iglesia, precediéndoles el diácono o el celebrante con el cirio pascual. Si se emplea el incienso, entonces el turiferario va antes. A la puerta de la iglesia, el diácono o el celebrante, de pie y elevando el cirio, canta de nuevo:
Luz de Cristo.
Y todos responden:
Demos gracias a Dios.
Deo Gratias
Y encienden sus velas de la llama del cirio pascual, y avanzan. El diácono o el celebrante, cuando hubiese llegado ante el altar, de pie y vuelto al pueblo, canta por tercera vez:
Luz de Cristo.
Y todos responden:
Demos gracias a Dios.
Deo Gratias
Y se encienden las luces de la iglesia.
16. Cuando el celebrante ha llegado al altar, va a su sede. El diácono o él mismo pone el cirio pascual sobre el candelabro colocado en medio del presbiterio o junto al ambón; seguidamente, una vez puesto el incienso -si se trata del diácono- pide y recibe la bendición del celebrante, que dice en voz baja:
El Señor esté en tu corazón y en tus labios, para que puedas anunciar dignamente su pregón pascual, en el nombre del Padre y del Hijo † y del Espíritu Santo.
Amén.
Esta bendición se omite, si el pregón pascual es anunciado por alguien que no sea diácono. Si se usa el incienso, el diácono o, en su defecto, el sacerdote, inciensa el libro y el cirio. Luego proclama el pregón pascual desde el ambón o desde el púlpito. Todos permanecen de pie, teniendo en sus manos las velas encendidas. El pregón pascual puede ser proclamado, en caso de necesidad, por un cantor que no sea diácono. En este caso, el cantor omite desde las palabras Por eso, queridos hermanos, hasta el final del invitatorio El resplandor de su luz, así como el saludo El Señor esté con vosotros. El pregón puede cantarse también en su forma breve. Las Conferencias Episcopales pueden adaptar el pregón intercalando en él alguna aclamación del pueblo
17. El diácono o el celebrante, una vez incensados el libro y el cirio, anuncia el pregón pascual en el ambón, estando todos de pie y con las velas encendidas en las manos.
18. Pregón Pascual. Forma Larga (Ir a Forma breve)
Alégrense por fin los coros de los ángeles, alégrense las jerarquías del cielo, y, por la victoria de Rey tan poderoso, que las trompetas anuncien la salvación.
Goce también la tierra, inundada de tanta claridad, y que, radiante con el fulgor del Rey eterno, se sienta libre de la tiniebla que cubría el orbe entero.
Alégrese también nuestra madre la Iglesia, revestida de luz tan brillante; resuene este templo con las aclamaciones del pueblo.
Por eso, queridos hermanos, que asisten a la admirable claridad de esta luz santa, invoquen conmigo la misericordia de Dios omnipotente, para que Aquél que, sin mérito mío, me agregó al número de sus sacerdotes, infundiendo el resplandor de su luz, me ayude a cantar las alabanzas de este cirio.
V. El Señor esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu.
V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.
Las fiestas pascuales
En verdad es justo y necesario, aclamar con nuestras voces y con todo el afecto del corazón a Dios invisible, el Padre todopoderoso, y a su único Hijo, nuestro Señor Jesucristo.
Porque él ha pagado por nosotros al eterno Padre la deuda de Adán y, derramando su sangre, canceló la condena del antiguo pecado.
Porque éstas son las fiestas de Pascua, en las que se inmola el verdadero Cordero, cuya sangre consagra las puertas de los fieles.
Esta es la noche en que sacaste de Egipto a los israelitas, nuestros padres, y los hiciste pasar a pie el mar Rojo.
Esta es la noche en que la columna de fuego esclareció en las tinieblas del pecado.
Esta es la noche en la que, los que creen en Cristo por toda la tierra, son arrancados de los vicios del mundo y de la oscuridad del pecado, son restituidos a la gracia y son agregados a los santos.
Esta es la noche en que, rotas las cadenas de la muerte, Cristo asciende victorioso del abismo.
¿De qué nos serviría haber nacido si no hubiéramos sido rescatados? ¡Qué asombroso beneficio de tu amor por nosotros!
¡Qué incomparable ternura y caridad! ¡Para rescatar al esclavo, entregaste al Hijo!
Necesario fue el pecado de Adán, que ha sido borrado por la muerte de Cristo. ¡Feliz la culpa que mereció tal redentor!
¡Qué noche tan dichosa! Sólo ella conoció el momento que Cristo resucitó de entre los muertos.
Esta es la noche de la que estaba escrito: "Será la noche clara como el día, la noche iluminada por mi gozo". Y así, esta noche santa ahuyenta los pecados, lava las culpas, devuelve la inocencia a los caídos, expulsa el odio, trae la concordia, doblega a los poderosos.
En esta noche de gracia, acepta, Padre santo, este sacrificio vespertino de alabanza, que la santa Iglesia te ofrece en la solemne ofrenda de este cirio, hecho con cera de abejas.
Sabemos ya lo que anuncia esta columna de fuego, ardiendo en llama viva para la gloria de Dios. Y aunque distribuye su luz, no mengua al repartirla, porque se alimenta de esta cera fundida que elaboró la abeja fecunda para hacer esta lámpara preciosa. ¡Qué noche tan dichosa en que se une el cielo con la tierra, lo humano con lo divino!
Te rogamos, Señor, que este cirio, consagrado a tu nombre, para destruir la oscuridad de esta noche y, aceptado como perfume, se asocie a las lumbreras del cielo.
Que el lucero matinal lo encuentre ardiendo, ese lucero que no conoce ocaso y es Jesucristo, tu Hijo resucitado, que, al salir del sepulcro, brilla sereno para el linaje humano, y vive y reina glorioso por los siglos de los siglos.
Amén.
[seguir]
Forma breve del pregón pascual
Exulten por fin los coros de los ángeles, alégrense las jerarquías del cielo y, por la victoria de rey tan poderoso, que las trompetas anuncien la salvación. Goce también la tierra, inundada de tanta claridad, y que, radian con el fulgor del rey eterno, se sienta libre de la tiniebla que cubría el orbe entero. Alégrese también nuestra madre la Iglesia revestida de luz tan brillante; resuene este templo con las aclamaciones del pueblo.
V. El Señor esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu.
V Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.
En verdad es justo y necesario aclamar con nuestras voces y con todo el afecto del corazón a Dios invisible, el Padre todopoderoso, y a su único Hijo, nuestro Señor Jesucristo. Porque él ha pagado por nosotros al eterno Padre la deuda de Adán y, derramando su sangre, canceló el recibo del antiguo pecado. Porque éstas son las fiestas de Pascua, en las que se inmola el verdadero Cordero, cuya sangre consagra las puertas de los fieles. Ésta es la noche en que sacaste de Egipto a los israelitas, nuestros padres, y los hiciste pasar a pie el mar Rojo. Ésta es la noche en que la columna de fuego esclareció las tinieblas del pecado. Esta es la noche en que, por toda la tierra, los que confiesan su fe en Cristo son arrancados de los vicios del mundo y de la oscuridad del pecado, son restituidos a la gracia y son agregados a los santos. Ésta es la noche en que, rotas las cadenas de la muerte, Cristo asciende victorioso del abismo. ¡Que asombroso beneficio de tu amor por nosotros! ¡Qué incomparable ternura y caridad! ¡Para rescatar al esclavo entregaste al Hijo! Necesario fue el pecado de Adán, que ha sido borrado por la muerte de Cristo. ¡Feliz la culpa que mereció tal Redentor! Y así, esta noche santa ahuyenta los pecados, lava las culpas, devuelve la inocencia a los caídos, la alegría a los tristes. ¡Qué noche tan dichosa, en que se une el cielo con la tierra, lo humano con lo divino! En esta noche de gracia, acepta, Padre santo, el sacrificio vespertino de alabanza, que la santa Iglesia te ofrece por medio de sus ministros en la solemne ofrenda de este cirio, hecho con cera de abejas. Te rogamos, Señor, que este cirio, consagrado a tu nombre, arda sin apagarse para destruir la oscuridad de esta noche, y, como ofrenda agradable, se asocie a las lumbreras del cielo. Que el lucero matinal lo encuentre ardiendo, ese lucero que no conoce ocaso y es Cristo, tu Hijo resucitado, que al salir del sepulcro, brilla sereno para el linaje humano, y vive y reina glorioso por los siglos de los siglos.
R. Amén.
19. En esta vigilia, "Madre de todas las vigilias", se proponen nueve lecturas: siete del Antiguo Testamento y dos del Nuevo (epístola y evangelio).
20. Por causas pastorales puede reducirse el número de lecturas del Antiguo Testamento. Pero siempre téngase en cuenta que la lectura de la Palabra es uno de los elementos fundamentales de esta Vigilia Pascual. Se leen, por lo menos, tres lecturas del Antiguo Testamento, que en casos muy especiales pueden reducirse a dos. Nunca puede omitirse el relato del capítulo 14 del Exodo (lectura tercera).
En lugar de decir el salmo responsorial, se puede guardar un breve espacio de silencio para hacer oración. En este caso, se omite la pausa después del Oremos.
21. Apagadas las velas, todos se sientan. Antes de comenzar las lecturas, el celebrante exhorta al pueblo con estas palabras:
Hermanos: Con el pregón solemne de la Pascua, hemos entrado ya en la noche santa de la resurrección del Señor. Escuchemos, en silencio meditativo, la palabra de Dios. Recordemos las maravillas que Dios ha realizado para salvar al primer Israel, y cómo en el avance continuo de la historia de la salvación, al llegar los últimos tiempos, envió al mundo a su Hijo, para que, con su muerte y resurrección, salvara a todos los humanos.
Mientras contemplamos la gran trayectoria de esta historia santa, oremos intensamente, para que el designio de salvación universal, que Dios inició con Israel, llegue a su plenitud y alcance a toda la humanidad por el misterio de la resurrección de Jesucristo.
22. Después siguen las lecturas. El lector se dirige al ambón y lee la primera. Seguidamente el cantor dice el salmo, proclamando el pueblo la respuesta. Acabado el salmo, todos se levantan y el celebrante dice: "Oremos", y, después que todos han orado en silencio durante algún tiempo, dice la oración.
Vio Dios todo lo que había hecho y lo encontró muy bueno
Lectura del libro del Génesis
1, 1-31; 2, 1-2
Al principio creó Dios el cielo y la tierra. La tierra era un caos informe; sobre la faz del abismo, la tiniebla. Y el aliento de Dios se cernía sobre la faz de las aguas.
Y dijo Dios:
–«Que exista la luz.»
Y la luz existió.
Y vio Dios que la luz era buena. Y separó Dios la luz de la tiniebla; llamó Dios a la luz «Día»; a la tiniebla, «Noche».
Pasó una tarde, pasó una mañana: el día primero.
Y dijo Dios:
–«Que exista una bóveda entre las aguas, que separe aguas de aguas. »
E hizo Dios una bóveda y separó las aguas de debajo de la bóveda de las aguas de encima de la bóveda.
Y así fue.
Y llamó Dios a la bóveda «Cielo».
Pasó una tarde, pasó una mañana: el día segundo.
Y dijo Dios:
–«Que se junten las aguas de debajo del cielo en un solo sitio, y que aparezcan los continentes.»
Y así fue.
Y llamó Dios a los continentes «Tierra», y a la masa de las aguas la llamó «Mar».
Y vio Dios que era bueno.
Y dijo Dios:
–«Verdee la tierra hierba verde que engendre semilla, y árboles frutales que den fruto según su especie y que lleven semilla sobre la tierra. »
Y así fue.
La tierra brotó hierba verde que engendraba semilla según su especie, y árboles que daban fruto y llevaban semilla según su especie.
Y vio Dios que era bueno.
Pasó una tarde, pasó una mañana: el día tercero.
Y dijo Dios:
–«Que existan lumbreras en la bóveda del cielo, para separar el día de la noche, para señalar las fiestas, los días y los años; y sirvan de lumbreras en la bóveda del cielo, para dar luz sobre la tierra. »
Y así fue.
E hizo Dios dos lumbreras grandes: la lumbrera mayor para regir el día, la lumbrera menor para regir la noche, y las estrellas. Y las puso Dios en la bóveda del cielo, para dar luz sobre la tierra; para regir el día y la noche, para separar la luz de la tiniebla.
Y vio Dios que era bueno.
Pasó una tarde, pasó una mañana: el día cuarto.
Y dijo Dios:
–«Pululen las aguas un pulular de vivientes, y pájaros vuelen sobre la tierra frente a la bóveda del cielo.»
Y creó Dios los cetáceos y los vivientes que se deslizan y que el agua hizo pulular según sus especies, y las aves aladas según sus especies.
Y vio Dios que era bueno.
Y Dios los bendijo, diciendo:
–«Creced, multiplicaos, llenad las aguas del mar; que las aves se multipliquen en la tierra.»
Pasó una tarde, pasó una mañana: el día quinto.
Y dijo Dios:
–«Produzca la tierra vivientes según sus especies: animales domésticos, reptiles y fieras según sus especies.»
Y así fue.
E hizo Dios las fieras según sus especies, los animales domésticos según sus especies y los reptiles según sus especies.
Y vio Dios que era bueno.
Y dijo Dios:
–«Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza; que domine los peces del mar, las aves del cielo, los animales domésticos, los reptiles de la tierra.»
Y creó Dios al hombre a su imagen; a imagen de Dios lo creó; hombre y mujer los creó.
Y los bendijo Dios y les dijo:
–«Creced, multiplicaos, llenad la tierra y sometedla; dominad los peces del mar, las aves del cielo, los vivientes que se mueven sobre la tierra.»
Y dijo Dios:
–«Mirad, os entrego todas las hierbas que engendran semilla sobre la faz de la tierra; y todos los árboles frutales que engendran semilla os servirán de alimento; y a todas las fieras de la tierra, a todas las aves del cielo, a todos los reptiles de la tierra, a todo ser que respira, la hierba verde les servirá de alimento. »
Y así fue.
Y vio Dios todo lo que había hecho; y era muy bueno.
Pasó una tarde, pasó una mañana: el día sexto.
Y quedaron concluidos el cielo, la tierra y sus ejércitos.
Y concluyó Dios para el día séptimo todo el trabajo que había hecho; y descansó el día séptimo de todo el trabajo que había hecho.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Sal 103, 1-2a.5-6.10.12.13-14.24
Envía tu espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.
Emitte spiritum tuum, Dómine, et rénova fáciem terram
Bendice al Señor, alma mía; Señor y Dios mío, inmensa es tu grandeza. Te vistes de belleza y majestad, la luz te envuelve como un manto.
Envía tu espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.
Emitte spiritum tuum, Dómine, et rénova fáciem terram
Sobre bases inconmovibles asentaste la tierra para siempre. Con un vestido de mares la cubriste y las aguas en las montañas concentraste.
Envía tu espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.
Emitte spiritum tuum, Dómine, et rénova fáciem terram
En los valles haces brotar las fuentes, que van corriendo entre montañas; junto a ellas vienen a vivir las aves, y entre las ramas cantan.
Envía tu espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.
Emitte spiritum tuum, Dómine, et rénova fáciem terram
Desde tu cielo riegas los montes y sacias la tierra del fruto de tus manos; haces brotar hierba para los ganados y pasto para los que sirven al hombre.
Envía tu espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.
Emitte spiritum tuum, Dómine, et rénova fáciem terram
¡Qué numerosas son tus obras, Señor, y todas las hiciste con maestría!; la tierra está llena de tus criaturas.
Envía tu espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra
Emitte spiritum tuum, Dómine, et rénova fáciem terram
Oremos: Dios todopoderoso y eterno, admirable siempre en tus obras; que tus redimidos comprendan cómo la creación del mundo en el comienzo de los siglos no fue obra de mayor grandeza que el sacrificio pascual de Cristo en la plenitud de los tiempos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
El sacrificio de nuestro patriarca Abrahán
Lectura del libro del Génesis
22, 1-2.9a.-13.15-18
En aquellos días, Dios puso a prueba a Abrahán, llamándole:
–«¡Abrahán! »
Él respondió:
–«Aquí me tienes.»
Dios le dijo:
–«Toma a tu hijo único, al que quieres, a Isaac, y vete al país de Moria y ofrécemelo allí en sacrificio en uno de los montes que yo te indicaré. »
Abrahán madrugó, aparejó el asno y se llevó consigo a dos criados y a su hijo Isaac; cortó leña para el sacrificio y se encaminó al lugar que le había indicado Dios.
El tercer día levantó Abrahán los ojos y descubrió el sitio de lejos. Y Abrahán dijo a sus criados:
–«Quedaos aquí con el asno; yo con el muchacho iré hasta allá para adorar, y después volveremos con vosotros.»
Abrahán tomó la leña para el sacrificio, se la cargó a su hijo Isaac, y él llevaba el fuego y el cuchillo. Los dos caminaban juntos.
Isaac dijo a Abrahán, su padre:
–«Padre.»
El respondió:
–«Aquí estoy, hijo mío.»
El muchacho dijo:
–«Tenemos fuego y leña, pero, ¿dónde está el cordero para el sacrificio?»
Abrahán contestó:
–«Dios proveerá el cordero para el sacrificio, hijo mío.»
Y siguieron caminando juntos.
Cuando llegaron al sitio que le había dicho Dios, Abrahán levantó allí el altar y apiló la leña, luego ató a su hijo Isaac y lo puso sobre el altar, encima de la leña. Entonces Abrahán tomó el cuchillo para degollar a su hijo; pero el ángel del Señor le gritó desde el cielo:
–«¡Abrahán, Abrahán!»
Él contestó:
–«Aquí me tienes.»
El ángel le ordenó:
–«No alargues la mano contra tu hijo ni le hagas nada. Ahora sé que temes a Dios, porque no te has reservado a tu hijo, tu único hijo.»
Abrahán levantó los ojos y vio un carnero enredado por los cuernos en la maleza. Se acercó, tomó el carnero y lo ofreció en sacrificio en lugar de su hijo.
Abrahán llamó aquel sitio «El Señor ve», por lo que se dice aún hoy «El monte del Señor ve».
El ángel del Señor volvió a gritar a Abrahán desde el cielo:
–«Juro por mí mismo –oráculo del Señor–: Por haber hecho
esto, por no haberte reservado tu hijo único, te bendeciré, multiplicaré a tus descendientes como las estrellas del cielo y como la arena de la playa. Tus descendientes conquistarán las puertas de las ciudades enemigas. Todos los pueblos del mundo se bendecirán con tu descendencia, porque me has obedecido.»
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Sal 15, 5.8.9-10.11
Protégeme, Dios mío, porque me refugio en ti.
Converva me, Deus, quoniam speravi in te
El Señor es la parte que me ha tocado en herencia: mi vida está en sus manos. Tengo siempre presente al Señor y con él a mi lado, jamás tropezaré.
Protégeme, Dios mío, porque me refugio en ti.
Converva me, Deus, quoniam speravi in te
Por eso se me alegran el corazón y el alma y mi cuerpo vivirá tranquilo, porque tú no me abandonarás a la muerte, ni dejarás que sufra yo la corrupción.
Protégeme, Dios mío, porque me refugio en ti.
Converva me, Deus, quoniam speravi in te
Enséñame el camino de la vida, sáciame de gozo en tu presencia y de alegría perpetua junto a ti.
Protégeme, Dios mío, porque me refugio en ti.
Converva me, Deus, quoniam speravi in te
Oremos: ¡Oh Dios, Padre supremo de los creyentes!, que multiplicas sobre la tierra los hijos de tu promesa con la gracia de la adopción y, por el misterio pascual, hiciste de tu siervo Abrahán el padre de todas las naciones, como lo habías prometido: concede a tu pueblo responder dignamente a la gracia de tu llamada.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Entraron en el mar sin mojarse
Lectura del libro del Exodo
14, 15-31; 15, 1a
En aquellos días, dijo el Señor a Moisés:
–« ¿Por qué sigues clamando a mí? Di a los israelitas que se pongan en marcha. Y tú, alza tu cayado, extiende tu mano sobre el mar y divídelo, para que los israelitas entren en medio del mar a pie enjuto. Que yo voy a endurecer el corazón de los egipcios para que os persigan, y me cubriré de gloria a costa del Faraón y de todo su ejército, de sus carros y de los guerreros. Sabrán los egipcios que yo soy el Señor, cuando me haya cubierto de gloria a costa del Faraón, de sus carros y de sus guerreros.»
Se puso en marcha el ángel del Señor, que iba al frente del ejército de Israel, y pasó a retaguardia. También la columna de nube de delante se desplazó de allí y se colocó detrás, poniéndose entre el campamento de los egipcios y el campamento de los israelitas. La nube era tenebrosa, y transcurrió toda la noche sin que los ejércitos pudieran trabar contacto. Moisés extendió su mano sobre el mar, y el Señor hizo soplar durante toda la noche un fuerte viento del este, que secó el mar, y se dividieron las aguas. Los israelitas entraron en medio del mar a pie enjuto, mientras que las aguas formaban muralla a derecha e izquierda. Los egipcios se lanzaron en su persecución, entrando tras ellos, en medio del mar, todos los caballos del Faraón y los carros con sus guerreros.
Mientras velaban al amanecer, miró el Señor al campamento egipcio, desde la columna de fuego y nube, y sembró el pánico en el campamento egipcio. Trabó las ruedas de sus carros y las hizo avanzar pesadamente.
Y dijo Egipto:
–«Huyamos de Israel, porque el Señor lucha en su favor contra Egipto. »
Dijo el Señor a Moisés:
–«Extiende tu mano sobre el mar, y vuelvan las aguas sobre los egipcios, sus carros y sus jinetes.»
Y extendió Moisés su mano sobre el mar; y al amanecer volvía el mar a su curso de siempre. Los egipcios, huyendo, iban a su encuentro, y el Señor derribó a los egipcios en medio del mar.
Y volvieron las aguas y cubrieron los carros, los jinetes y todo el ejército del Faraón, que lo había seguido por el mar. Ni uno solo se salvó.
Pero los hijos de Israel caminaban por lo seco en medio del mar; las aguas les hacían de muralla a derecha e izquierda.
Aquel día salvó el Señor a Israel de las manos de Egipto. Israel vio a los egipcios muertos, en la orilla del mar. Israel vio la mano grande del Señor obrando contra los egipcios, y el pueblo temió al Señor, y creyó en el Señor y en Moisés, su siervo.
Entonces Moisés y los hijos de Israel cantaron este canto al Señor:
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Ex 15, 1-2.3-4.5-6.17-18
Cantaré al Señor, sublime es su victoria
Cantemos Domino: gloriose enim magnificatus est
Cantemos al Señor, sublime es su victoria: caballos y jinetes arrojó en el mar. Mi fortaleza y mi canto es el Señor, él es mi salvación, él es mi Dios, yo lo alabaré; es el Dios de mis padres, yo le cantaré.
Cantaré al Señor, sublime es su victoria.
Cantemos Domino: gloriose enim magnificatus est
El Señor es un guerrero, su nombre es el Señor. Precipitó en el mar los carros del faraón y a sus guerreros; ahogó en el mar Rojo a sus mejores capitanes.
Cantaré al Señor, sublime es su victoria.
Cantemos Domino: gloriose enim magnificatus est
El mar cayó sobre ellos; en las temibles aguas como plomo se hundieron. Extendiste tu diestra, Señor, y se los tragó la tierra.
Cantaré al Señor, sublime es su victoria.
Cantemos Domino: gloriose enim magnificatus est
Tú llevas a tu pueblo para plantarlo en el monte que le diste en herencia, en el lugar que convertiste en tu morada, en el santuario
que construyeron tus manos. Tú, Señor, reinarás para siempre.
Cantaré al Señor, sublime es su victoria.
Cantemos Domino: gloriose enim magnificatus est
Oremos: Tus antiguos prodigios se renuevan, Señor, también en nuestros tiempos, pues lo que tu poder hizo con las aguas para librar un solo pueblo de la esclavitud del faraón, lo repites ahora por medio del agua del bautismo, para salvar a todas las naciones. Concede a los humanos del mundo entero contarse entre los hijos de Abrahán y participar de la dignidad del pueblo elegido.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Con amor eterno se ha apiadado de ti tu redentor
Lectura del libro del profeta Isaías
54, 5-14
El que te hizo te tomará por esposa;
su nombre es Señor de los ejércitos.
Tu redentor es el Santo de Israel,
se llama Dios de toda la tierra.
Como a mujer abandonada y abatida
te vuelve a llamar el Señor;
como a esposa de juventud, repudiada
–dice tu Dios–.
Por un instante te abandoné,
pero con gran cariño te reuniré.
En un arrebato de ira
te escondí un instante mi rostro,
pero con misericordia eterna te quiero
–dice el Señor, tu redentor–.
Me sucede como en tiempo de Noé:
juré que las aguas del diluvio
no volverían a cubrir la tierra;
ni amenazarte.
Aunque se retiren los montes
y vacilen las colinas,
no se retirará de ti mi misericordia,
ni mi alianza de paz vacilará
–dice el Señor, que te quiere–.
¡Oh afligida, zarandeada, desconsolada!
Mira, yo mismo coloco tus piedras sobre azabaches,
tus cimientos sobre zafiros;
y puertas de esmeralda,
y muralla de piedras preciosas.
Tus hijos serán discípulos del Señor,
tendrán gran paz tus hijos.
Tendrás firme asiento en la justicia.
Estarás lejos de la opresión,
y no tendrás que temer;
y lejos del terror,
que no se te acercará.
Palabra de Dios.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Del salmo 29
Te ensalzaré, Señor, porque me has librado.
Exaltabo te, Dómine, quoniam extraxisti me
Te alabaré, Señor, pues no dejaste que se rieran de mí mis enemigos. Tú, Señor, me salvaste de la muerte y a punto de morir, me reviviste.
Te ensalzaré, Señor, porque me has librado.
Exaltabo te, Dómine, quoniam extraxisti me
Alaben al Señor quienes lo aman, den gracias a su nombre, porque su ira dura un solo instante y su bondad, toda la vida. El llanto nos visita por la tarde; por la mañana, el júbilo.
Te ensalzaré, Señor, porque me has librado.
Exaltabo te, Dómine, quoniam extraxisti me
Escúchame, Señor, y compadécete; Señor, ven en mi ayuda. Convertiste mi duelo en alegría, te alabaré por eso eternamente.
Te ensalzaré, Señor, porque me has librado.
Exaltabo te, Dómine, quoniam extraxisti me
Oremos: Dios todopoderoso y eterno, multiplica, fiel a tu palabra, la descendencia que aseguraste a la fe de nuestros padres, y aumenta con tu adopción los hijos de la promesa, para que tu Iglesia vea en qué medida se ha cumplido ya cuanto los patriarcas creyeron y esperaron.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén
Lectura del libro del profeta Isaías
55, 1-11
Así dice el Señor:
«Oíd, sedientos todos, acudid por agua,
también los que no tenéis dinero:
venid, comprad trigo, comed sin pagar
vino y leche de balde.
¿Por qué gastáis dinero en lo que no alimenta,
y el salario en lo que no da hartura?
Escuchadme atentos, y comeréis bien,
saborearéis platos sustanciosos.
Inclinad el oído, venid a mí:
escuchadme, y viviréis.
Sellaré con vosotros alianza perpetua,
la promesa que aseguré a David:
a él lo hice mi testigo para los pueblos,
caudillo y soberano de naciones;
tú llamarás a un pueblo desconocido,
un pueblo que no te conocía correrá hacia ti;
por el Señor, tu Dios,
por el Santo de Israel, que te honra.
Buscad al Señor mientras se le encuentra,
invocadlo mientras esté cerca;
que el malvado abandone su camino,
y el criminal sus planes;
que regrese al Señor, y él tendrá piedad,
a nuestro Dios, que es rico en perdón.
Mis planes no son vuestros planes,
vuestros caminos no son mis caminos
–oráculo del Señor–.
Como el cielo es más alto que la tierra,
mis caminos son más altos que los vuestros,
mis planes, que vuestros planes.
Como bajan la lluvia y la nieve del cielo,
y no vuelven allá sino después de empapar la tierra,
de fecundarla y hacerla germinar,
para que dé semilla al sembrador
y pan al que come,
así será mi palabra, que sale de mi boca:
no volverá a mí vacía,
sino que hará mi voluntad
y cumplirá mi encargo.»
Palabra de Dios.
Te alabamos Señor.
Isaías 12
Sacaréis aguas con gozo de las fuentes de la salvación.
Haurietis aguas in gaudio de fóntibus Salvatoris
El Señor es mi Dios y salvador: con él estoy seguro y nada temo. El Señor es mi protección y mi fuerza, y ha sido mi salvación. Sacaréis agua con gozo de la fuente de salvación.
Sacaréis aguas con gozo de las fuentes de la salvación.
Haurietis aguas in gaudio de fóntibus Salvatoris
Dad gracias al Señor, invoquen su nombre, contad a los pueblos sus hazañas, proclamad que su nombre es sublime.
Sacaréis aguas con gozo de las fuentes de la salvación.
Haurietis aguas in gaudio de fóntibus Salvatoris
Alabad al Señor por sus proezas, anunciadlas a toda la tierra. Gritad jubilosos, habitantes de Sión, porque el Dios de Israel ha sido grande con vosotros.
Sacaréis aguas con gozo de las fuentes de la salvación.
Haurietis aguas in gaudio de fóntibus Salvatoris
Oremos: Dios todopoderoso y eterno, esperanza única del mundo que anunciaste por la voz de tus profetas los misterios de los tiempos presentes: atiende los deseos de tu pueblo, porque ninguno de tus fieles puede progresar en la virtud sin la inspiración de tu gracia.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Sigue el camino que te conduce a la luz del Señor
Lectura del libro del profeta Baruc
3, 9-5, 32-38; 4, 1-4
Escucha, Israel, mandatos de vida;
presta oídos para aprender prudencia.
¿A qué se debe, Israel, que estés aún en país enemigo,
que envejezcas en tierra extranjera,
que estés contaminado entre los muertos,
y te cuenten con los habitantes del abismo?
Es que abandonaste la fuente de la sabiduría.
Si hubieras seguido el camino de Dios,
habitarías en paz para siempre.
Aprende dónde se encuentra la prudencia,
el valor y la inteligencia;
así aprenderás dónde se encuentra la vida larga,
la luz de los ojos y la paz.
¿Quién encontró su puesto
o entró en sus almacenes?
El que todo lo sabe la conoce,
la examina y la penetra.
El que creó la tierra para siempre
y la llenó de animales cuadrúpedos;
el que manda a la luz, y ella va,
la llama, y le obedece temblando;
a los astros que velan gozosos
en sus puestos de guardia,
los llama, y responden:
«Presentes»,
y brillan gozosos para su Creador.
Él es nuestro Dios,
y no hay otro frente a él;
investigó el camino de la inteligencia
y se lo enseñó a su hijo, Jacob,
a su amado, Israel.
Después apareció en el mundo
y vivió entre los hombres.
Es el libro de los mandatos de Dios,
la ley de validez eterna:
los que la guarden vivirán;
los que la abandonen morirán.
Vuélvete, Jacob, a recibirla,
camina a la claridad de su resplandor;
no entregues a otros tu gloria,
ni tu dignidad a un pueblo extranjero.
¡Dichosos nosotros, Israel, que conocemos
lo que agrada al Señor!
Palabra de Dios.
Te alabamos Señor.
Del Salmo 18
Señor, tú tienes palabras de vida eterna.
Domine, verba vitae aeternae habes
La ley del Señor es perfecta y es descanso del alma; el precepto del Señor es fiel e instruye al ignorante.
Señor, tú tienes palabras de vida eterna.
Domine, verba vitae aeternae habes
Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón; la norma del Señor es límpida y da luz a los ojos.
Señor, tú tienes palabras de vida eterna.
Domine, verba vitae aeternae habes
La voluntad del Señor es pura y eternamente estable; los mandamientos del Señor son verdaderos y eternamente justos.
Señor, tú tienes palabras de vida eterna.
Domine, verba vitae aeternae habes
Más precioso que el oro, más que el oro fino; más dulce que la miel de un panal que destila.
Señor, tú tienes palabras de vida eterna.
Domine, verba vitae aeternae habes
Oremos: ¡Oh Dios!, que sin cesar haces crecer a tu Iglesia agregando a ella nuevos hijos: defiende con tu constante protección a cuantos purificas en el agua del bautismo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Los rociaré con agua pura y les daré un corazón nuevo
Lectura del libro del profeta Ezequiel
36, 16-28
Me vino esta palabra del Señor:
«Hijo de Adán,
cuando la casa de Israel habitaba en su tierra,
la profanó con su conducta, con sus acciones;
como sangre inmunda fue su proceder ante mí.
Entonces derramé mi cólera sobre ellos,
por la sangre que habían derramado en el país,
por haberlo profanado con sus idolatrías.
Los esparcí entre las naciones,
anduvieron dispersos por los países;
según su proceder, según sus acciones los sentencié.
Cuando llegaron a las naciones donde se fueron,
profanaron mi santo nombre;
decían de ellos:
"Éstos son el pueblo del Señor,
de su tierra han salido.
Sentí lástima de mi santo nombre,
profanado por la casa de Israel
en las naciones a las que se fue.
Por eso, di a la casa de Israel:
Esto dice el Señor:
"No lo hago por vosotros, casa de Israel,
sino por mi santo nombre, profanado por vosotros,
en las naciones a las que habéis ido.
Mostraré la santidad de mi nombre grande,
profanado entre los gentiles,
que vosotros habéis profanado en medio de ellos;
y conocerán los gentiles que yo soy el Señor
–Oráculo del Señor–,
cuando les haga ver mi santidad al castigaros.
Os recogeré de entre las naciones,
os reuniré de todos los países,
y os llevaré a vuestra tierra.
Derramaré sobre vosotros un agua pura
que os purificará:
de todas vuestras inmundicias e idolatrías
os he de purificar.
Y os daré un corazón nuevo,
y os infundiré un espíritu nuevo;
arrancaré de vuestra carne el corazón de piedra,
y os daré un corazón de carne.
y haré que caminéis según mis preceptos,
y que guardéis y cumpláis mis mandatos.
Y habitaréis en la tierra que di a vuestros padres.
Vosotros seréis mi pueblo,
y yo seré vuestro Dios."»
Te alabamos, Señor
De los salmos 41 y 42
Como busca la cierva corrientes de agua, así mi alma te busca a ti, Dios mío.
Quemadmodum desiderat cervus ad fontes aquarum, ita desiderat anima mea ad te, Deus
Como el venado busca el agua de los ríos, así cansada, mi alma te busca a ti, Dios mío.
Como busca la cierva corrientes de agua, así mi alma te busca a ti, Dios mío.
Quemadmodum desiderat cervus ad fontes aquarum, ita desiderat anima mea ad te, Deus
Del Dios que da la vida está mi ser sediento. ¿Cuándo será posible ver de nuevo su templo?
Como busca la cierva corrientes de agua, así mi alma te busca a ti, Dios mío.
Quemadmodum desiderat cervus ad fontes aquarum, ita desiderat anima mea ad te, Deus
Recuerdo cuando íbamos a casa del Señor, cantando, jubilosos, alabanzas a Dios.
Como busca la cierva corrientes de agua, así mi alma te busca a ti, Dios mío.
Quemadmodum desiderat cervus ad fontes aquarum, ita desiderat anima mea ad te, Deus
Envíame, Señor, tu luz y tu verdad; que ellas se conviertan en mi guía y hasta tu monte santo me conduzcan, allí donde tú habitas.
Como busca la cierva corrientes de agua, así mi alma te busca a ti, Dios mío.
Quemadmodum desiderat cervus ad fontes aquarum, ita desiderat anima mea ad te, Deus
Al altar del Señor me acercaré, al Dios que es mi alegría, y a mi Dios, el Señor, le daré gracias al compás de la cítara.
Como busca la cierva corrientes de agua, así mi alma te busca a ti, Dios mío.
Quemadmodum desiderat cervus ad fontes aquarum, ita desiderat anima mea ad te, Deus
Oremos: Señor, Dios todopoderoso, poder inmutable y luz sin ocaso, prosigue bondadoso a través de tu Iglesia, sacramento de salvación, la obra que tu amor dispuso desde la eternidad; que todo el mundo vea y reconozca que los caídos se levantan, que se renueva lo que había envejecido y que todo se integra en Aquél que es el principio de todo, Jesucristo, nuestro Señor. Que vive y reina contigo por los siglos de los siglos.
Amén.
30. Después de la última lectura del Antiguo Testamento, de su salmo y oración, se encienden las velas del altar, el celebrante entona solemnemente el "Gloria", que todos prosiguen, mientras tocan las campanas de acuerdo con las costumbres de cada lugar.
31. Acabado el "Gloria", el celebrante dice la Oración colecta, como de ordinario.
Oremos:
Dios nuestro, que haces resplandecer esta noche santa con la gloria del Señor resucitado, aviva en tu Iglesia el espíritu filial para que, renovados en cuerpo y alma, nos entreguemos plenamente a tu servicio.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
32. Seguidamente el subdiácono o un lector lee la epístola de san Pablo.
Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya nunca morirá
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos
6,3-11
Hermanos:
Los que por el bautismo nos incorporamos a Cristo fuimos incorporados a su muerte.
Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que, así como Cristo fue resucitado de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en una vida nueva.
Porque, si nuestra existencia está unida a él en una muerte como la suya, lo estará también en una resurrección como la suya.
Comprendamos que nuestra vieja condición ha sido crucificada con Cristo, quedando destruida nuestra personalidad de pecadores, y nosotros libres de la esclavitud al pecado; porque el que muere ha quedado absuelto del pecado.
Por tanto, si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él; pues sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más; la muerte ya no tiene dominio sobre él. Porque su morir fue un morir al pecado de una vez para siempre; y su vivir es un vivir para Dios.
Lo mismo vosotros, consideraos muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
33. Terminada la Epístola, todos se ponen de pie y el celebrante entona solemnemente el "Aleluya" que todos repiten. Luego un salmista o un lector dice el salmo, al que el pueblo responde: Aleluya.
Salmo 117
Aleluya, aleluya aleluya.
Te damos gracias, Señor, porque eres bueno, porque tu misericordia es eterna. Diga la casa de Israel: Su misericordia es eterna.
Aleluya, aleluya aleluya.
La diestra del Señor es poderosa, la diestra del Señor es nuestro orgullo. No moriré, continuaré viviendo para contar lo que el Señor ha hecho.
Aleluya, aleluya aleluya.
La piedra que desecharon los constructores, es ahora la piedra angular. Esto es obra de la mano del Señor, es un milagro patente.
Aleluya, aleluya aleluya.
34. Para el Evangelio no se llevan velas. Puede emplearse el incienso.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo [A]
28, 1-10
Gloria a ti, Señor.
En la madrugada del sábado, al alborear el primer día de la semana, fueron María Magdalena y la otra María a ver el sepulcro. Y de pronto tembló fuertemente la tierra, pues un ángel del Señor, bajando del cielo y acercándose, corrió la piedra y se sentó encima. Su aspecto era de relámpago y su vestido blanco como la nieve; los centinelas temblaron de miedo y quedaron como muertos. El ángel habló a las mujeres:
–«Vosotras, no temáis; ya sé que buscáis a Jesús, el crucificado.
No está aquí. Ha resucitado, como había dicho. Venid a ver el sitio donde yacía e id aprisa a decir a sus discípulos: "Ha resucitado de entre los muertos y va por delante de vosotros a Galilea. Allí lo veréis." Mirad, os lo he anunciado.»
Ellas se marcharon a toda prisa del sepulcro; impresionadas y llenas de alegría, corrieron a anunciarlo a los discípulos.
De pronto, Jesús les salió al encuentro y les dijo:
–«Alegraos.»
Ellas se acercaron, se postraron ante él y le abrazaron los pies.
Jesús les dijo: –«No tengáis miedo: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán.»
Palabra del Señor.
† Lectura del santo Evangelio según san Marcos [B]
16, 1-7
Pasado el sábado, María Magdalena, María la de Santiago, y Salomé compraron aromas para ir a embalsamar a Jesús. Y muy temprano, el primer día de la semana, al salir el sol, fueron al sepulcro. Y se decían unas a otras:
– «¿Quién nos correrá la piedra de la entrada del sepulcro?»
Al mirar, vieron que la piedra estaba corrida, y eso que era muy grande. Entraron en el sepulcro y vieron a un joven sentado a la derecha, vestido de blanco. Y se asustaron. Él les dijo:
– «No os asustéis. ¿Buscáis a Jesús el Nazareno, el crucificado? No está aquí. Ha resucitado. Mirad el sitio donde lo pusieron.
Ahora id a decir a sus discípulos y a Pedro: Él va por delante de vosotros a Galilea. Allí lo veréis, como os dijo.»
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
[seguir]
† Lectura del santo Evangelio según san Lucas [C]
24, 1-12
Gloria a ti, Señor.
El primer día de la semana, de madrugada, las mujeres fueron al sepulcro llevando las aromas que habían preparado. Encontraron corrida la piedra del sepulcro. Y entrando no encontraron el cuerpo del Señor Jesús. Mientras estaban desconcertadas por esto, se les presentaron dos hombres con vestidos refulgentes. Ellas, despavoridas, miraban al suelo, y ellos les dijeron:
–¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí. Ha resucitado. Acordaos de lo que os dijo estando todavía en Galilea: «El Hijo del Hombre tiene que ser entregado en manos de pecadores, ser crucificado y al tercer día resucitar.»
Recordaron sus palabras, volvieron del sepulcro y anunciaron todo esto a los Once y a los demás.
María Magdalena, Juana y María la de Santiago, y sus compañeras contaban esto a los Apóstoles. Ellos lo tomaron por un delirio y no las creyeron. Pedro se levantó y fue corriendo al sepulcro. Asomándose vio sólo las vendas por el suelo. Y se volvió admirándose de lo sucedido.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
35. Luego del Evangelio tiene lugar la homilía. Después comienza la liturgia bautismal.
36. El celebrante con los ministros se dirige a la fuente bautismal, si es que ésta se encuentra a la vista de los fieles reunidos. De lo contrario, se pone un recipiente con agua en el presbiterio. Se llama a los catecúmenos, si los hay, los cuales son presentados por los padrinos, o si son niños llevados por los padres y padrinos ante toda la asamblea.
37. Después el celebrante exhorta a los presentes con estas palabras:
Si hay bautizandos:
Hermanos: Acompañemos con nuestra oración a estos catecúmenos que anhelan renacer a una nueva vida en la fuente bautismal y pidamos insistentemente todos juntos a Dios, nuestro Padre, que guíe y acompañe sus pasos hacia la fuente bautismal.
Si se bendice la fuente, pero no hay bautizandos:
Invoquemos, queridos hermanos, a Dios todopoderoso, y pidámosle que con su poder santifique esta agua, para que cuantos en ella renazcan por el bautismo sean incorporados a Cristo y contados entre los hijos de adopción.
38. Dos cantores entonan las letanías, a las que todos responden, estando en pie.
Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
Cristo, ten piedad.
Cristo, ten piedad.
Señor, ten piedad.
Santa María, Madre de Dios ruega (rogad) por nosotros
San Miguel
Santos Ángeles de Dios
San Juan Bautista
San José
Santos Pedro y Pablo
San Andrés
San Juan
Santa María Magdalena
San Esteban
San Ignacio de Antioquía
San Lorenzo
Santas Perpetua y Felicidad
Santa Inés
San Gregorio
San Atanasio
San Basilio
San Martín
San Benito
Santos Francisco
San Francisco Javier
San Juan María Vianney
Santa Catalina de Siena
Santa Teresa de Jesús
Santos y Santas de Dios
Si hay procesión, se organiza de esta manera: primero el cirio pascual, al que siguen los catecúmenos con los padrinos; después el celebrante con los ministros. Hágase la monición antes de la bendición del agua.
39. Si hay bautizandos, el celebrante bendice el agua bautismal, diciendo la siguiente oración:
¡Oh Dios!, que realizas en tus sacramentos obras admirables con tu poder invisible, y de diversos modos te has servido de tu criatura el agua para significar la gracia del bautismo.
¡Oh Dios!, cuyo espíritu, en los orígenes del mundo, se cernía sobre las aguas, para que ya desde entonces concibieran el poder de santificar.
¡Oh Dios!, que incluso en las aguas torrenciales del diluvio prefiguraste el nacimiento de la nueva humanidad, de modo que una misma agua pusiera fin al pecado y diera origen a la santidad.
¡Oh Dios!, que hiciste pasar a pie seco por el mar Rojo a los hijos de Abrahán, para que el pueblo liberado de la esclavitud del faraón fuera imagen de la familia de los bautizados.
¡Oh Dios!, cuyo Hijo, al ser bautizado por Juan en el agua del Jordán, fue ungido por el Espíritu Santo; colgado en la cruz vertió de su costado agua, junto con la sangre; y después de su resurrección mandó a sus apóstoles: "Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándoles en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu santo".
Mira ahora a tu Iglesia en oración y abre para ella la fuente del Bautismo. Que esta agua reciba, por el Espíritu Santo, la gracia de tu Unigénito, para que el humano, creado a tu imagen y limpio en el Bautismo, muera el humano viejo y renazca, como niño, a nueva vida por el agua y el Espíritu.
Y metiendo, si lo cree oportuno, el cirio pascual en el agua una o tres veces, prosigue:
Te pedimos, Señor, que el poder del Espíritu Santo, por tu Hijo, descienda sobre el agua de esta fuente.
Y teniendo el cirio en el agua prosigue:
Para que los sepultados con Cristo en su muerte, por el Bautismo, resuciten con él a la vida.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
40. Seguidamente saca el cirio del agua, y el pueblo proclama:
Manantiales, bendigan al Señor, alábenlo con himnos por los siglos.
41. Cada uno de los catecúmenos renuncian a Satanás, son examinados sobre su fe y son bautizados.
Los catecúmenos adultos, inmediatamente después del bautismo, si está presente un obispo, o un sacerdote que tiene la facultad de confirmar, son confirmados.
42. Si no hay bautizandos ni se bendice la fuente bautismal, el sacerdote bendice el agua con la siguiente oración:
Invoquemos, queridos hermanos, a Dios Padre todopoderoso, para que bendiga esta agua, que va a ser derramada sobre nosotros en memoria de nuestro bautismo; y pidámosle que nos renueve interiormente para que permanezcamos fieles al espíritu, que hemos recibido.
Señor Dios nuestro, escucha las oraciones de tu pueblo que vela en esta noche santa, en que celebramos la acción maravillosa de nuestra creación y la maravilla aún más grande de nuestra redención; dígnate † bendecir esta agua.
La creaste para hacer fecunda la tierra y para favorecer nuestros cuerpos con el frescor y la limpieza. La hiciste también instrumento de misericordia al librar a tu pueblo de la esclavitud y al apagar con ella su sed en el desierto; por los profetas la revelaste como signo de la nueva alianza que quisiste sellar con los humanos. Y cuando Cristo descendió a ella en el Jordán, renovaste nuestra naturaleza pecadora con el baño del nuevo renacimiento.
Que esta agua, Señor, avive en nosotros el recuerdo de nuestro bautismo, y nos haga participar en el gozo de nuestros hermanos bautizados en la Pascua.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
43. Terminado el rito del bautismo (y de la confirmación) si ha tenido lugar, o después de la bendición del agua, todos, de pie y teniendo en sus manos las velas encendidas, renuevan las promesas del bautismo.
El celebrante se dirige a la comunidad con estas palabras u otras parecidas:
Hermanos, por el misterio Pascual hemos sido sepultados con Cristo en el bautismo, para que vivamos una vida nueva.
Por tanto, al terminar el tiempo de penitencia de la Cuaresma, renovemos las promesas de nuestro bautismo con las cuales en otro tiempo renunciamos a Satanás y a sus obras, y nos comprometimos a servir a Dios en la santa Iglesia católica.
Así pues:
Celebrante:
¿Renunciáis al pecado para vivir en la libertad de los hijos de Dios?
Todos: Sí, renuncio.
Celebrante:
¿Renunciáis a todas las seducciones del mal, para que el pecado no os esclavice?
Todos: Sí, renuncio.
Celebrante:
¿Renunciáis a Satanás, padre y príncipe del pecado?
Todos: Sí, renuncio.
Celebrante:
¿Creéis en Dios, Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra?
Todos: Sí, creo.
Celebrante:
¿Creéis en Jesucristo, su Hijo único y Señor nuestro, que nació de Santa María Virgen, padeció y murió por nosotros, resucitó y está sentado a la derecha del Padre?
Todos: Sí, creo.
Celebrante:
¿Creéis en el Espíritu Santo, en la santa Iglesia católica, en la comunión de lo santos, en el perdón de los pecados, en la resurrección de los muertos y en la vida eterna?
Todos: Sí, creo.
Celebrante:
Que Dios todopoderoso, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos liberó del pecado y nos ha hecho renacer por el agua y el Espíritu Santo, nos conserve con su gracia unidos a Jesucristo, nuestro Señor, para la vida eterna.
Amén.
44. El sacerdote rocía al pueblo con agua bendita.
Celebrante:
Supliquemos, hermanos, a Cristo, el Ungido de Dios, en cuyas manos el Padre ha puesto todas las cosas, y pidámosle que escuche nuestra oración: Para que todos los cristianos sepan seguir el ejemplo de humildad del Señor, que lavó los pies de sus discípulos, e imiten la bondad de Aquél que aceptó las lagrimas de Pedro, que lo había negado, roguemos al Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Para que el Papa NN y sus presbíteros, que en estos días han recordado el inicio de su ministerio y han renovado sus promesas, vivan plenamente conformes a Jesús y sean siempre fieles a lo que en su ordenación prometieron, roguemos al Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Para que el Señor, que se entregó a la muerte para reunir a los hijos de Dios que estaban dispersos, inspire sentimientos de conversión a los que por el pecado o por la indiferencia se han alejado de la Iglesia, roguemos al Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Para que los enfermos, al ser ungidos con el óleo de la salvación, experimenten la protección del Señor y sientan mejora en su enfermedad y alivio en sus dolores, roguemos al Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Para que el Señor, que con su humillación nos exalta, con su entrega nos merece el perdón, con su sangre nos purifica y con su cuerpo nos alimenta, ilumine también nuestras mentes para que comprendamos y amemos los misterios que hoy conmemoramos, roguemos al Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Celebrante:
Señor Jesucristo, ya que, mientras vivimos aún en este mundo, nos invitas a participar en la mesa que es imagen del banquete eterno, escucha nuestra oración y haz que los que ahora nos reunimos para celebrar el sacramento de tu triunfo podamos ser también tus comensales en el banquete de la Pascua eterna. Tú, que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
[Misa][Misa LCSR][Misa L][Misa C]
46. El sacerdote va al altar y comienza la Liturgia Eucarística en la forma acostumbrada.
47. Es conveniente que el pan y el vino sean presentados por los neófitos, si los hay.
Acepta, Señor, los dones que te presentamos y concédenos que el memorial de la muerte y resurrección de Jesucristo, que estamos celebrando, nos obtenga la fuerza para llegar a la vida eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
[Misa][Misa LCSR][Misa L][Misa C]
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación glorificarte siempre, Señor; pero más que nunca en esta noche en que Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado.
Porque él es el verdadero Cordero que quitó el pecado del mundo; muriendo destruyó
nuestra muerte, y resucitando restauró la vida.
Por eso,
con esta efusión de gozo pascual, el mundo entero se desborda de alegría, y también los coros celestiales, los ángeles y los arcángeles, cantan sin cesar
el himno de tu gloria:
[Misa][Misa LCSR][Misa L][Misa C]
Cristo, nuestro Cordero pascual, ha sido inmolado. Así, pues, celebremos la Pascua con una vida de rectitud y santidad. Aleluya.
Pascha nostrum inmolatus est Christus; itaque epulemur in ázymus sinceratis et veritatis, allelúia
[Misa][Misa LCSR][Misa L][Misa C]
Oremos:
Infúndenos, Señor, tu espíritu de caridad, para que vivamos siempre unidos en tu amor los que hemos participado en este sacramento de la muerte y resurrección de Jesucristo.
Que vive y reina por los siglos de los siglos.
Amén.