Jonatán y Simón como estrategas. Reconstrucción de Jerusalén

24Cuando Jonatán se enteró de que los generales de Demetrio habían regresado con fuerzas más numerosas que antes para luchar contra él, 25salió de Jerusalén y se dirigió a su encuentro en la región de Amat, pues no quería darles la posibilidad de entrar en su territorio. 26Envió a unos a que fueran a reconocer su campamento. Regresaron anunciándole que estaban ya preparados para caer sobre ellos de noche. 27Cuando se ocultó el sol, Jonatán ordenó a los suyos que permanecieran alerta durante toda la noche con las armas preparadas para la lucha; también dispuso centinelas alrededor del campamento. 28Los enemigos, al enterarse de que Jonatán y sus hombres estaban preparados para luchar, presos de temor, se acobardaron y encendieron fuegos en su propio campamento. 29Jonatán y sus hombres, como veían que las antorchas estaban encendidas, no notaron nada hasta la mañana siguiente. 30Entonces, se lanzaron en su persecución pero no les dieron alcance pues ya habían atravesado el río Eléuteros. 31Jonatán se volvió contra los árabes llamados zabadeos, los derrotó y los saqueó. 32A continuación levantó el campamento, se dirigió a Damasco y recorrió toda la región.

33Simón emprendió la marcha y llegó hasta Ascalón y las fortalezas cercanas. Se desvió hasta Jope y se apoderó de ella: 34se había enterado de que pretendían entregar la fortaleza a los partidarios de Demetrio. Y colocó allí una guarnición para defenderla.

35Cuando Jonatán regresó, reunió en asamblea a los ancianos del pueblo y decidió con ellos edificar fortalezas en Judea, 36elevar las murallas de Jerusalén y levantar un muro alto entre la Ciudadela y la ciudad, para así separarla de la ciudad y dejarla aislada sin que pudieran comprar o vender. 37Se organizaron para reconstruir la ciudad, porque el muro sobre el torrente de la parte oriental se había caído. Se restauró también el llamado Cafenatá. 38Simón reconstruyó Adidá, en la Sefelá, fortificándola y colocando puertas y cerrojos.

Jonatán, prisionero de Trifón

39Trifón intentó convertirse en rey de Asia, imponiéndose la corona y alzando su mano contra al rey Antíoco. 40Y como tenía miedo de que Jonatán se lo impidiera y combatiera contra él, buscaba el modo de capturarlo y eliminarlo. Así pues, se puso en marcha y llegó hasta Bet–San. 41Jonatán le salió al encuentro con cuarenta mil hombres selectos para el combate y se presentó en Bet–San. 42Trifón, al ver que había llegado con un ejército numeroso, tuvo miedo de alzar su mano contra Jonatán. 43Le recibió con multitud de honores, lo presentó a todos sus amigos, le ofreció regalos y ordenó a sus amigos y a sus tropas que le obedecieran como a él mismo. 44Dijo a Jonatán:

—¿Para qué has fatigado a todo este pueblo si no existe guerra alguna entre nosotros? 45Envíalos a sus casas ahora mismo. Elígete unos pocos hombres que te acompañen y ven conmigo a Tolemaida. Te entregaré la ciudad, las otras fortalezas, el resto del ejército y todos los que tienen cargos, y luego me iré de vuelta. Para eso estoy aquí.

46Jonatán se fió de él. Hizo lo que había dicho y ordenó a sus tropas que regresaran a tierra de Judá. 47Mantuvo consigo a tres mil hombres: de éstos dejó en Galilea a dos mil, y los otros mil le acompañaron. 48Pero en cuanto hubo entrado Jonatán en Tolemaida, los habitantes de la ciudad cerraron los portones, le apresaron y mataron a espada a todos los que habían entrado con él. 49A continuación Trifón envió sus tropas y la caballería hasta Galilea y a la Gran Llanura, para acabar con todos los hombres de Jonatán. 50Pero éstos se enteraron de que Jonatán había sido hecho prisionero y de que habían matado a los que le acompañaban. Entonces se dieron ánimos unos a otros y avanzaron en un bloque compacto, dispuestos a la lucha. 51Cuando los perseguidores les vieron tan decididos a entregar su vida, se dieron media vuelta. 52Y todos regresaron a salvo a tierra de Judá e hicieron duelo por Jonatán y por los que le acompañaban. Y se llenaron de un gran temor: todo Israel se sumió en un gran duelo.

53Y todos los pueblos vecinos se pusieron a buscar el modo de destruir a los judíos, porque decían:

54—No tienen jefe ni quien les preste ayuda. Luchemos contra ellos y borremos su memoria de entre los hombres.

V. ÉPOCA DE SIMÓN.
INDEPENDENCIA POLÍTICA DE JUDEA

Simón, elegido jefe por el pueblo

131 M1Simón supo que Trifón estaba reclutando un numeroso ejército para dirigirse a tierra de Judá y destruirla. 2Pero vio que el pueblo estaba tembloroso y acobardado. Así que regresó a Jerusalén, convocó al pueblo 3y los confortó diciéndoles:

—Saben bien cuánto hemos hecho mis hermanos, la casa de mi padre y yo mismo en favor de las leyes y del Santuario, así como las batallas y las dificultades que hemos soportado. 4Por este motivo han fallecido todos mis hermanos: por causa de Israel. No quedo más que yo. 5Pero lejos de mí preocuparme por mi vida cualquiera que sea el momento de aflicción, pues yo no soy mejor que mis hermanos. 6Al contrario, vengaré a mi pueblo, al Santuario, a sus mujeres e hijos, puesto que todos los gentiles, llevados del odio, se han reunido para destruirnos.

7Al escuchar estas palabras, el ánimo del pueblo se enardeció 8y respondieron con potente voz:

—¡Tú eres nuestro guía en lugar de Judas y de tu hermano Jonatán! 9¡Dirige nuestra guerra! ¡Haremos todo cuanto nos ordenes!

10Simón reunió a todos los guerreros, les hizo darse prisa para que terminaran las murallas de Jerusalén y la fortificó a su alrededor. 11Después envió a Jonatán, hijo de Absalón, con un fuerte ejército a Jope. Expulsó a sus ocupantes y se estableció allí.

Amenaza de Trifón. Muerte y entierro de Jonatán

12Trifón partió con un ejército muy numeroso desde Tolemaida hasta la tierra de Judá, llevándose consigo a Jonatán como prisionero. 13Simón acampó en Adidá, delante de la llanura. 14Cuando Trifón supo que Simón había sucedido a su hermano Jonatán y que se estaba preparando para presentarle batalla, le envió embajadores con esta propuesta:

15—Hemos detenido a tu hermano Jonatán a causa del dinero que debía al tesoro real por los cargos que ejercía. 16Envíanos ahora cien talentos de plata y a dos de sus hijos como rehenes para que no se vuelva contra nosotros tras ser puesto en libertad. Entonces lo dejaremos libre.

17Aunque Simón se dio cuenta de que le estaban engañando, ordenó que trajeran la plata y a los niños para no provocar la animadversión del pueblo, 18que podría decir: «Jonatán ha muerto porque no envió ni el dinero ni a los niños». 19Así que envió los cien talentos y a los niños. Sin embargo, Trifón no mantuvo su palabra y no puso en libertad a Jonatán, 20sino que a continuación entró en el territorio para asolarlo, dando un rodeo por el camino que conduce a Adorá. Pero Simón con sus tropas le siguió, oponiéndosele a él por todos los lugares por donde pasaba. 21Entonces los hombres de la Ciudadela enviaron mensajeros a Trifón urgiéndole a cruzar el desierto hasta donde estaban ellos y traerles víveres. 22Trifón se preparó a salir con toda su caballería, pero aquella noche cayó una enorme nevada, y a causa de la nieve no pudo ir. Así que se puso en marcha en dirección a Galaad. 23Cuando estuvo cerca de Bascamá, mató a Jonatán y lo enterró allí. 24Luego Trifón se dio la vuelta y se marchó a su país.

25Simón ordenó recoger los restos de su hermano Jonatán y le dio sepultura en Modín, la ciudad de sus padres. 26Todo Israel lloró por él con gran dolor. Hicieron duelo por él durante muchos días. 27Simón construyó sobre el sepulcro de su padre y de sus hermanos un monumento. Lo hizo alto, bien visible, de piedras labradas por delante y por detrás. 28Después colocó siete pirámides, una al lado de la otra, en honor de su padre, de su madre y de sus cuatro hermanos; 29las rodeó artísticamente de grandes columnas y sobre las columnas colocó sus armas para eterno renombre, y, junto a las armas, unos barcos esculpidos que pudieran ser vistos por todos los que navegan por el mar. 30Así es el mausoleo que erigió en Modín y que perdura hasta nuestros días.

Nueva amistad con Demetrio II. Conquista de Gazara y toma de la Ciudadela

31Trifón estuvo engañando al joven rey Antíoco hasta que le dio muerte. 32Reinó en su lugar, se impuso la corona de Asia y causó un gran daño al país.

33Simón reconstruyó las fortalezas de Judea, las rodeó de torres altas y de muros sólidos con portones y con cerrojos, y almacenó víveres en ellas. 34Después Simón eligió a algunos hombres y los envió al rey Demetrio a fin de conseguir una exención de impuestos para el territorio, porque Trifón no había hecho más que expoliarles con todas sus actuaciones. 35El rey Demetrio accedió a su petición y le respondió por escrito con la siguiente carta:

36«El rey Demetrio a Simón, sumo sacerdote y amigo del rey, a los ancianos y al pueblo judío: saludos. 37Hemos recibido la corona de oro y la palma que nos han enviado, y estamos dispuestos a acordar con ustedes una paz generosa y a escribir a nuestros oficiales para que les concedan la exención de impuestos. 38Que todo lo que hemos acordado con ustedes siga acordado, y que las fortalezas que han construido sean suyas. 39Les perdonamos los errores y las ofensas cometidos hasta hoy, incluso el impuesto de la corona que deben. Si se cobraba algún otro impuesto en Jerusalén, que a partir de ahora ya no se cobre. 40Y si algunos de los suyos son aptos para alistarse en nuestra defensa, que se alisten; y que haya paz entre nosotros».

41El año ciento setenta se le levantó a Israel el yugo de los gentiles. 42El pueblo comenzó a escribir en documentos públicos y en los contratos: «Año primero de Simón, gran sumo sacerdote, estratega y jefe de los judíos».

43En aquel tiempo Simón acampó junto a Gazara, la rodeó de tropas, construyó una plataforma de asalto, la acercó a la ciudad, atacó una torre y la conquistó. 44Los soldados de la plataforma de asalto saltaron dentro de la ciudad y se produjo en ella una gran confusión. 45Los habitantes, con los vestidos rasgados, subieron a las murallas con sus mujeres y niños, y se pusieron a gritar a grandes voces pidiendo que Simón les tendiera la mano derecha. 46Y dijeron:

—No nos trates según nuestra maldad sino conforme a tu misericordia.

47Simón llegó a un acuerdo con ellos y no les combatió más. Los expulsó de la ciudad, purificó las casas en las que estaban sus ídolos y entró en la ciudad con cantos y bendiciones. 48Eliminó de la ciudad toda impureza y estableció en ella hombres observantes de la Ley. Después la fortificó y se construyó allí un lugar de residencia.

49A los habitantes de la Ciudadela de Jerusalén se les impedía salir y entrar para comprar y vender por la región. Así pues, empezaron a pasar mucha necesidad y muchos de ellos murieron de hambre. 50Entonces levantaron sus súplicas a Simón para que les tendiera la mano derecha. Simón se la concedió, pero los expulsó de allí y purificó la Ciudadela de toda contaminación. 51El día veintitrés del mes segundo del año ciento setenta y uno, entraron en aquel lugar con alabanzas y con palmas, con cítaras, címbalos y arpas, con himnos y con cantos porque había sido aplastado un gran enemigo de Israel. 52Simón estableció que cada año se celebrase ese día con alegría. 53Reforzó las fortificaciones del monte del Templo que estaba al lado de la Ciudadela, y puso allí su residencia con los suyos. 54 (53)Al ver Simón que su hijo Juan era ya un hombre, le hizo jefe de todas sus tropas, y puso su residencia en Gazara.

Alabanzas a Simón

141 M1El año ciento setenta y dos, el rey Demetrio reunió sus tropas y salió para Media con el objeto de conseguirse refuerzos para luchar contra Trifón. 2Pero Arsaces, rey de Persia y de Media, cuando supo que Demetrio había entrado en sus fronteras, ordenó a uno de sus generales que lo apresara vivo. 3Éste fue y atacó al ejército de Demetrio. Lo apresó, lo llevó donde Arsaces y lo metió en prisión.

4La tierra de Judá gozó de tranquilidad durante todos los días de Simón:

buscó el bien para su pueblo,

y a éste le agradó su autoridad

y su gloria, durante todos los días.

5Con toda su gloria,

conquistó Jope como puerto

y abrió paso a las islas del mar.

6Amplió las fronteras de su pueblo

y se hizo con el dominio de la región.

7Reunió gran cantidad de cautivos

y se adueñó de Gazara, de Bet–Sur y de la Ciudadela,

y la limpió de toda maldad;

no hubo nadie que le resistiera.

8Cultivaban sus tierras en paz:

la tierra daba sus cosechas

y los árboles de la llanura, sus frutos.

9Los ancianos se sentaban en las plazas

y todos conversaban sobre cosas buenas;

los jóvenes se vestían de gala

y de uniformes militares.

10A las ciudades abasteció de víveres

y las dotó de medios de defensa;

incluso la fama de su gloria fue celebrada

hasta el confín de la tierra.

11Consiguió la paz en el país

e Israel se llenó de gran alegría.

12Cada cual se sentaba bajo su parra

y bajo su higuera.

Y no había quien les inquietara.

13No quedó en el país quien les combatiera:

en aquellos días los reyes fueron aplastados.

14Confortó a todos los humildes de su pueblo;

hizo observar la Ley,

y eliminó a todo inicuo y malvado.

15Dio esplendor al Templo

y enriqueció los utensilios del Santuario.

Renovación de los tratados con Roma y Esparta

16La noticia de la muerte de Jonatán llegó hasta Roma y Esparta, y se entristecieron mucho. 17Pero cuando supieron que su hermano Simón se había convertido en sumo sacerdote en lugar de él y que mantenía la autoridad en el país y en sus ciudades, 18le escribieron en tablas de bronce para renovar con él la amistad y el pacto que habían establecido con sus hermanos Judas y Jonatán. 19Fueron leídas en Jerusalén ante la asamblea. 20Ésta es la copia de la carta que enviaron los espartanos:

«Las autoridades y los ciudadanos espartanos al sumo sacerdote Simón, a los ancianos, a los sacerdotes y al resto del pueblo judío, sus hermanos: saludos. 21Los mensajeros enviados a nuestro pueblo nos han hablado de su gloria y honor, y nos hemos alegrado con su llegada. 22Hemos registrado sus declaraciones en los decretos del pueblo de esta manera: “Numenio, hijo de Antíoco, y Antípatro, hijo de Jasón, mensajeros de los judíos, han llegado hasta aquí para renovar la amistad con nosotros. 23Al pueblo le ha agradado recibir con honores a estos hombres y poner una copia de sus palabras en los registros públicos para que el pueblo espartano conserve su recuerdo. Han enviado copia de ello al sumo sacerdote Simón”».

24Después de esto, Simón envió a Roma a Numenio con un gran escudo de oro que pesaba mil minas, con la intención de establecer un pacto con ellos.

Inscripción en honor a Simón

25Cuando el pueblo se enteró de estas cosas, dijo:

—¿Cómo podremos devolver el favor a Simón y a sus hijos? 26Él, sus hermanos y la casa de su padre se han hecho fuertes y han rechazado con las armas a los enemigos de Israel, asegurando a éste la libertad.

Hicieron una inscripción en tablas de bronce y las colocaron sobre columnas en el monte Sión. 27Ésta es la copia de la inscripción:

«El dieciocho de Elul del año ciento setenta y dos, el tercero del gran sumo sacerdote Simón, en Asaramel, 28en la gran asamblea de los sacerdotes y del pueblo, de los jefes de la nación y de los ancianos de la región, se nos ha dado a conocer lo siguiente:

29»A menudo tuvieron lugar guerras en el país, y Simón, hijo de Matatías, sacerdote de los hijos de Joarib, y sus hermanos se expusieron al peligro e hicieron frente a los enemigos de su pueblo para que el Santuario y la Ley siguieran en pie. Han hecho brillar a su pueblo con gran gloria. 30Jonatán agrupó a su pueblo, se convirtió en su sumo sacerdote y fue a reunirse con los suyos. 31Luego, sus enemigos decidieron entrar en su territorio y alzaron la mano contra su Santuario. 32Entonces se levantó Simón para luchar por su pueblo y gastó gran parte de sus riquezas para armar a los hombres del ejército de su pueblo y pagarles el sueldo. 33Además, fortificó las ciudades de Judea y Bet–Sur, en la frontera de Judea, donde antes se habían almacenado las armas de los enemigos, y dejó allí una guarnición de soldados judíos. 34Fortificó también Jope, a orillas del mar, y Gazara, en la frontera de Azoto, donde antes habían estado viviendo los enemigos. Y estableció allí judíos con todo lo necesario para su sostenimiento. 35El pueblo vio la fe de Simón y la gloria que quería dar a su pueblo. Le constituyeron su jefe y sumo sacerdote por todas las cosas que él había hecho, y por la justicia y por la fidelidad que había mantenido con su pueblo. Él intentó por todos los medios ensalzar a su pueblo. 36Y durante sus días, logró expulsar de su territorio a los gentiles y a los que estaban en la ciudad de David: a los que estaban en Jerusalén que habían construido la Ciudadela desde la que solían salir y contaminar los alrededores del Santuario, causando un gran daño a su pureza. 37Estableció en ella gente judía, la fortificó en defensa del territorio y de la ciudad y levantó las murallas de Jerusalén.

38»Por todo esto, el rey Demetrio le confirmó en el sumo sacerdocio, 39le contó entre sus amigos y le honró con grandes honores. 40Porque se había enterado de que los romanos llamaban a los judíos amigos, aliados y hermanos, y de que habían recibido a los mensajeros de Simón con honores; 41supo que los judíos y los sacerdotes habían decidido que Simón fuera por siempre su guía y sumo sacerdote, hasta que surgiera un profeta fiel, 42y que se convirtiera en su estratega, estuviese al cuidado del Santuario y nombrara a quienes se encargaran de las obras, del territorio, de las armas y de las fortalezas, 43y, estando al cuidado del Santuario, fuera obedecido por todos, y se escribieran en su nombre todos los contratos del territorio; y que se vistiera de púrpura y se adornara con oro.

44»No será lícito que nadie del pueblo ni tampoco los sacerdotes invaliden ninguna de estas decisiones, contradigan sus órdenes, convoquen reuniones en el territorio sin su consentimiento, vistan de púrpura o hagan uso de la hebilla de oro. 45Todo el que actúe contra estas decisiones o invalide alguna de ellas, será tenido como culpable.

46»Al pueblo entero le agradó aprobar que Simón actuara conforme a todas esas prerrogativas. 47Simón aceptó de buen grado ejercer el sumo sacerdocio, ser estratega, etnarca de los judíos y de los sacerdotes, y ser el protector de todos».

48Dispusieron que esta inscripción se grabara en tablas de bronce y que éstas fueran colocadas en un lugar visible dentro del recinto del Santuario, 49y que pusieran una copia de ellas en el gazofilacio para que Simón y sus hijos la tuvieran.

Intento de Antíoco VII, sucesor de Demetrio II, de recuperar el trono

151 M1Antíoco, hijo del rey Demetrio, envió una carta desde las islas del mar a Simón, sacerdote y etnarca de los judíos, y a todo el pueblo. 2Su contenido era como sigue:

«El rey Antíoco a Simón, sumo sacerdote y etnarca, y al pueblo judío: saludos. 3Puesto que algunos hombres depravados se han apoderado del reino de nuestros padres, quiero reclamar el reino para restaurarlo como era antes. He reclutado un numeroso ejército de mercenarios y he equipado barcos de guerra. 4Mi deseo es desembarcar en la región para vengarme de los que han arruinado nuestro país y han asolado muchas ciudades de mi reino. 5Ahora corroboro todas las exenciones de impuestos que te han concedido los reyes que me han precedido y cuantas prerrogativas te otorgaron. 6Te autorizo a acuñar moneda propia de curso legal en tu territorio. 7Jerusalén y el Santuario permanecerán libres. Todas las armas que has preparado y las fortalezas que has construido —y ahora están bajo tu control— serán tuyas. 8De ahora en adelante, todas las deudas al tesoro real, presentes y futuras, te serán condonadas. 9Cuando tengamos el control de nuestro reino te honraremos a ti, a tu pueblo y al Templo con honores tan grandes que su gloria será conocida en toda la tierra».

10El año ciento setenta y cuatro, Antíoco partió hacia la tierra de sus padres y se le unieron todas las tropas, de suerte que con Trifón quedaron unos pocos. 11El rey Antíoco le persiguió y Trifón huyó y llegó hasta Dora, a orillas del mar, 12porque se daba cuenta de que se le acumulaban las desgracias y de que las tropas le abandonaban. 13Antíoco acampó frente a Dora con ciento veinte mil guerreros y ocho mil jinetes. 14Puso cerco a la ciudad mientras los barcos atacaban desde el mar. Estrechó el cerco contra la ciudad desde tierra y mar, y no permitió que nadie saliera o entrara.

Respuesta de Roma a la petición de Simón

15Numenio y sus compañeros llegaron de Roma con cartas para los reyes y para sus territorios, en las que había sido escrito lo siguiente:

16«Lucio, cónsul de los romanos, al rey Tolomeo: saludos. 17Los mensajeros de los judíos han llegado hasta nosotros como amigos y aliados para renovar la antigua amistad y alianza, enviados por Simón, sumo sacerdote, y por el pueblo judío. 18Han traído un escudo de oro de mil minas de peso. 19Nos ha parecido bien escribir a los reyes y a sus territorios para que no les hagan ningún daño, ni les declaren la guerra, ni a ellos, ni a sus ciudades ni a su territorio, y que no presten ayuda a sus enemigos. 20Nos ha parecido oportuno aceptarles su escudo. 21Por tanto, si algunos hombres depravados que huyeron de su país se han refugiado junto a ustedes, entréguesenlos al sumo sacerdote Simón para que los juzgue según sus leyes».

22Escribió lo mismo al rey Demetrio, a Atalo, a Ariarates, a Arsaces, 23y a todos los territorios: a Sámpsamo, a Esparta, a Delos, a Mindos, a Sición, a Caria, a Samos, a Panfilia, a Licia, a Halicarnaso, a Rodas, a Fasélida, a Cos, a Side, a Arados, a Gortina, a Cnido, a Chipre y a Cirene.

24Hicieron copia de estas cartas para el sumo sacerdote Simón.

Enemistad de Antíoco VII y ataque de Judea

25El rey Antíoco llevaba el segundo día de ataque frente a Dora, lanzando continuamente a sus tropas contra ella y construyendo máquinas de asalto. Puso cerco a Trifón para que no pudiera salir ni entrar. 26Simón le envió dos mil hombres elegidos para combatir a su lado, así como plata, oro y abundantes armas. 27Pero Antíoco no quiso aceptarlo, quebrantó todo lo que había acordado antes con Simón y se enemistó con él. 28Le envió a Atenobio, uno de sus amigos, para entrevistarse con él y decirle:

—Ustedes tienen el dominio de Jope, de Gazara y de la Ciudadela de Jerusalén, ciudades de mi reino. 29Han asolado sus tierras, han causado un gran daño en el país y se han adueñado de muchos lugares en mi reino. 30Entreguen ahora las ciudades que han ocupado y los tributos de los lugares de los que se han apoderado fuera de las fronteras de Judea. 31O si no, denme por ellos quinientos talentos de plata, y otros quinientos talentos por los daños causados y por los impuestos de las ciudades; de lo contrario, iremos a luchar contra ustedes.

32Atenobio, el amigo del rey, llegó a Jerusalén. Cuando observó la gloria de Simón, la mesa con la vajilla de oro y plata, y la enorme ostentación, quedó asombrado. Y le transmitió las órdenes del rey. 33Pero Simón le respondió:

—No hemos ocupado ninguna tierra extranjera ni nos hemos apropiado de bienes ajenos, sino sólo de la heredad de nuestros padres que en cierta ocasión fue tomada por nuestros enemigos sin ningún derecho. 34Así que al tener la oportunidad nosotros hemos recuperado la heredad de nuestros padres. 35Respecto a la reclamación que haces de Jope y Gazara: estas ciudades causaban graves daños al pueblo y a nuestro territorio; te daremos por ellas cien talentos.

36Atenobio no respondió nada, sino que regresó airado junto al rey y le refirió las palabras de Simón, su notoriedad y todo lo que había visto. El rey se encolerizó sobremanera.

37Trifón se embarcó en una nave y huyó a Ortosía. 38Entonces el rey nombró a Cendebeo gobernador general mayor de la zona del litoral, confiándole tropas de infantería y de caballería. 39Le ordenó que acampara frente a Judea y le ordenó que reconstruyera Cedrón, reforzando los portones, y que comenzara la guerra contra el pueblo. Mientras, el rey inició la persecución contra Trifón. 40Cuando Cendebeo llegó a Yamnia comenzó a hostigar al pueblo, a hacer incursiones por Judea, a llevarse prisioneros y a matar. 41Reconstruyó Cedrón y alojó allí a la caballería y a las tropas de modo que pudieran salir a recorrer los caminos de Judea, tal como había ordenado el rey.

Victoria de Juan Hircano, hijo de Simón

161 M1Juan subió desde Gazara y refirió a su padre Simón lo que había hecho Cendebeo. 2Entonces Simón llamó a sus dos hijos mayores, Judas y Juan, y les dijo:

—La casa de mi padre, mis hermanos y yo hemos combatido en las batallas de Israel desde la juventud hasta el día de hoy, y muchas veces el éxito estuvo en nuestras manos. 3Yo ya soy anciano, pero ustedes, por su misericordia, son ya mayores de edad. Ocupen mi lugar y el de mi hermano y marchen a combatir en defensa de nuestro pueblo. Que la ayuda del cielo esté con ustedes.

4Juan eligió en la región veinte mil guerreros y jinetes. Partieron contra Cendebeo e hicieron noche en Modín. 5Por la mañana, cuando se levantaron, continuaron por la llanura y de pronto vieron venir a su encuentro un numeroso ejército con infantería y caballería. Les separaba un torrente. 6Entonces, Juan y su gente tomaron posiciones frente a ellos; pero al ver que el pueblo tenía miedo de atravesar el torrente, él pasó primero. Sus hombres lo vieron y pasaron tras él. 7A continuación dividió a su gente y puso la caballería en medio de los hombres de a pie, porque la caballería de los enemigos era muy numerosa. 8Hicieron sonar las trompetas y Cendebeo y su ejército tuvieron que huir. Muchos de ellos cayeron heridos de muerte y los demás huyeron a las fortalezas. 9En esta ocasión Judas, el hermano de Juan, cayó herido. Sin embargo, Juan los persiguió hasta que Cendebeo entró en Cedrón, la ciudad que él había reconstruido. 10También huyeron a las torres de los campos de Azoto, pero Juan las incendió. Cayeron cerca de dos mil enemigos. Juan se volvió a Judea con paz.

Traición de Tolomeo y muerte de Simón y dos de sus hijos

11Tolomeo, hijo de Abubos, había sido nombrado estratega para la llanura de Jericó y poseía abundante plata y oro, 12porque era yerno del sumo sacerdote. 13Su corazón se enorgulleció y pensó hacerse con el control del país, tramando planes a traición contra Simón y sus hijos con la intención de eliminarlos. 14Simón, que se encontraba de inspección por las ciudades de la región interesándose por sus necesidades, el año ciento setenta y siete, en el mes undécimo, o sea el mes de Sebat, bajó a Jericó con sus hijos Matatías y Judas. 15El hijo de Abubos les recibió con engaño en la fortaleza llamada Doc, que él mismo había construido, y les preparó un gran banquete, donde había escondido algunos hombres. 16Cuando Simón y sus hijos estaban embriagados, Tolomeo y sus hombres se levantaron, empuñaron las armas, se abalanzaron contra Simón en la sala misma del banquete, y le mataron junto con sus hijos y algunos de sus siervos. 17De esta manera cometió una gran traición, pues devolvió mal por bien.

Comienzo del reinado de Juan Hircano

18Tolomeo puso por escrito estas cosas y se lo mandó al rey para que le enviara un ejército en su ayuda con el fin de entregarle la región y sus ciudades. 19También envió a otros hombres a Gazara para eliminar a Juan, y escribió a sus comandantes para que vinieran donde él para entregarles plata, oro y regalos. 20Envió a otros a ocupar Jerusalén y el monte del Templo. 21Pero alguien se adelantó y anunció a Juan en Gazara que su padre y sus hermanos habían muerto. Y añadió:

—Ha enviado hombres para matarte a ti también

22Al oírlo, Juan se quedó muy consternado. Hizo prisioneros a los hombres que habían venido a matarle y les dio muerte, porque se había enterado de que querían matarle.

23Las restantes acciones de Juan, sus guerras y las hazañas por él realizadas, la reconstrucción de las murallas llevada a cabo por él y sus actuaciones, 24todo eso ha sido escrito en el libro de los anales de su sumo sacerdocio, desde el día que llegó a ser sumo sacerdote después de su padre.