Jueves antes de Epifanía (Id=53)
En el principio y antes de los siglos, la palabra era Dios, y se ha dignado nacer como Salvador del mundo.
In princípio et ante saécula Deus erat Verbum, et ipse nasci dignátus est Salvátor mundi.
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Oremos:
Señor, que has comenzado de modo admirable la obra de la redención humana con el nacimiento de tu Hijo;
concédenos, te rogamos, una fe tan sólida que, guiados por el mismo Jesucristo, podamos alcanzar los premios eternos que nos has prometido.
Por nuestro Señor Jesucristo.
Amén.
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Liturgia de la Palabra [2/1][3/1][4/1][5/1][6/1][7/1]
El que ha nacido de Dios no puede pecar
Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 3, 7-10
Hijos míos, que nadie os engañe. Quien obra la justicia es justo, como él es justo. Quien comete el pecado es del diablo, pues el diablo peca desde el principio. El Hijo de Dios se manifestó para deshacer las obras del diablo. Todo el que ha nacido de Dios no comete pecado, porque su germen permanece en él, y no puede pecar, porque ha nacido de Dios. En esto se reconocen los hijos de Dios y los hijos del diablo: todo el que no obra la justicia no es de Dios, ni tampoco el que no ama a su hermano.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Sal 97, 1.7-8.9
Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios.
Vidérunt omnes términi terræ salutáre Dei nostri.
Cantad al Señor un canto nuevo, porque ha hecho maravillas; su mano le ha dado la victoria, su santo brazo.
Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios.
Vidérunt omnes términi terræ salutáre Dei nostri.
Que resuene el mar y cuanto lo llena, la tierra y todos sus habitantes; aplaudan los ríos, salten de alegría las montañas.
Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios.
Vidérunt omnes términi terræ salutáre Dei nostri.
Ante el Señor que viene a gobernar la tierra: gobernará con justicia al mundo, a las naciones con rectitud.
Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios.
Vidérunt omnes términi terræ salutáre Dei nostri.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
En distintas ocasiones habló Dios antiguamente a nuestros padres por los profetas. Ahora, en esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo.
Multifárie olim Deus loquens pátribus in prophétis, novíssime diébus istis locútus est nobis in Fílio.
Aleluya.
Vieron dónde vivía y se quedaron con él
† Lectura del Santo Evangelio según san Juan 1, 35-42
En aquel tiempo, estaba Juan con dos de sus discípulos y, fijándose en Jesús que pasaba, dice: «Éste es el Cordero de Dios.»
Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús. Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les pregunta: «¿Qué buscáis?»
Ellos le contestaron: «Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?»
Él les dijo: «Venid y lo veréis.»
Entonces fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día; serían las cuatro de la tarde.
Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús; encuentra primero a su hermano Simón y le dice: «Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo).» Y lo llevó a Jesús. Jesús se le quedó mirando y le dijo: «Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas (que se traduce Pedro)».
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
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Acepta, Señor, estas ofrendas en las que que vas a realizar un admirable intercambio, pues al ofrecerte los dones que tú mismo nos diste, esperamos merecerte a ti mismo como premio.
Por Jesucristo nuestro Señor.
Amén.
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La restauración del universo en la Encarnación
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.
Porque en el misterio santo que hoy celebramos, Cristo, el Señor, sin dejar la gloria del Padre, se hace presente entre nosotros de un modo nuevo: el que era invisible en su naturaleza, se hace visible al adoptar la nuestra; el eterno, engendrado antes del tiempo, comparte nuestra vida temporal para asumir en sí todo lo creado, para reconstruir lo que estaba caído y restaurar de este modo el universo, para llamar de nuevo al Reino de los cielos al hombre sumergido en el pecado.
Por eso, unidos a los coros angélicos, te aclamamos llenos de alegría:
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Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna.
Sic Deus diléxit mundum, ut Fílium suum unigénitum daret ut omnis qui credit in eum non péreat, sed hábeat vitam ætérnam.
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Oración después de la Comunión
Oremos:
Por la eficacia de estos santos misterios, fortalece, Señor, cada vez más nuestra vida cristiana.
Por Jesucristo nuestro Señor.
Amén